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Violencia machista inaceptable

Violencia machista inaceptable

La única buena noticia del comentado y burdo episodio de Asexma fue la rápida reacción y el rechazo generalizado en distintas plataformas y desde distintos actores  a una forma de violencia simbólica que es simplemente inaceptable, no se puede naturalizar una afrenta de estas características. No es sólo el mensaje de “estimular la economía” con una etiqueta en la boca de una muñeca plástica, la carcajada o la sonrisa complaciente (que involucra a autoridades de gobierno, lideres empresariales y candidatos presidenciales) o el machismo vulgar que en el episodio se expresa. Es todo junto, pero mas aun, lo que ello oculta de nuestros patrones culturales.

No se trata de hacer borrón y cuenta nueva porque los acusados ya se disculparon, tampoco de llevar a la plaza pública algunas cabezas para satisfacer la irá de una masa enfurecida. Es la triste constatación de lo que este episodio denota lo que nos debe llevar al escándalo respecto a lo que somos como país y lo asentadas que están culturalmente ciertas formas de ver el mundo. Eso, una disculpa no lo borra y requiere ser categóricos para denunciar y repudiar.   

En efecto, qué duda cabe que Chile es un país machista y que la mayor muestra de ello es que el patriarcado dominante que encuentra defensores ambos sexos llama “feminazis” a todas a aquellas personas que, convencidas de la igualdad de dignidad y derechos de hombres y mujeres, simplemente luchan y reivindican que ello sea una realidad. Esto no es majadería, porque en nuestra práctica cultural tiene consecuencias concretas y graves, que van desde la baja participación de mujeres en espacios de decisión política, como el parlamento o los municipios, cuya consecuencia es que en muchos casos la mirada de las mujeres es silenciada en materias que tienen que ver con cuestiones que afectan al conjunto de la población. Sucede también en el mundo empresarial, donde las mujeres en directorios son apenas el 6,6% y ninguna preside(en las 42 empresas que componen IPSA), mientras que en las empresas públicas (SEP) son apenas el 29,2%. Con estos datos, ¿a alguien podría extrañar la carcajada cómplice del desafortunado regalo en Asexma?

Pero la cuestión es aún peor, porque todo ello es el síntoma de una manera de mirar el mundo, que naturaliza la posición asimétrica que hombres y mujeres tienen en la sociedad, así, tampoco extraña que la violencia de género en su forma extrema sea también parte del paisaje de nuestro país. Cada cierto tiempo nos sorprenden crímenes brutales contra mujeres de mano de sus parejas o convivientes (afortunadamente, llamados cada vez menos crímenes pasionales) que no son otra cosa que la expresión más brutal de esa condición de supuesta asimetría que alguien utiliza para castigar y asesinar. En Chile, aproximadamente 40 mujeres al año mueren de esta manera.

Recuerdo haber discutido hace algún tiempo con alguien que me decía “qué más quieren, si ahora hasta ‘femicidio’ como delito especial tienen” por cierto, frente a tamaña afirmación, comprendí que el problema lo llevamos a diario en nuestras creencias más profundas. Después de lo dicho y a propósito de patrones culturales y Asexma. ¿Le sigue pareciendo una exageración el reclamo?


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