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Mis deseos para este año que comienza: respeto, respeto y más respeto
Opinión

Mis deseos para este año que comienza: respeto, respeto y más respeto

Más allá del significado religioso que cada uno le pueda otorgar a las fiestas de fin de año, lo cierto es que la llegada de un año más produce en muchos de nosotros los efectos “revisión del año que termina” y “proyección de deseos para el año que comienza”.  

Sin lugar a dudas, el año 2014 fue un año especial para todos los chilenos y chilenas. El cambio de la coalición gobernante en marzo pasado ha dado inicio a una serie de conversaciones y reformas que buscan un cambio importante de nuestro actual rayado de cancha y manera de relacionarnos.

Personalmente valoro las diferentes visiones, argumentos y expectativas de los diferentes grupos y actores que hoy son los protagonistas de los debates que están ocurriendo. 

"Chile crece cuando sometemos a revisión nuestra realidad, nuestra manera de organizarnos como sociedad, de repartir las riquezas y las oportunidades de una vida mejor"

Chile crece cuando sometemos a revisión nuestra realidad, nuestra manera de organizarnos como sociedad, de repartir las riquezas y las oportunidades de una vida mejor, la forma que le damos a nuestro sistema de educación y las condiciones que definen nuestras relaciones laborales, y condiciones de vida.

Sin embargo, la magnitud de este crecimiento depende no sólo de las decisiones y cambios que se realicen, sino también de la manera en que llevemos a cabo los procesos de redefinición. El cómo importa, y en este ámbito radican mis deseos para el año nuevo que recién comienza.

Primero, preocupémonos de invertir tiempo y esfuerzo en desarrollar respeto por los demás. Sin esta condición, difícil será que las nuevas generaciones de chilenos y chilenas crezcan entendiendo y valorando la diversidad de pensamiento, estilos de vida, gustos y sueños.

Si nos ponemos a pensar qué están aprendiendo nuestros niños y niñas de los debates y controversias que hemos presenciado en el último tiempo entre diferentes grupos sociales, económicos,  líderes de opinión, y ciudadanos comunes y corrientes, estoy segura que muchas de sus enseñanzas radicarían en:

1. Lo estratégico que es el desacreditar al otro siempre y desde el inicio cuando presenta su punto de vista, sin ni siquiera haberse dado el tiempo de conocer sus postulados, coincidencias y diferencias.

2. Lo efectivo que es utilizar la falta de respeto y la agresión verbal y algunas veces física.

3. Lo poco relevante que es desarrollar argumentos propios que se basen en la defensa de sus ideas y no en el descrédito del otro para dar a conocer sus puntos de vistas personales sobre ciertas cuestiones relevantes.  

"Ninguna reforma educacional ni laboral logrará su objetivosi no partimos por desafiar la manera poco constructiva que hemos adoptado para relacionarnos"

Ninguna reforma educacional ni laboral logrará su objetivo en términos de desarrollo de una convivencia armónica entre ciudadanos diversos si no partimos por desafiar la manera poco constructiva que hemos adoptado en el último tiempo de relacionarnos y referirnos a un otro que difiere de nuestra manera única de entender en el mundo.

Segundo, démosle la importancia real que tiene el lenguaje en su capacidad infinita de construir realidades, y por lo mismo cuidémoslo.

Si queremos avanzar en tan anhelado “proceso de desarrollo” tenemos que entender que este pasa no sólo por lograr a cifras económicas, Coeficientes de Gini o logros en test internacionales en diferentes ámbitos del conocimiento, sino también por avanzar a la par en el desarrollo de un clima y cultura de convivencia sana y de respeto.

Un país desarrollado es un país en donde se logra valorar y destacar lo que nos une y nos otorga una identidad de chilenos por pertenencia, y por lo tanto, en donde se le da suma importancia al cuidado del lenguaje en el proceso de destacar las diferencias.

Para esto tenemos que partir por comprometernos en erradicar de los adultos y sobre todo de las autoridades y líderes de opinión, el uso frecuente de un lenguaje odioso y discriminador.

Así, mis deseos para este año nuevo que comienza es que como ciudadanos y como país, invirtamos mucho más en el desarrollo del  respeto, respeto y más respeto, entre y para todos.

Un país que es capaz de cuestionarse, repensarse y proyectarse, es un país que crece, pero el gran desafío que tenemos todos es lograr que ese crecimiento se realice en un contexto de respeto.


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