Semana decisiva...más allá de 2018

Semana decisiva...más allá de 2018

Parece una paradoja. Esta ha sido probablemente la campaña electoral más deslucida y menos convocante de los últimos años y, sin embargo, su resultado el próximo 19 de noviembre será uno de los más decisivos para el futuro de, al menos, la próxima década.

En efecto, lo que está en juego en esta elección no es cualquier tipo de continuidad ni tampoco un cambio leve, porque más allá de la mayor o menor elocuencia de las candidaturas para referir al desafío, lo cierto es que lo que pase con el reordenamiento de las fuerzas políticas a partir de este domingo será muy definitivo para la próxima década y no solamente por el resultado a nivel presidencial, sino que también por la correlación de fuerzas al interior del parlamento.

Respecto a la elección legislativa, no olvidemos que el cambio de sistema electoral (que incluye aumento de escaños), al financiamiento de las campañas y las restricciones a las mismas, pueden provocar sorpresas relevantes. Probablemente el sistema favorecerá a las listas con candidatos fuertes, pero es una interrogante aún si con este sistema los desafiantes tendrán más chance que los incumbentes, alcanzando en el parlamento una renovación mayor al 30% que veníamos experimentando hasta ahora, así como el verdadero efecto que tendrá la ley de cuotas para aumentar la participación de mujeres en el Congreso.

Se suma a esta interrogante la política de alianzas que sobrevivirá en el Parlamento. Con una coalición de centro izquierda que deberá buscar caminos para la unión, una coalición de derecha que no podrá evitar la disputa por la hegemonía interna y una tercera fuerza política que tendrá que mostrar en las urnas cuanto es lo que realmente pesa, todo se vuelve incertidumbre. Por cierto, en tal cuadro el resultado de la elección presidencial es clave para las definiciones de futuro porque marcará el futuro y la identidad de oficialismo y oposición, así como la política de alianzas .

Respecto a la elección presidencial, el escenario más probable es el de segunda vuelta, por tanto la atención estará centrada en los niveles que alcance la abstención y lo favorable que esta pueda ser a la candidatura que aparece más arriba en las encuestas.  Si el votante de centro e izquierda se resta del proceso, aumentará el caudal de votos del adherente disciplinado y más duro de la derecha. No obstante, con ocho candidatos ese escenario de definición sin balotaje, claramente se aleja. 

"Acá el desafío es doble: por una parte, lograr concitar rápidamente el apoyo del centro democratacristiano y de, si no la totalidad, al menos un sector sustantivo del Frente Amplio, tarea nada de fácil y que debiera asentarse, al menos, en una agenda acotada pero sustantiva de temas que supere la idea de 'todos contra la derecha'"

En tal cuadro, la puesta en escena del 19 en la noche será clave. Por una parte, la derecha tendrá probablemente el mejor resultado, porque apenas lleva dos candidatos, por lo que la candidatura de Piñera, que con mucha seguridad será la de segunda vuelta, tendrá que tomar una decisión compleja y que va de la mano con el resultado general de la votación. 

Si a José Antonio Kast le va bien, será preciso que no descarte de plano transitar hacia un discurso que convoque a esa derecha más dura. Si por el contrario, le va mal, entonces tendrá que ser muy creativo para lograr convocar a sectores de centro, que le serán siempre esquivos en la medida que la derecha chilena no ha sido capaz todavía de deshacerse del todo del vínculo con la dictadura y de sus sectores “cavernarios”, como diría Vargas Llosa.

Por su parte la izquierda y el centro, cuyo candidato más probable para segunda vuelta será Alejandro Guillier, deberá rápidamente generar señales de unidad y trazar un horizonte que permita reconvocar a un electorado cada vez más desafecto con un proyecto que hace años debió renovarse.

Probablemente esa tarea deba ser claramente asumida esa misma noche por un elenco amplio, representativo y de futuro, que tendrá apenas un mes para contarle al país por que vale la pena volver a confiar y por que no da lo mismo. Acá el desafío es doble, por una parte, lograr concitar rápidamente el apoyo del centro democratacristiano y de, si no la totalidad, al menos un sector sustantivo del Frente Amplio, tarea nada de fácil y que debiera asentarse, al menos, en una agenda acotada pero sustantiva de temas que supere la idea de “todos contra la derecha” y que comprometan la gobernabilidad del pacto electoral. 

Con todo, la definición que cada elector tome en esta elección marcará el destino de nuestro sistema político en la próxima década, porque en ella se define la continuidad o el fin de una senda marcada por reformas que buscan poner énfasis en un estado social donde se garantizan ciertos derechos o el inicio de un camino donde el énfasis estará puesto en una manera diferente de concebir el desarrollo. 

 


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