Crédito: Agencia UNO
Casen 2015: Lo bueno, lo malo y lo feo

Casen 2015: Lo bueno, lo malo y lo feo

El día jueves de la semana pasada el Ministro de Desarrollo Social dio a conocer los resultados de la Encuesta Casen, que mostró una caída de la pobreza desde 14,4% a 11,7% entre fines de 2013 y 2015, conforme a la nueva línea actualizada de pobreza por ingresos ($400 mil mensuales para un hogar compuesto por cuatro personas). Esto quiere decir, en simple, que 217 mil personas lograron salir de la pobreza en dicho periodo. Sin duda, buenas noticias.

Renglón seguido, el Ministro Barraza atribuyó al efecto de las reformas la caída en la pobreza, afirmando que los resultados serían “indicios de que las políticas públicas del Gobierno van en buena dirección”.

El problema, sin embargo, es que al revisar detenidamente los resultados de la encuesta las conclusiones se tornan bastante menos auspiciosas, fundamentalmente por tres razones:

1. Si bien la pobreza cayó, lo hizo a un ritmo significativamente menor del que venía haciéndolo, de hecho, casi tres veces menor. Porque si entre las mediciones de 2013 y 2015 unas 217 mil personas pudieron abandonar la pobreza por año, entre 2011 y 2013 lo hicieron 638 mil, es decir, tres veces más que el ritmo actual.

A ello se suma que la foto ya quedó obsoleta. La medición que conocimos fue realizada hace casi un año (entre noviembre de 2015 y enero de 2016), en medio de un contexto económico mediocre aunque incluso menos malo que el actual. Así, si durante el trimestre que se tomó la encuesta la economía crecía a una escuálida tasa del 1,7%, en el más reciente lo hizo tan sólo al 1,2%. Igualmente, si el desempleo era 6,1%, hoy llega a 7,1%. Y en el caso de los salarios reales, pasaron de crecer al 1,1%  a un 1%.

Lo anterior no es trivial, tenemos que tomarlo en serio. Todavía quedan 2 millones de compatriotas bajo la línea de la pobreza que esperan su oportunidad. Y con un desempleo al alza, salarios estancados y políticas sociales ausentes de la agenda (el Ingreso Ético Familiar ha perdido toda prioridad), difícilmente podrán superar esa condición. Es más, al ritmo observado en el periodo de gobierno del ex Presidente Piñera la pobreza medida por ingresos podría erradicarse en cuatro a cinco años, mientras que al ritmo de la Nueva Mayoría nos tomaría al menos una década completa.

2. Si bien la desigualdad bajó levemente, el índice de Gini de los ingresos monetarios pasó de 0,491 a 0,482, no fue tanto porque los ingresos de los chilenos más vulnerables hayan crecido. En realidad, lo que ocurrió fue que los de los hogares más acomodados se estancaron o simplemente dejaron de crecer. De hecho, los ingresos de los hogares del 10% más pobre crecieron en términos reales un insuficiente 2,2% por año, lejos del 8,5% registrado entre 2009 y 2013, mientras que los de los hogares del 10% más rico aumentaron en esta medición un 0,1% anual, cifra que se compara con un alza del 3,1% en el cuatrienio previo. En suma, el avance en la distribución del ingreso se debe a un empeoramiento relativo de quienes están mejor situados, más que a una mejora sustantiva de quienes están peor situados.

3. Es imposible atribuir a las reformas del gobierno (tributaria, laboral y educacional) los avances observados en la CASEN. Por el contrario, muy posiblemente sean a pesar de dichas reformas, que han debilitado fuertemente el crecimiento, la inversión, el empleo y los salarios. Cabe consignar, además, que la reforma tributaria recién entra en régimen el 2018, mientras que la laboral y la gratuidad universitaria se concretaron con posterioridad al trabajo de campo de la encuesta. Y en materia de políticas sociales, no se conoce ninguna iniciativa del gobierno destinada a la superación de la pobreza.

Por último, lo feo. Llama la atención que el gobierno no haya presentado los datos de pobreza bajo la medición tradicional o histórica, único método comparable desde 1987 a la fecha. Nada justifica esta omisión, que contraviene las recomendaciones de los expertos, y que impide estudiar la evolución de la pobreza en el país durante las últimas décadas. El gobierno tiene el deber de entregar esa información, fundamental para el diseño de las políticas que requeriremos para erradicar definitivamente la pobreza de Chile.


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