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Nuevo modelo IV: impuestos para todos

Nuevo modelo IV: impuestos para todos

Nada más impopular que cobrar impuestos. Desde los tiempos de San Mateo que el recaudador de impuestos no ha sido quien más amigos tiene en el barrio. Pero no por ello la política tributaria es algo que podamos evadir. Hay que definir bien cómo y cuándo cobrar y lo que se le puede (y no) pedir a los impuestos.

La actual política tributaria en Chile debe ser mejorada. Esto no tiene que ver con la cantidad de impuestos que se cobran, sino en cómo, a quién y para qué se cobran. En el mundo ideal deberíamos intentar tener una política tributaria neutra (que no discrimine sobre la fuente de la renta), simple y sobre la cual la ciudadanía sienta propiedad y pueda pedir una buena rendición de cuentas.

Partamos por lo último. Existe un error muy generalizado en pensar que se le puede pedir siempre más al Estado, total “alguien” va a terminar pagando por ello y ese alguien no seré yo (serán los poderosos de siempre o mi vecino, pero yo no). De lo que no nos damos cuenta es de dos cosas. Primero; las cuentas fiscales son como una balanza, cuando se pide que se gaste más, hay que también modificar la ecuación por el lado de los ingresos. Esto es lo responsable. De no hacerlo, ese incremento del gasto dura por un tiempo -sino miremos a nuestros vecinos- y después se termina pagando de otra manera. Esto es algo que todos sabemos para nuestras finanzas personales, pero que a veces olvidamos cuando pensamos en el Estado: nada es gratis, de alguna parte hay que sacar la plata.

Lo segundo es que esos recursos siempre los termina pagando uno. Todos pagamos impuestos, aunque no nos demos cuenta, e incluso una persona que no lo hiciera y sólo recibiera subsidios del Estado, en algún momento del tiempo su requerimiento extra al Fisco será solventando con el recorte de un beneficio actual. Esto porque el rol del Estado no es de productor de recursos, sino de proveedor de servicios siempre financiados por las familias y empresas.

Por lo mismo, es necesario que la política tributaria sea transparente, que todos nos demos cuenta que pagamos y financiamos todo lo que hace el Estado. De esta manera se generan dos efectos; primero nos hacemos como ciudadanos más responsables de las solicitudes que le hacemos al Fisco, ya no será tan fácil simplemente pedir y pedir para que “haga” algo, me regale algo o construya algo. Si todos somos conscientes de que el Estado no es más que un mandatario que ejecuta sobre nuestros recursos, seremos también más prudentes a la hora de pasarle una lista de petitorios.

Adicionalmente, dado que son nuestros recursos seremos mucho más exigentes a la hora de pedirle una rendición de cuentas al Estado sobre cómo los está gastando. Ya no será la plata de otros la que se malgasta, subejecuta, financia favores políticos o simplemente se desfalca. Será mi plata, mis impuestos.

La política tributaria también debe ser neutra, no puede discriminar entre rentas independiente de si son fruto del trabajo o del capital, de un chileno o de un extranjero. No es el rol de la política tributaria incentivar una cosa sobre la otra, sino simplemente recaudar de la forma más eficiente (con menor cantidad de distorsiones) y barata para el Estado. Esto no impide que existan otros impuestos sobre “males” puntuales, como el tabaco o la contaminación. Finalmente, los impuestos no están para ejercer el rol de distribuir los ingresos. Todos debiéramos pagar impuestos por lo expuesto anteriormente, en la medida de nuestras posibilidades. Posteriormente el Estado a través del gasto debe redistribuir, con lo cual la carga tributaria corregida por transferencias del Fisco debe ser progresiva y efectivamente, ser mayor según nivel de ingresos. Pero la herramienta es el gasto, no los impuestos por más votos que se gana al decir que “los ricos pagarán la cuenta”.

Nada de esto es muy popular, pero no por ello deja de ser válido. La gran tarea del mundo político hoy es ser honesto, riguroso, decir las cosas como son y no como nos gustaría que fueran. Es la única forma de hacer política en serio, y también lo que se pide a gritos por la ciudadanía.


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