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El peso de la democracia
Opinión

El peso de la democracia

El “peso de la noche” es una metáfora que Diego Portales usó para describir la plutocracia que regía en el Chile de su época. Para Portales, el “peso de la noche” representaba la manera en que la elite operaba para evitar que la gente se emancipase.

Casi dos siglos después, parece haberse invertido la metáfora. Hoy, impera el peso de la democracia, donde la gente emancipada decide el futuro de la elite. En la época de Portales las elecciones eran parciales, arregladas y oscuras, lo que facilitaba el control de la elite sobre la gente. Hoy las elecciones son periódicas, libres y transparentes, lo que garantiza el control de la gente sobre la elite.

En democracia la gente elige a la elite para representarlas en el gobierno. Para elegir, la gente suele mirar la ideología y las propuestas de los candidatos. Una persona elige a un candidato porque se asimila más a su ideología, o porque ofrece una propuesta más atractiva.

A su vez, los candidatos tienen la responsabilidad moral de ser consistentes con su ideología y llevar a cabo sus propuestas si son elegidos. Aunque en algunas ocaciones los candidatos se puedan desmarcar de su ideología y sus propuestas, lo normal es que tanto presidentes como legisladores sean consecuentes después de ser elegidos.

"Llama la atención que Bachelet y la Nueva Mayoría sean duramente criticados por ser consistentes con sus ideas y sus propuestas"

Por eso llama la atención que Bachelet y la Nueva Mayoría sean duramente criticados por ser consistentes con sus ideas y sus propuestas. Llama la atención que sean acusados de ser imprudentes al hacer lo que cualquier gobierno es elegido para hacer, y que sean denunciados por ser irresponsables al hacer lo que todos los gobiernos anteriores hicieron.

Es lamentable ver a la oposición criticar a Bachelet y la Nueva Mayoría cuando hacen lo que ellos mismos hubieran hecho si estuvieran en el poder hoy día, pero por sobre todo por hacer lo que ellos mismos trataron de hacer en el gobierno anterior.

Toda coalición apunta a ganar elecciones con la mayor proporción de votos posible. Es lo que ha hecho tanto la Nueva Mayoría como la Alianza desde el retorno de la democracia. Ambas coaliciones saben que mientras más alta es su votación, mayor es la probabilidad que puedan implementar su programa.

En la elección de 2009, la Alianza trató de maximizar su votación para pasar su programa en 2010-2014. En la elección de 2013, la Nueva Mayoría hizo lo mismo. Solo la última alcanzó quorums significativos para hacerlo.

Sobra decir que si la Alianza habría alcanzado algún quórum significativo en 2009 habría hecho lo mismo que hoy hace la Nueva Mayoría. Pero como no tuvo la posibilidad, se tuvo que resignar a legislar en la medida de lo posible.

Hoy, desde su posición minoritaria, espera que la Nueva Mayoría haga lo mismo. Le pide que gobierne como si fuera minoría, como si no tuviera el quórum para llevar a cabo su programa. Frente a la negativa de la Nueva Mayoría, la Alianza ha recurrido a una estrategia desesperada, llena de criticas subjetivas y resquicios legales.

Un ejemplo. La Nueva Mayoría sostuvo fehacientemente durante toda la campaña electoral de 2013 que si obtenía los votos necesarios llevaría a cabo una reforma educacional y una reforma electoral. Cuando obtuvo los votos, fue consecuente con su ideología y su propuesta, y lo hizo.

La reacción de la oposición fue lamentable. En vez de haber participado en el debate y haber aceptado la derrota, criticó las reformas durante todas las etapas de su tramitación, dilató el debate legislativo lo que más pudo, y acudió al Tribunal Constitucional cuando perdió.

"No es un problema que la Alianza se oponga a las reformas(...) El problema es que tratan de obstruir el correcto funcionamiento de la democracia, donde la mayoría gobierna."

No es un problema que la Alianza se oponga a las reformas, pues por eso son oposición, y más que mal, representan alrededor de 40% de los chilenos. Tampoco es un problema que proponga alternativas, pues pueden tener buenas soluciones, y por ende, pueden contribuir a construir mejores políticas públicas.

El problema es que la Alianza renunció a su estado de relevancia cuando perdió la elección presidencial y el control del congreso. El problema es que tratan de obstruir el correcto funcionamiento de la democracia, donde la mayoría gobierna.

En democracia, el ganador está moralmente obligado a cumplir con su programa. Es lo que ha hecho el gobierno de Bachelet y la Nueva Mayoría. Tal vez no han propuesto las mejores políticas públicas, ni las han llevado a cabo de la mejor manera. Pero son las políticas públicas que les encomendaron los chilenos.

A su vez, en democracia el perdedor está moralmente obligado a formar una oposición constructiva. La Alianza no lo ha sido. Ha obstruido el debate legislativo, por medio de criticas subjetivas y resquicios legales. Ha insistido en imponer la voluntad de la minoría.


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