Crédito: Agencia UNO
Una realidad contradictoria
Opinión

Una realidad contradictoria

Hace un par de columnas Carlos Peña expresó lo que considera las razones de “la caída” en las encuestas de Beatriz Sánchez. Hablando de la clase media (las clases bajas definitivamente ni se mencionan), decía que lo que el Frente Amplio considera como la negativa historia de estas décadas, es más bien el lapso en que los actuales sectores medios inscribieron orgullosamente el ascenso en sus biografías.

De esa suerte, sostiene el rector, es que el Frente Amplio no entiende que esas nuevas clases medias no quieren ser protegidas, que aborrecen toda forma de paternalismo, que no se autocomprenden en el imaginario de la desigualdad. ¿Quién sabe? Lo que el Frente Amplio entiende o no entiende es tema para un debate más largo, que en cualquier caso requiere bastante más que posiciones intelectuales de pretendida superioridad incontaminada.

"La receta electoral de Peña, sin embargo, no parece ser otra que para ganar elecciones se requiere asumir sin chistar que ese individuo neoliberal solo busca prosperar a punta de “autonomía” y “esfuerzo personal”."

Como sea, el problema es que, siendo lo que dice Peña en parte cierto, la historia reciente no deja de ser aquella en la que el “modelo” se instaló a sangre y fuego lastimando para siempre la vida de mucha gente; una en que un pequeñísimo grupo se instaló en el club mundial de los ultrarricos a costa, también, de esas clases medias; el período en el que en nuestra sociedad se volvieron dominantes formas de vida en extremo inestables, inseguras, injustas. Una muestra: según consigna la Fundación Sol, si bien entre enero de 2010 y agosto de 2017 la ocupación aumentó en poco más de un millón 300 mil personas, el 69,3% de esa variación corresponde a empleos con alta probabilidad de ser precarios y desprotegidos. Más o menos en el mismo momento, nos enteramos que, pese a las cifras macroeconómicas, la banca nacional anotó un alza interanual del 7,12% entre enero y agosto y que, comparando agosto con julio de este año, la ganancia subió un 40,27%. ¿Cómo se hace eso? ¿Es que acaso la ganancia de unos está desconectada de la precariedad, la inseguridad y la pobreza de los otros?

La receta electoral de Peña, sin embargo, no parece ser otra que para ganar elecciones se requiere asumir sin chistar que ese individuo neoliberal solo busca prosperar a punta de “autonomía” y “esfuerzo personal”.

"Entonces, puede ser que el discurso del Frente Amplio y su despliegue de campaña no hayan calibrado bien muchos de los sentidos comunes de nuestro tiempo."

No. No podríamos asumir una campaña electoral considerando ese carácter como fatal e inamovible. Nuestro esfuerzo, seguramente deficiente, supone efectivamente que la construcción de los sujetos del presente responde al modelo triunfante, pero no renuncia a asumir también su injusticia: mientras promete prosperidad para todos asegura privilegios solo a los más ricos, multiplica los seguros, pero no la seguridad, aumenta las matrículas, aunque no permite el desarrollo profesional real de esas amplísimas masas de nuevos deudores.

Pero más allá de ese empecinamiento nuestro, Peña no debería ignorar que esa misma clase media que caracteriza tan parcialmente, también está sumida en profundos malestares por las inequidades del modelo.

Entonces, puede ser que el discurso del Frente Amplio y su despliegue de campaña no hayan calibrado bien muchos de los sentidos comunes de nuestro tiempo. Requerimos del examen y la crítica, sin duda, y no deberíamos caer en la defensa de lo que debe ser mejorado, por más que haya estado en nuestra práctica. Pero en lugar de acudir, como vemos columna tras columna, a un diagnóstico basado en el conformismo, nos cabe la rebeldía y la crítica. Vivimos en la era de los hijos del neoliberalismo, sí; pero vivimos también en medio de su inconformidad. Entendemos que a ese sujeto se le ha enseñado a competir y desconfiar del resto, pero no por eso renunciamos a proponer el valor de lo común. Y lo hacemos también con realismo, porque cualquiera puede ver que el competidor también anhela la equidad. A diferencia entonces del pesimismo monótono que proyecta Peña, entendemos que nuestro desafío está en aprender a trabajar mejor en una realidad contradictoria.


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