Crédito: BBC Mundo
¿Cuándo comienza la vejez? Hay un factor cultural en el cálculo.

Pasar agosto

Siempre eludo la celebración de los que pasaron agosto. No tengo muy claro por qué, pero me produce un poco de vergüenza ajena. Mira tú que llegar  el 1 o el 2 de septiembre al  bar o restaurante que frecuentas y encontrarte con un grupo de senescentes  que lo que festejan es haber sobrevivido al último mes del invierno.  Se dirá que se trata solo de un pretexto para juntarse, beber, comer algo, divertirse, pero no conoces a buena parte de los que están allí y ni siquiera sabías de su existencia antes de verlos celebrando que todavía la conserven. Van también muchos jóvenes –digamos menores de 50- que, salvo que lleven muy mala vida, nada tienen que hacer allí.

Estoy acostumbrado a que me inviten de dos o tres partes y siempre digo que sí, aunque finalmente  no aparezco. Este año me invitaron de una sola y tanto el lugar como la concurrencia se veían muy atractivos. Respondí afirmativamente y estuve a punto de partir el día del encuentro, pero finalmente resistí. Hay que ser fiel a las propias rutinas, y así como las hay de signo positivo -llegar al café  los lunes por la mañana y ocupar la misma mesa de siempre para repasar con el mozo el rendimiento de tu equipo el último fin de semana-, también hay rutinas negativas: aquellas que consisten en no hacer obstinadamente algo; por ejemplo, en mi caso, no ir  a la ópera ni sumarme a la celebración de los que pasaron agosto.

"La vejez es cosa seria, salvo para la industria del coaching y la autoayuda que tratan de convencernos que hemos llegado a la mejor edad de la vida. Pamplinas. La vejez es pérdida, y a veces pura pérdida. Pero hay que manejarse con ella lo mejor posible y no ceder a su constante invitación a creer que todo está ya en el pasado"

Sí, convengo en que lo de la ópera puede sonar  arbitrario, aunque lo mismo me pasa con el ballet clásico. No con el moderno, desde luego. Contra la ópera me bautizó un viejo profesor con esta frase letal: “Nadie muere cantando”.

“Pasar agosto” es una creación chilena y eso probablemente bastaría para sumarse a la celebración, porque no somos un pueblo particularmente creativo. El historiador Cristián Gazmuri dice que viene de la Colonia, época en la que se pasaba mucho frío y la gente moría de bronconeumonía. Con todo, la celebración  de pasar agosto parece ser algo nuevo, recién del siglo XX, y en algunos lugares está completamente institucionalizada. Por ejemplo, en Chillán: allí los viejos se reúnen todos los 1 de septiembre en la plaza de la ciudad y esperan el saludo de las campanadas de la catedral y las sirenas de los bomberos. Entonces se funden todos en un multitudinario abrazo.

No es raro que una costumbre local como esa haya nacido en Chillán. Allí nacieron también Claudio Arrau, Neruda y los  hermanos  Parra, incluida la Violeta. Con motivo del centenario del nacimiento de la gran artista, ¿no les ha tocado escuchar en lo que va corrido de año algunas de sus canciones? A mí sí. Entre Viña del Mar y Valparaíso uso solo autobuses y taxis colectivos que llevan siempre la radio encendida, a veces demasiado alta, pero qué le vamos a hacer. Y con cierta frecuencia tocan canciones de la Violeta. Yo me fijo especialmente en las letras y vuelvo a maravillarme. “Se va enredando, enredandó, como en el muro la hiedra, y va brotando, brotandó, como el musguito en la piedra…”.

La vejez es cosa seria, salvo para la industria del coaching y la autoayuda que tratan de convencernos que hemos llegado a la mejor edad de la vida. Pamplinas. La vejez es pérdida, y a veces pura pérdida. Pero hay que  manejarse con ella lo mejor posible y no ceder a su constante invitación a creer que todo está ya en el pasado. La vejez es como el dolor: no se trata de un bien (al revés de nuevo de lo que afirman los textos de autoayuda que dicen que el dolor nos hace crecer, como si fuéramos vegetales y el dolor salitre), pero hay que dar con alguna manera de desenvolverse con ambos, de modo que nos no priven de la alegría de estar vivos.

Porque a eso se reduce todo: a estar vivos. Estar vivos debería bastarnos para ser felices y no pedir mucho más, salvo buena salud, tres comidas al día, techo, y sábanas limpias.

“¡Qué más droga que estar vivos!”, exclama Raúl Zurita.

 Entonces, es buena cosa pasar agosto, así vaya o no a algunas de las celebraciones que tienen lugar con ese motivo.


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