Crédito: A. Uno
Presidentes de partido con Bachelet proceso constituyente

El divorcio de lo público y la calidad de la democracia en Chile

Mucho se ha analizado la encuesta CEP en estos días desde lo que parecía más o menos obvio, dada la forma en que ha circulado la conversación en el último tiempo: la aprobación del gobierno, la confianza en las instituciones y la aprobación de ciertas figuras públicas.

No obstante, la encuesta trae datos mucho mas interesantes que estos y plantea varias inquietudes relevantes respecto a la necesidad de mirar ciertos aspectos de nuestra democracia.

En efecto, tal como ya nos mostraba el Informe de Desarrollo Humano de 2012, dedicado al bienestar subjetivo, existe un importante vaciamiento de significado de la cosa publica en la vida de las personas. Así por ejemplo, frente a la afirmación “alcanzar la felicidad depende de....” una mayoría abrumadora (74%) responde “lo que uno mismo haga” contrario al resultado que se asocia a la oportunidades que da la sociedad (apenas 15%). Como si el “bienestar subjetivo” como le denomina el PNUD, no tuviera que ver con las condiciones objetivas de la sociedad.

"Se ha perdido el sentido sustantivo que tiene lo público para la vida de las personas"

En la misma línea es posible encontrar datos en la CEP. Cuando a las personas se les pregunta por el efecto que tienen las actividades del gobierno en sus vidas, una mayoría importante (45%) responde que “ ningún efecto” mientras que dentro del grupo que cree que tiene “gran” o “algún” efecto (47%), una mayoría importante cree que este efecto es “negativo”. En la misma línea, la mayoría de las personas cree que la actividad del municipio no tiene efecto en sus vidas, no obstante, a diferencia de lo que sucede con el gobierno, la minoría que cree que existe un efecto, tiene una visión positiva de éste.

"¿Es posible construir una democracia de calidad en ausencia de sus protagonistas?"

El dato relevante aquí es que se ha perdido el sentido sustantivo que tiene lo público para la vida de las personas. Cuando una mayoría relevante no le otorga valor al sentido que tienen las instituciones del Estado en su vida, hay algo que probablemente nos habla de una capacidad limitada que tendrá esa ciudadanía también para articularse, por enojo o por desidia frente a esa realidad que no les es próxima. Si el sentido de lo publico se pierde y se impone la idea de construir futuro desde lo individual y desde lo domestico, entonces es difícil que la oferta política, del lado que venga, tenga la capacidad para poner en disputa distintos modelos de sociedad.

Esto será determinante en los desafíos que enfrentará nuestro país en los ciclos electorales que enfrentaremos a partir de 2016 y desafían al mundo político no solo a hacerse cargo de la situación de crisis de la política, sino que principalmente, de su crisis de sentido porque ¿es posible construir una democracia de calidad en ausencia de sus protagonistas?


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