Crédito: CNCA
La misma canción de siempre
Opinión

La misma canción de siempre

Los resultados de los fondos concursables de cultura traen todos los años cuestionamientos, controversias y discusiones. Desde que se lanzaron por la década de los noventa ha sido así. Se perfeccionan, se modernizan, se cambian líneas, áreas, modalidades y, sin embargo, siempre causan desazón y molestias en algunos artistas. Es una situación de “déjà vu” permanente.

La explicación es siempre la misma. Cuando de antemano se sabe que el financiamiento sólo alcanzará para cubrir entre un 20 y 25 % de la demanda, es claro que el nivel de frustración será mayoritario. Tal como leí hace poco en una columna, uno también ha participado en las distintas instancias de este proceso.

Como creador me tocó ganarlo y, a su vez, postular y no obtenerlo. Trabajando para distintas instituciones culturales también me tocó recibirlo en algunas ocasiones,  quedar en lista de espera o simplemente inadmisible.

Me ha tocado en varias ocasiones ser evaluador o jurado. En no pocas ocasiones he perdido el saludo de algunos creadores, unos epítetos pocos elegantes y algunas ironías poco convencionales cuando no se ha tenido el desenlace esperado. Aquello es el precio que se paga. 

Partamos de la base que la subjetividad es parte intrínseca de toda evaluación, más aún en procesos artísticos, y aún más en la presentación de proyectos culturales en verde donde el producto artístico se proyecta sin certeza de su devenir. 

Teniendo en cuenta los recursos existentes, se intenta aprobar los proyectos que más parecen idóneos para el momento que nuestra sociedad está viviendo. Proyectos cuya innovación, profundidad, impacto puedan dejar semillas para el crecimiento y desarrollo de un país que tanta falta le hace enriquecerse en su búsqueda de lo multicultural y la valoración de la diversidad. Los proyectos tienen la obligación de ser evaluados por su mérito, tal como se solicita, no a partir de prejuicios. 

"Con los recursos existentes hay que privilegiar las propuestas que en su formulación parecían los más atractivos e innovadores."

¿Quiere decir esto que todos los proyectos que no quedaron no tienen méritos? No, por supuesto que no. Con los recursos existentes hay que privilegiar las propuestas que en su formulación parecían los más atractivos e innovadores. Los que permiten imaginar un impacto a corto, mediano o largo plazo.  

En todo orden de cosas pasa lo mismo. ¿Acaso las becas en la educación superior alcanzan para todos? ¿Acaso a los Fondecyt no se les escapan proyectos que logran vida propia por otros medios?
Las respuestas las conocemos todos.

El cuestionamiento de fondo es cómo seguimos perfeccionando nuestra institucionalidad cultural para tratar de profesionalizar el medio y lograr cada vez mayor cobertura pero en torno a la calidad y no al asistencialismo cultural.

Cómo separamos el financiamiento a la creación artística con respecto el emprendimiento cultural. Cómo buscamos apoyo permanente a los grandes encuentros, festivales, bienales y temporadas de interés nacional. Y a su vez, cómo se garantiza el acceso de nuestros creadores a la infraestructura existente o en proceso de construcción.

Cómo instalamos la discusión de la creación artística pensada también en la creación de hábitos culturales y no solos desde la escuela de espectadores. Si el año pasado se buscaron soluciones temporales frente al inminente cierre de algunos teatros por medio de los fondos concursables, tenemos claro que resultados se obtuvieron, ya que hace una semana se anunció el cierre de dos nuevas salas.  

"El cuestionamiento de fondo es cómo seguimos perfeccionando nuestra institucionalidad cultural para tratar de profesionalizar el medio"

Sí, los fondos al audiovisual han seguido aumentando a la par con la industria totalizando estrenos de más de treinta largometrajes al año pero cuyas audiencias siguen disminuyendo de manera preocupante. 

Tantas preguntas que quedan flotando en el aire y que no logran respuestas adecuadas. 
Por supuesto todo los cuestionamientos son válidos, incluso los que hemos visto por parte de ciertos personajes en las redes sociales en los últimos días. 

Lo más fácil es cuestionar el poco juicio al momento de realizar las evaluaciones, los posibles errores desde la concepción de los fondos concursables del CNCA. Pero todo ello no hace más que poner un manto de duda en la importancia de tener recursos para nuestros creadores y sus creaciones, nuestras instituciones y su sostenibilidad en el tiempo.

Toda herramienta es siempre posible de perfeccionar, pero tratemos de visibilizar las razones detrás del descontento por parte de los creadores o instituciones, que se sienten perjudicados en ésta y otras ocasiones. 

"Tratar de transformar los fondos concursables en una especie prolongación de la ficha de protección social para los creadores también me parece un despropósito."

Pretender que los fondos consursables sean la respuesta a la gran falencia de verdaderas políticas públicas en cultura, es absurdo. Tratar de transformar los fondos concursables en una especie prolongación de la ficha de protección social para los creadores también me parece un despropósito.

Imponer un sesgo con respecto a que sólo podrán ganárselo creadores que no se lo hayan ganado antes, funciona en países donde hay una política de apoyo permanente a los creadores consolidados y estos fondos van directamente a los nuevos talentos.

Ello claramente dista mucho de nuestra realidad, donde incluso los premios nacionales tienen que concursar muchas veces para poder seguir desarrollando su cuerpo artístico. Usar la lucha de clases para definir quién debería ganárselo, también me parece anacrónico.

Como se puede apreciar, no hemos encontrado aún mecanismos alternativos para poder distribuir, siempre mejor, los recursos financieros existentes, siempre tan mesquinos para el mundo de la cultura. 

Todos los que trabajamos en cultura creo, sinceramente, deseamos un país más diverso, más inclusivo, más tolerante, más creativo, más innovador, más formativo y de acceso más igualitario.  
Trabajemos para construir las políticas y programas culturales más adecuados para ello, pero no cuestionemos herramientas que cuando nos son favorables son estupendas y cuando no, una basura.


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