Crédito: Agencia Uno
La negación de la ministra Rincón

La negación de la ministra Rincón

En un texto de 1925, Sigmund Freud definió la negación como “una manera de tomar conocimiento de lo reprimido”. Puede que ello explique, en alguna medida, la insólita actitud de la Ministra del Trabajo Ximena Rincón, quien tras conocer los paupérrimos resultados de la última encuesta de empleo del INE, afirmó tajantemente que “no sólo tenemos que ver la percepción, sino que también la realidad”. Así, la ministra ninguneó los resultados de un instrumento oficial del Estado de Chile, que estaba mostrando un importante aumento de la desocupación en el país: por primera vez en cinco años, y tras siete alzas sucesivas, la tasa de desempleo vuelve a ubicarse por sobre el 7%.

De esta forma, en lo que va de la administración de la Presidenta Bachelet las personas desempleadas han aumentado en 100 mil, producto de la fuerte caída que ha experimentado la creación de empleos, que pasó de los 254 mil por año del periodo del ex Presidente Piñera, a tan sólo 47 mil en el periodo actual.

Ahora bien. Es cierto que la ministra puede argüir que igual se siguen creando empleos. Mal que mal, en lo que ha transcurrido de mandato van 113 mil nuevos puestos de trabajo. Pero el problema es otro. Y es más profundo. Ya que la gran mayoría de los puestos creados son independientes por cuenta propia (169 mil), que se compensan con una importante destrucción de empleos en el sector privado (90 mil). Es decir, los nuevos trabajos son eminentemente precarios y, a no dudarlo, de muy baja remuneración. Ello explica por qué al indagar por los lugares de trabajo de estos nuevos empleos, la encuesta del INE muestre que prácticamente la totalidad se desarrolla en la calle (88 mil), en el hogar (82 mil) o en la casa del empleador (52 mil).

El mismo INE, a través de otra encuesta, la NESI, ratifica el fuerte deterioro del mercado laboral al evidenciar que los ingresos de los trabajadores simplemente dejaron de crecer. Así, mientras en el cuatrienio anterior los ingresos reales de los trabajadores aumentaban por sobre el 5% ($23.402 por año), en la actual administración lo están haciendo apenas al 0,5% ($2.356 por año), lo que ha llevado a que los índices de desigualdad, que habían caído sucesivamente entre 2010 y 2014, el año pasado subiesen por primera vez en todas sus medidas.

En suma, los datos son elocuentes pero la ministra prefiere negarlos. Su actitud recuerdo otro insólito episodio protagonizado por, curiosamente, otra titular de la cartera de Trabajo de la Presidenta Bachelet quien, allá por el 2009, y ante el fuerte aumento de la cesantía provocado por la Crisis Subprime, le pidió  a los trabajadores no presionar el mercado laboral saliendo a buscar un empleo, porque eso iba a hacer “más difíciles las cosas”.

Es probable que la razón de fondo para desconocer la realidad sea mucho más pedestre. La ministra debe estar calculando, aunque no pueda reconocerlo, el impacto político que puede llegar a suponer el aumento del desempleo. Especialmente, tras varios años de pleno empleo y crecimiento de las remuneraciones. Seguramente no ha olvidado que en 1999, cuando las cifras de desempleo rondaban el 9%, la Concertación casi pierde las elecciones presidenciales. Y que diez años más tarde, con niveles de desempleo similares, definitivamente las terminó perdiendo.

Más allá de los cálculos políticos, lo central es que detrás de estas estadísticas hay personas de carne y hueso que no logran encontrar un trabajo. Son historias concretas, esperanzas y frustraciones. Y esto no sólo les afecta el bolsillo; daña las libertades y dignidad de miles de hogares chilenos, que viven con la angustia de no saber cómo llegar a fin de mes. Pero ante ello, la ministra prefiere evadirse.


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