Crédito: Agencia Uno
Una notable contradicción

Una notable contradicción

Quiero llamar la atención sobre una muy notable contradicción que se da en nuestra vida política.  Esta contradicción consiste en que, por una parte, hay un grave deterioro del prestigio y la imagen de todo lo político. Sin embargo, al lado de este fuerte deterioro ha habido un fortalecimiento de las instituciones.

Incluso las instituciones se ven más sanas que cuando se inició esta última gran oleada de caída del prestigio de la política.

Una de las grandes sorpresas del último tiempo y en la que no siempre reparan los análisis políticos, es que la institucionalidad no sólo no se ha visto afectada, sino que se ha fortalecido y mejorado sustancialmente. 

Sin disminuir en un ápice la gravedad de los hechos, Chile y el gobierno hacen una gran diferencia en la forma como los ha enfrentado y enfrenta, y eso es algo que debemos reconocer. Frente a las crisis que crea la corrupción (o las denuncias) en el prestigio de los Jefes de Estado, gabinetes, coaliciones o partidos gobernantes, se pueden advertir dos grandes tipos de reacciones.  

Uno es cuando la defensa del gobernante y de sus asociados se vuelca en contra de las instituciones, procurando capturarlas por el Ejecutivo o los partidos de gobierno, reduciendo o haciendo añicos su independencia y por esa vía la destrucción del prestigio del Ejecutivo se extiende como una metástasis que arrastra al total del servicio público.

En estos casos no se lucha contra la corrupción, sino que se le oculta. No se le combate, sino que se le hace impune. Para ello lo que se hace es actuar para transformar al Poder Judicial en una dependencia del poder presidencial, al que se le instruye para denegar justicia; la policía y los servicios de seguridad se utilizan por el poder para amedrentar o anular a los denunciantes; el Parlamento rehúsa cumplir sus funciones de fiscalización de los actos del Poder Ejecutivo. Las fiscalías pasan a ser un servicio manipulable. 

"En Chile las instituciones funcionan y las acusaciones y el debate sobre la corrupción las han fortalecido y hecho más celosas de su independencia"

Concretamente, a mayores acusaciones y denuncias de corrupción, más fuerte el intento de destruir las instituciones, de hacerlas no sólo ineficaces para perseguir los delitos sino transformarlas en cómplices y encubridores.  

Pero la situación actual de Chile es la opuesta. Creo que aun el más obcecado opositor no dejará de reconocer la forma en que el país y el gobierno han actuado. La emergencia de variados actos de corrupción ha acrecentado el poder y la respetabilidad de los órganos estatales con competencia para combatirlos, aclararlos y juzgarlos.

En Chile las instituciones funcionan y las acusaciones y el debate sobre la corrupción las han fortalecido y hecho más celosas de su independencia. La Fiscalía está haciendo su trabajo; el Poder Judicial el suyo, con plena separación de poderes; la Contraloría no ha hecho sino acrecentar su independencia; la Fiscalía Nacional Económica merece amplio reconocimiento; el Consejo de Defensa del Estado desempeña sus funciones con eficiencia.; la Policía actúa, en los casos que se relacionan con delitos cometidos por altos funcionarios, con eficacia e independencia. 

Importantes instituciones que forman parte del gobierno central, como el Servicio de Impuestos Internos -no obstante críticas iniciales- actúan con transparencia y ajenas a dobles estándares. En cuanto al Parlamento, también azotado por la desconfianza, jamás se ha comprometido en una defensa corporativa y menos en la aprobación de leyes que intenten cerrar o poner límite a las investigaciones. 

Y es esta actitud del gobierno, del parlamento, aunque a un costo alto y que está afectando y afectará a personas, la que permite pararse frente al país y decir que se está conduciendo a Chile hacia una sociedad más sana.

Debemos saber que la expectativa más razonable en este punto es que este clima amargo en que hemos vivido se mantendrá por un tiempo no menor. Pero frente a ello la política del gobierno, de la coalición, debe ser afirmar el correcto funcionamiento de las instituciones, particularmente las premunidas de jurisdicción en los ámbitos pertinentes. 

"Habrá un sistema político donde los partidos serán más democráticos, menos oligárquicos, donde los militantes de base tendrán mayores derechos, donde habrá más competencia en la lucha por las candidaturas"

Hay que evitar toda acción o conducta que induzca a sospecha respecto de una toma de partido gubernamental en los escándalos. El gobierno no puede apartarse de esta línea de acción. Es ella la que le da respetabilidad y fuerza ante la crisis. Por el contrario, si cambiara su rumbo se haría un enorme daño; un daño de niveles impredecibles.

Se entregará un país donde la relación entre política y dinero se hará más pública. Asociado a lo anterior, el financiamiento de las campañas se hará con estándares de transparencia y moralidad que no conocimos antes. La relación con la autoridad y los parlamentarios se ajustará a normas características de sociedades más desarrolladas. Políticos y empresarios deberán ajustar sus conductas a una normativa cuya violación acarreará severas sanciones pecuniarias, incluso penales. Habrá un sistema político donde los partidos serán más democráticos, menos oligárquicos, donde los militantes de base tendrán mayores derechos, donde habrá más competencia en la lucha por las candidaturas.

En lo que se refiere a las conductas empresariales, es cierto que la colusión para fijar precios o repartirse mercados no desaparecerá nunca, pero a partir de ahora se ha hecho más peligrosa, más susceptible de ser descubierta y sus costos económicos y sobre todo reputacionales, más altos y dañinos. 

Los casos que conocemos y que se ventilan en la justicia se han transformado en ocasiones donde se aprende que hay conductas que ya no son toleradas y que arruinan prestigios y socavan fortunas.

Hacia adelante será de muy alto riesgo emitir facturas ideológicamente falsas o hacer financiamientos irregulares de campañas y legisladores, como también será muy peligroso coludirse contra los consumidores.


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