Crédito: Agencia Uno
Con motivación, el poder de ahorrar puede ser fácil y rápido

Honra, poder y dinero

Acabo de conversar con la filósofa española Adela Cortina acerca de “Ética sin vergüenza”, así, en tres palabras, no en dos, como sería el caso si pusiéramos "Ética sinvergüenza". Este segundo título sería un oxímoron, una contradicción, puesto que la ética pregunta por el bien y por lo que deberíamos hacer para realizarlo, de manera que una ética sinvergüenza sería una mala ética, un ética reprobable, una ética mala clase, o sea, todo lo contrario de lo que ella es.

"Si la finalidad de los emprendimientos económicos es maximizar los beneficios propios y si la de la política es ganar, ejercer, conservar e incrementar el poder sobre los demás, ¿cuánta ética podemos esperar de quienes se dedican a una y otra actividad?"

Nuestra conversación tuvo lugar en la reciente versión de Puerto de Ideas, en Valparaíso, un domingo algo nublado, cubierto por lo que aquí nos gusta llamar vaguada costera y a la que cuando niño dábamos un nombre más bello: neblina. Nublado, se me ocurrió decir a nuestra invitada al inicio de la conversación, porque si existe hoy un auge de la ética –todos estamos hablando de ella-, ese realce verbal parece ir de la mano con una caída de la vergüenza, esto es, con esa cada vez menor importancia que los infractores parecen dar a sus malas prácticas y al daño que estas producen en su honra. Caída de la vergüenza, como es también patente, cuando el que incurre en malas prácticas pertenece a nuestro medio social o a nuestro sector político, porque entonces corremos a bajar el perfil a sus faltas y a recordar a todo el mundo que se trata de una excelente persona, de un buen padre de familia, de un tipo con gran vocación de servicio público, por mucho que esta vocación se le hubiera olvidado al momento de incurrir en uno o más comportamientos reprobables. Pero ¡ay! de que el infractor pertenezca a un medio social o político diferente, porque entonces lo que se pide para él es todo el rigor de la ley y ojalá su inmediato linchamiento mediático.

Nuestra filósofa invitada ha estado varias veces en Chile, y también en Valparaíso. De alguna manera es ya una de los nuestros. Su segundo viaje a Chile fue en 2004, con motivo de las Conferencias Presidenciales de Humanidades que tuvieron lugar en La Moneda, y en las que participaron, entre otros, José Sarango, Carlos Fuentes, Mario Vargas Llosa, Manuel Castels, Alain Touraine, Claudio Magris. En esa ocasión, Adela Cortina destacó la importancia de las organizaciones de la sociedad civil y se preguntó acerca de quiénes tenían mayor responsabilidad en que el mundo alcanzara altura humana. Los gobernantes, desde luego, pero también esas organizaciones, y, desde luego, cada individuo en particular, puesto que si queremos que el planeta alcance progresivamente una mayor altura humana habría que partir por tratar de lograr esa misma altura en el caso de cada persona singularmente considerada.

"¡Ay! de que el infractor pertenezca a un medio social o político diferente, porque entonces lo que se pide para él es todo el rigor de la ley y ojalá su inmediato linchamiento mediático"

Auge de la ética, hoy, y sobre todo de las éticas aplicadas a determinados campos de trabajo, como ocurre, por ejemplo, con la ética médica, periodística, judicial, deportiva, incluyendo también la ética política y la de carácter empresarial, por mucho que estas dos últimas nos hagan sonreír con un rictus de ironía o de amargura, puesto que en ambas actividades las cosas suelen ir bastante mal desde el punto de vista ético y sin que los infractores muestren siquiera ese mínimo rubor que colorea nuestras mejillas cuando somos sorprendidos en falta. Si la finalidad de los emprendimientos económicos es maximizar los beneficios propios y si la de la política es ganar, ejercer, conservar e incrementar el poder sobre los demás, ¿cuánta ética podemos esperar de quienes se dedican a una y otra actividad?

"No podemos esperar nada. La ética política y la ética empresarial son solo cortinas de humo"

Es muy habitual que incurramos en una respuesta cínica a dicha pregunta: nada. No podemos esperar nada. La ética política y la ética empresarial son solo cortinas de humo con las que se pretende cubrir dos escenarios en que todos siguen dándose puñaladas detrás de bambalinas. Dándose y dándonoslas. Dándoselas entre empresarios y entre políticos, y dándonoslas a los ciudadanos, a los usuarios, a los consumidores.

Entonces, no hay otro camino que aumentar las regulaciones, los controles, las sanciones. Nos portamos  mucho mejor cuando sabemos que nos están mirando y hay que ser muy cándido, o acaso cómplice con los infractores, para creer que basta con la autorregulación de los actores políticos y económicos. Nos controlamos, sí, cada cual a sí mismo, pero ese control no basta, nunca ha bastado, sobre todo en tiempos como los actuales en que la vergüenza o sentido de la propia honra parece haberse transformado en un valor de mucho menos significado que el poder y que el dinero.


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