Más mediocre que sucia

Más mediocre que sucia

Atendido el estado de la política tanto en Chile como en el resto del mundo, lo que se esperaba de nuestra ya desatada campaña presidencial era que sería muy sucia, tanto, por ejemplo, como fueron las primarias y posterior elección presidencial que llevó a Donald Trump al poder en los Estados Unidos. Todavía recuerdo cómo muchos ingenuos aseguraban que no había que temer a Trump, que una cosa eran sus discursos como candidato y que otra serían sus decisiones como Presidente, pero ya ven ustedes cómo el hombre ha resultado perfectamente consecuente. Alguien que habla como desequilibrado lo más probable es que se comporte como tal.

"Campaña sucia esperábamos en Chile, pero lo que estamos viendo es una campaña pobre; más aún, mediocre"

Campaña sucia esperábamos en Chile, pero lo que estamos viendo es una campaña pobre; más aún, mediocre. Mucho más mediocre que sucia. Incluso en los momentos en que se pone sucia lo hace con altisonante mediocridad.

El discurso de la derecha no pasa de afirmar una y otra vez que ella lo hace mejor cuando gobierna, especialmente en cuanto al manejo de la economía, aunque omite decir que la caída en la actividad económica del país comenzó en el gobierno de Piñera, si bien no por responsabilidad suya, sino por el desfavorable ciclo económico mundial, el mismo que la derecha gobernante reconoció en ese momento y que ha negado luego durante casi 4 años, culpando de la caída de la inversión y del crecimiento a la desconfianza e incertidumbre que provocaron las reformas del gobierno actual. Descontado que un empresario -y me refiero a empresarios de verdad y no a simples especuladores financieros- que se queje de la incertidumbre resulta tan absurdo como si un futbolista lo hiciera porque en el campo de juego hay mucho roce con los jugadores del equipo contrario, lo cierto es que los voceros de la derecha oficial omiten referirse a los factores externos que vienen complicando a la economía desde hace sus buenos 10 o más años, y esto a nivel planetario. 

La derecha, que critica la calidad de las reformas del gobierno actual, en realidad nunca las quiso, ni siquiera si se hubieran hecho bien. Si la derecha hubiera querido reformas tributaria, laboral y educacional bien hechas, ¿por qué no las hizo durante los 4 años del Presidente Piñera? Si ella hubiera querido el término del sistema binominal y el voto de los chilenos en el extranjero, ¿por qué nunca tomó la iniciativa en tal sentido? Si estuviera de acuerdo con llevar adelante un buen proceso constituyente, ¿por qué no lo impulsó en su momento? La manera más hipócrita de esconder el rechazo a una reforma es decir que no estás contra ella sino contra la manera en que la están haciendo tus adversarios políticos. Quizás si el único discurso presidencial de la derecha que se sustrae a la mediocridad y al oportunismo sea el de Felipe Kast, aunque ya sabemos que él está participando en esta pasada con la vista puesta en la campaña de 4 años más.

En cuanto al discurso de la Democracia Cristiana, resulta atractivo en labios de Carolina Goic, mas no en el de aquellos históricos de su partido que hace ya rato coquetean abiertamente con la derecha y parecen venir a descubrir recién ahora, cuatro años más tarde, que antes de votar por Bachelet hicieron una alianza con el Partido Comunista. Peor fue aquella declaración acerca de que no se enteraron bien en su momento de cuál era el programa de la candidata presidencial de la Nueva Mayoría, una declaración con la que dejaron al descubierto que su principal motivo para apoyarla fue ganar con ella y tener de ese modo acceso a puestos públicos por parte de sus militantes, los mismos puestos que podrían seguir consiguiendo si sus militantes históricos continuando poniendo ojitos a Piñera.

El discurso de la candidatura de Guillier, sin gusto a nada, sin contenido, apoyado por dos partidos hace ya tiempo en proceso de disolución -el PPD y el PRSD-, otro claramente momificado -el PC-, y un cuarto que alguna vez profesó ciertos ideales -el PS-, apela casi únicamente al eslogan de que hay que ganarle a la derecha, con lo cual se asemeja mucho al discurso de esta última, que lejos de ser partidaria de Piñera parece movida únicamente por el propósito de sacar del poder a la actual coalición de centro izquierda. Sacarla a como dé lugar, incluso con una figura que no admira y a la que ni siquiera respeta.

En cuanto a lo que se escucha proveniente del Frente Amplio, interesante y todo, es por el momento una entusiasta cacofonía, una especie de asamblea donde varios de los presentes hablan a la vez, aunque con muy escasa concordancia unos con otros. Ellos afirman que están en fase de construcción, pero si vas a construir algo tienes que decidir, de entrada, si lo vas a hacer con piedras, con ladrillos, con madera, y calcular también si tienes esos materiales a mano y cuánto te van a costar. Del mismo modo, el Frente Amplio hace bien en reivindicar la ética en la política, aunque hace muy mal al creer que solo ellos tienen la primera.


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