De cambio, desarrollo y crisis
Opinión

De cambio, desarrollo y crisis

Las crisis económicas son consustanciales al capitalismo, dijo Karl Marx. Y no se equivocó. Desde comienzos del siglo XX, 10% de los países ha estado en crisis económica cada año en promedio, con caídas del producto en torno al 2%. Las crisis globales y profundas, sin embargo, son una anomalía. Entre ellas, destacan la Gran Depresión de 1929 y la crisis Subprime en 2008. Así, la mayor parte de los países, la mayor parte del tiempo, crece en torno al 3%, con desviaciones recurrentes pero breves.

La experiencia chilena ilustra: desde 1810, nuestro país se ha expandido en promedio como el mundo, al 3%, y experimentó crisis profundas sólo en 1914-1919, 1929-32, 1975 y 1982.

Pero los cambios, incluso cuando son leves, preocupan. Generan incertidumbre, temor; y contradictoriamente, paralizan. En economía, sin embargo, son necesarios. Porque si bien la estabilidad agregada facilita las inversiones de largo plazo, la principal fuente de ganancias de eficiencia es la reasignación de recursos productivos entre sectores y empresas; es decir, la dinámica microeconómica. Y esta eficiencia es clave porque explica la brecha de ingresos entre países. Chile no es más pobre que Estados Unidos porque trabaja o invierte menos, lo es porque trabaja e invierte peor.

La manera como cada sociedad enfrenta el cambio depende en parte de factores culturales. Por ejemplo, mientras en Estados Unidos una quiebra es una línea en el currículum, en América Latina muchas veces es considerada en el prontuario. Pero desde lo público, el desafío es diseñar e implementar políticas que, permitiendo la estabilidad macro, al mismo tiempo promuevan una disposición al cambio en el ámbito micro. En la región, no obstante, lo común ha sido exactamente lo contrario, con inflación, inestabilidad política y rigideces sectoriales.

Con todo, este desafío es mayor en Chile por dos razones. Primero, porque el mundo se ha hecho incluso más dinámico: en 1960 una persona en Estados Unidos se cambiaba de trabajo cada 12 años en promedio; hoy, lo hace cada 2 años. Segundo, por el nivel de producto que hemos alcanzado. Nuestro país, con un ingreso per cápita que supera los US$ 20 mil anuales, ha recorrido la mitad del camino hacia el desarrollo económico.

Lo que nos falta, como he dicho, es mejorar nuestra productividad.

En este blog escribiré sobre estos temas; sobre la relación entre crisis, cambio, productividad y desarrollo económico; sobre la necesidad de preservar la estabilidad agregada, al mismo tiempo que aprovechamos los beneficios de la innovación; sobre qué hacer y qué no, desde la política pública, para balancear los beneficios de la flexibilidad económica con la preferencia por estabilidad que tenemos las personas.

Un ejemplo de política en Chile que ha favorecido este balance es el seguro de desempleo. Su foco no es estabilizar el trabajo, sino que los ingresos laborales. Un caso opuesto es la exigencia en el Código Laboral de cumplir con una jornada de 45 horas semanales durante cada una de las 52 semanas del año, sin diferenciar entre sectores productivos ni tipos de empresas.


Lo más visto en T13