Crédito: Agencia Uno
¿Qué hacer con Metro?

¿Qué hacer con Metro?

Cuando Metro entregue el informe solicitado por la Presidenta, podremos saber realmente qué ocasionó la falla que este viernes paralizó gran parte de Santiago. Sin perjuicio de ello, hay algunas conclusiones que podemos sacar de este lamentable caso.

La primera es la creciente importancia del transporte en la agenda pública, y no solo por crisis tan graves como ésta, ya que todos los días millones de santiaguinos pierden horas en trasladarse en un Transantiago que está lejos de funcionar cómo se prometió, pese a los billonarios recursos fiscales gastados

Metro había sacado la cara por el sistema, pero su imagen comenzó a deteriorarse cuando su demanda se duplicó luego de Transantiago y sufrió una estocada casi fatal con las tres fallas ocurridas en solo 10 meses.

"El problema de transporte de Santiago no se arreglará con protocolos de mantención o cambiando gerentes"

Pese a ello, nuestro ferrocarril urbano sigue siendo uno de los mejores del mundo y cuenta con buenos equipos técnicos y profesionales, lo que permite mirar con optimismo la efectividad de los protocolos que se tomen para reducir nuevas fallas.

Sin embargo, con la misma claridad podemos afirmar que la vulnerabilidad del sistema no terminará si Metro continúa operando a máxima capacidad, ya que cualquier imprevisto, por mínimo que sea, producirá efectos colaterales enormes.

Incluso con el mejor sistema de mantenimiento del mundo, basta que un pasajero se desmaye en hora punta para que se active el freno de emergencia, los trenes se detengan, los andenes colapsen y miles de personas salgan a la superficie saturando paraderos y avenidas.

Esta suerte de “efecto mariposa” ocurre en pocos minutos, no hay forma de anticiparlo y es muy difícil de mitigar.

En este escenario, la solución es diversificar nuestra malla de transporte reforzando Metro y generando modos alternativos que ofrezcan atributos similares, como menores tiempos de viaje, frecuencias regulares y una infraestructura segura y de calidad.

La primera prioridad es descargar Línea 1 que concentra los mayores índices de congestión en carros y andenes, y que ha incrementando en un 20% su afluencia en la hora punta mañana en solo 2 años. Para ello urge conocer el trazado de la Línea 7 anunciada por la Presidenta y la forma y plazo en que será construida.

Además debieran ampliarse estaciones colapsadas como Baquedano o Tobalaba incorporando otras comunas mediante líneas circunvalares que no descarguen sus flujos en el eje Alameda – Providencia – Las Condes.

En segundo lugar deben materializarse los trenes prometidos para Padre Hurtado-Melipilla y Renca- Lampa y el mejoramiento del Metrotren a Rancagua que apoyarán las líneas de Metro 5, 2 y 3; y que podrían complementarse con un ramal transversal para conectar Maipú con Puente Alto por El Mariscal, reforzando la Línea 4A.

Un tercer componente de esta malla son los tranvías o metros ligeros que operan muy bien en otras capitales, y que podrían sacar presión sobre Metro, junto a corredores de buses bien integrados a su entorno, una red de ciclovías y estaciones intermodales para combinar estos sistemas entre sí.

Como vemos, el problema de transporte de Santiago no se arreglará con protocolos de mantención o cambiando gerentes. Requiere un plan de inversión potente, que entregue opciones de viaje dignas y atractivas para los usuarios, que es lo que explica el atractivo de Metro, y también su vulnerabilidad.

Así evitaremos que pequeños cortocircuitos, o un desmayo en hora punta, pongan en jaque a una ciudad completa, generando costos sociales y económicos de magnitud insospechada. 


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