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¡Salvemos el sistema de Alta Dirección Pública!
Opinión

¡Salvemos el sistema de Alta Dirección Pública!

A 10 años de la implementación del Sistema de Alta Dirección Pública (ADP), es necesario que realicemos una reflexión seria sobre el actual estado de este mecanismo de selección de altos funcionarios públicos, basado en el mérito y capacidades de los profesionales. 

En 2004 el sistema de ADP conducido por un consejo integrado por cinco personas, debutó con 417 cargos disponibles para ser seleccionados bajo dicha modalidad. Tras 10 años de existencia, hoy son 1.248 los cargos que se eligen mediante concursos públicos.

Si consideramos que el 63% de las personas que ocupaban cargos de primer nivel fueron desvinculados después de asumir el ex Presidente Piñera y que entre marzo y octubre de este año, luego de la llegada de la Nueva Mayoría al poder, la salida de estos directivos llega al 64%. Podemos señalar que se ha perdido el espíritu de este mecanismo y sólo nos estamos quedando con los altos costos monetarios que mantener un sistema como éste. 

"Se ha perdido el espíritu del Sistema de Alta Dirección Pública y sólo nos estamos quedando con los altos costos monetarios que mantener un sistema como éste."

El cambio de cada profesional que se rige por este sistema antes de que termine su período administrativo para el cual fue elegido -3 años renovables por otros 3 años- le cuesta a todos los chilenos y chilenas en promedio $30 millones.

Si esto lo multiplicamos por los números estimados de desvinculaciones que se han dado en cada cambio de coalición de gobierno, llegamos a una cifra cercana a los $23 mil millones. Cifra superior al presupuesto total que administran muchos servicios públicos, encargados de cubrir necesidades básicas de grupos vulnerables del país. 

Varias voces han señalado que el origen de los problemas del sistema  de ADP radica en su génesis. Recordemos que parte del proceso de reformas de modernización del Estado, fruto del acuerdo político de 2003 entre el gobierno del ex Presidente Ricardo Lagos y la Alianza, como respuesta a las irregularidades detectadas en el Ministerio de Obras Públicas.

El fin último, en el minuto que se creó el sistema, fue intentar limpiar la enlodada imagen de gobierno de la época, tras el escándalo del caso Mop-Gate

"La gran interrogante que debemos responder es si verdaderamente queremos invertir neuronas en definir cómo recuperamos la ADP"

La gran interrogante que debemos responder es si verdaderamente queremos invertir neuronas en definir cómo recuperamos la ADP. Es sincerar si la clase política chilena está dispuesta a crear una carrera funcionaria de alta dirección que les va a disminuir el total de altos cargos que pueden repartir entre sus cercanos; que cuentan con su confianza política cada vez que ganen democráticamente el derecho de gobernar.

Si la respuesta es no, entonces reconozcamos que no estamos preparados como país para tener un sistema tan virtuoso y necesario y dejemos de gastar recursos de todos en mantener una máscara bonita, pero inútil.

Personalmente considero que el sistema ADP posee una serie de virtudes que son muy positivas para la administración y conducción del país, y por lo tanto, vale la pena jugárselas para salvarlo.  

El camino que debemos recorrer para lograr resucitar el sistema no es fácil, ni corto. Actualmente se está hablando de varias modificaciones a la normativa que lo rige, que buscan evitar que un despido de este tipo esté motivado por razones de desconfianza política y no por una mala evaluación del desempeño de los directivos.

"Entender que el trabajo profesional y técnico no sólo se puede hacer entre amigos o entre personas que piensan igual."

Si bien las modificaciones reglamentarias pueden ayudar, lo que realmente debe suceder en Chile para que un sistema como éste recupere su esencia es que hagamos un esfuerzo por entender que el trabajo profesional y técnico no sólo se puede hacer entre amigos o entre personas que piensan igual, sino también se pueden desarrollar relaciones laborales positivas, entre el mundo político partidista y profesionales que están dispuestos a jugárselas por profesionalizar y hacer del servicio público un lugar de excelencia donde muchos sueñen trabajar. 

Si Obama y Castro esta semana volvieron a conversar. ¿Cómo nosotros no vamos a poder romper las desconfianzas y barreras necesarias para poder construir un sistema público mejor para todos?


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