Un techo y una camisa

Un techo y una camisa

En  el documento de Síntesis de Resultados Cuantitativos de la Etapa Participativa del  Proceso Constituyente Abierto a la Ciudadanía –el título más extenso con el que me he topado en mucho tiempo- se presentan  números interesantes, entre otras cosas acerca de los valores y principios más mencionados por quienes participaron en esa fase del proceso, ya sea en forma individual o en encuentros locales y cabildos provinciales y regionales.

Llaman allí la atención varias cosas, de partida  que los valores más mencionados sean democracia e igualdad.

En cuanto a la primera –a la forma de gobierno que conocemos con ese nombre-, resulta confortable constatar que la preferencia por ella no haya sido perjudicada, o al menos no todavía, por las abundantes pilatunadas (desprolijidades las llaman ellos) en que han incurrido, de lado y lado, conspicuos y no tan conspicuos integrantes del mundo político, que es como prefiero llamar a lo que otros denominan “clase política”, puesto que –convengamos- de clase poco y menos de elegancia. Cuando cae  la calidad de la política, aquí  o en cualquier parte, se perjudica también la calidad de la democracia y la percepción que de esta tienen los ciudadanos. Jugar con fuego con la política es hacerlo también con la democracia. Pero al parecer estamos a salvo, aunque quien sabe por cuánto tiempo, sobre todo si nuestros políticos siguen declarando a  los cuatro vientos que hay que mejorar la calidad de la política como si esto no dependiera de ellos mismos sino de los ciudadanos que escuchan tan reiterada declaración. 

"En el documento de Síntesis de Resultados Cuantitativos de la Etapa Participativa del Proceso Constituyente Abierto a la Ciudadanía se presentan números interesantes (...) Llaman allí la atención varias cosas, de partida que los valores más mencionados sean democracia e igualdad."

Asumo también que todos entendemos más o menos lo mismo con la palabra “democracia”, salvo aquellos que en Chile pudieron creer que una “democracia protegida” era efectivamente democracia o los que, en el otro polo del espectro político, consideran hasta hoy que lo que hay en Cuba no es una dictadura, sino auténtica democracia, “democracia popular”,  según dicen, o sea, democracia sin más partidos que uno solo, sin prensa libre y sin acceso igualmente libre al aeropuerto de La Habana.

En cuanto a la igualdad, se trata de una palabra más difícil. Difícil y también algo intimidante, puesto que  muchos la oponen  no a desigualdad, sino a diversidad, un error en el que parecen no haber incurrido los participantes en el proceso constituyente, puesto que nadie podría querer  mayor  igualdad al precio de acabar con la diversidad.

La igualdad es una conquista. No siempre hubo igualdad de consideración y respeto en el trato con todas las personas. No siempre hubo igualdad en la titularidad de los derechos fundamentales. No siempre, tampoco, en la capacidad para adquirir y ejercer otros derechos ni en la extensión y valor del voto. No siempre hubo igualdad ante la ley y tampoco, hasta hoy, suficiente igualdad de derechos entre hombres y mujeres. De manera que cuando algunos  desprecian  hoy el valor de la igualdad, considerándola una tiranía, desconocen el valor de la igualdad en cada una de las direcciones recién señaladas.

Más complicada es la igualdad en las condiciones materiales de existencia de las personas, un  ideal  indeseable si se lo presenta como igualdad de todos en todo y muy deseable cuando se lo hace como  igualdad de todos en algo. En algo que consiste en el acceso a bienes básicos de salud, educación y vivienda, también mencionados en la síntesis-, y sin los cuales los individuos y sus familias no pueden llevar una existencia digna ni proponerse libremente los planes de vida que quieran realizar.

"En cuanto a la igualdad, se trata de una palabra más difícil. Difícil y también algo intimidante, puesto que muchos la oponen no a desigualdad, sino a diversidad"

Una igualdad básica en las condiciones de existencia –básica, no absoluta- es valiosa no solo desde el punto de vista de ese valor, la igualdad. Lo es también desde el punto de vista de una titularidad y ejerció efectivo de la libertad, puesto que ¿qué libertad real de pensamiento, circulación, expresión, reunión, asociación y emprendimiento pueden tener personas que viven en prolongada situación de pobreza o de indigencia?

Fue un cura francés, el Abe Pierre, no un peligroso izquierdista, quien dijo que al hombre, antes de hablarle de su alma y de su libertad, había que proveerlo de un techo y de una camisa.

Y la verdad es que se quedó corto: se trata de mucho más que  un techo y una camisa.

 


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