La espulgada telúrica
Opinión
Juan Manuel Vial Juan Manuel Vial
Periodista

La espulgada telúrica

Pienso que más que arrimarse con ínfulas de galán a la Democracia Cristiana o a un hipotético votante indeciso, Sebastián Piñera debiese aprender algunas de las lecciones que dejó el triunfo del Frente Amplio y aplicarlas en su campaña cuanto antes. Todos sabemos, por lo demás, que parte del ADN de Piñera es democratacristiano, razón por la que el militante astuto de la DC podrá, llegado el momento, olisquear en él a un cofrade. Lo que ahora importa es articular una estrategia corta que considere maniobras osadas, como aquellas que, precisamente, convirtieron al Frente Amplio contra todo pronóstico en el gran triunfador de las elecciones pasadas.

Al contar con el apoyo que generosamente le endilgó José Antonio Kast al poco rato de cerrarse las urnas (a diferencia del gran taimado de esta comedia, Manuel José Ossandón), Piñera tiene ante sí una oportunidad histórica: sacudirse del lastre que para él ha implicado la sumisión forzosa a la UDI. Tal vez ésa sea la verdadera victoria electoral del candidato de derecha en la primera vuelta, no la magra votación personal que, aun así, lo mantiene en carrera hasta el 17 de diciembre.

"Piñera tiene ante sí una oportunidad histórica: sacudirse del lastre que para él ha implicado la sumisión forzosa a la UDI."

Me explico: por primera vez en casi diez años, y gracias a los buenos resultados parlamentarios que supieron granjearse los candidatos de Renovación Nacional y Evópoli, Piñera no necesita doblegarse ante las posturas extremas de la UDI, ni ante los chantajes de último minuto, ni ante el cuoteo precalentado. Sólo bajo estas condiciones se podría configurar el tan mentado giro hacia el centro político. De hecho, es ahí en donde se ubica el centro, entre los simpatizantes de derecha, puesto que el otro centro, aquél del que todos hablan, sencillamente no existe. Los comicios recién pasados y la cuasi desaparición de la Democracia Cristiana así lo demuestran. ¿Cómo no sacar provecho, entonces, de algo tan evidente?

Por supuesto que el comando de Piñera ya no cuenta con el tiempo requerido para promover grandes cabildeos ni para convocar a que miles de personas expresen su opinión en pos de un programa de gobierno común, que aúne voluntades. Éstas, no está de más recordarlo, fueron dos de las fórmulas que explicaron el éxito electoral del Frente Amplio. Pero todavía es posible orquestar alternativas de undécima hora, alternativas que provienen, cómo no, de las nociones de frescura y renovación que el Frente Amplio viene desarrollando con suma efectividad desde hace bastante tiempo.

La primera de ellas, creo, es deshacerse de los viejos estandartes y poner a rostros nuevos, limpios, a cargo del comando piñerista. Fuera con la familia, fuera con los propagandistas zalameros que andan tras un ministerio o una embajada, fuera con los ojerosos y los legañosos, fuera con los libremercadistas a ultranza (si llega a convertirse en presidente, Piñera deberá entender que las enseñanzas de Chicago son una antigualla, incluso en Estados Unidos), fuera con los vende pócimas de la Academia, fuera con los eternos prepotentes de la UDI. No olvidemos, sin ir más lejos, que fueron esos mismos personajes emblemáticos de la UDI los que mayor daño le infligieron a Piñera durante su gobierno. El gremialismo aportó con dos Judas al gabinete, un ministro (Longueira) y un subsecretario (Wagner). Ambos están hoy en día procesados por cohecho.

"La opción de Piñera es histórica. Se ha dicho aquí, y también en otros lados: convénzanos, candidato, de que no va seguir rodeándose de esa derecha chilena que tantos puñales le ha clavado en la espalda."

Piñera menciona con insistencia eso de mirar al futuro. La monserga es comprensible dentro de la precariedad del discurso electoral, pero el futuro, hablando ahora con rigor, no se construye con los estafermos del pasado. El sacudón debe ser grande, pienso en una espulgada telúrica, pues no basta con confiarse en la certeza feble pero real de que habrá gente de izquierda, incluida la del Frente Amplio, que no votará por Guillier. La opción de Piñera es histórica. Se ha dicho aquí, y también en otros lados: convénzanos, candidato, de que no va seguir rodeándose de esa derecha chilena que tantos puñales le ha clavado en la espalda. Y hágalo rapidito. Sólo así, el centro, ese centro que le es afín, se levantará en su nombre.