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Política de drogas: Sudar hoy para no sangrar mañana
Opinión

Política de drogas: Sudar hoy para no sangrar mañana

Durante las últimas semanas, el ex Presidente, Ricardo Lagos Escobar, ha levantado una serie de reflexiones que ha definido como “temas del mañana”. Concuerdo con él, uno de los puntos que es imperioso poner en la agenda pública nacional es la necesidad que tenemos de revisar y modificar nuestra política de drogas. 

Este es un tema de gran importancia y uno de los grandes desafíos que como sociedad tendremos que abordar. Este cambio se viene, y con una magnitud y velocidad mucho más fuerte del que muchos políticos y autoridades chilenas quieren pensar y aceptar.

Durante los últimos 20 años se ha pecado de no haberle dado a esta temática la importancia y prioridad que se merece, esquivándose sistemáticamente en todos los gobiernos desde el retorno a la democrácia.

La apuesta general ha sido mantener el status quo, soslayando algunas reflexiones y críticas que nunca han permitido entrar a un debate serio y responsable sobre cuál es la mejor manera de avanzar hacia una política de drogas más humana.

Sin temor a equivocarme, puedo afirmar que la redefinición de la política de drogas es un tema que complica en demasía y se entiende que así sea, pero no por eso podemos permitir que esto sea silenciado y escondido.

No es fácil definir una nueva dirección de nuestra política de drogas, sobre todo porque ésta ha sido internacionalmente consensuada, implementada de manera muy homogénea en la mayoría de los países del mundo desde sus orígenes, y por lo mismo, hay muy poca evidencia empírica comparada de posibles modelos a seguir.

"La actual política de drogas no sólo no ha sido efectiva por la no consecución del impacto esperado, sino también porque como país hemos fallado en el desarrollo equitativo."

Sin embargo, tenemos una vasta experiencia con los procesos de legalización, regulación y fiscalización del consumo de alcohol y tabaco, que nos pueden y deben ayudar a proyectar una ruta responsable, que maximice los aciertos y minimice los errores.

Estoy convencida de que hay que comenzar a dar los primeros pasos en la definición de un camino para abordar esta problemática desde una mirada mucho más humana y comprehensiva. Una visión que reflexione no sólo sobre los logros, fracasos y consecuencias de la actual aproximación a este tema, sino también sobre las causas de todos aquellos aspectos que han facilitado la instalación de un Estado de bienestar paralelo (el narcotráfico) en muchos barrios de nuestro país.

La actual política de drogas no sólo no ha sido efectiva por la no consecución del impacto esperado de sus planes y acciones específicas, sino también porque como país hemos fallado en el desarrollo equitativo y decidido en los ámbitos de  educación, integración, desarrollo urbano y salud, entre otros. 

"Se ha pecado de no haberle dado a esta temática (las drogas) la importancia y prioridad que se merece, esquivándose sistemáticamente en todos los gobiernos desde el retorno a la democracia."

Una postura pragmática para comenzar, sería dejar de considerar incompatibles y antagonistas los dos argumentos que han sido la punta de lanza de las posturas que hasta ahora se han enfrentado. Tal cual lo señala Arianna Huffington, debemos reconocer como verdaderos y posibles de coexistir:

  1. La actual política de drogas no he tenido los resultados esperados, y sus efectos negativos superan los beneficios logrados.
  2. El consumo de drogas tiene un efecto negativo en el proceso de desarrollo de los niños y jóvenes, por lo tanto, hay implementar todas las medidas que hayan probado efectividad para evitarlo.

Dicho lo anterior, el gran desafío que tenemos, es definir de una manera muy realista, documentada e incremental, el cómo logramos avanzar en el proceso de despenalización de las drogas no legales, resguardando que este proceso tenga el mínimo impacto en los grupos más vulnerables a esta medida: los niños, adolescentes, personas dependientes, y grupos de menor nivel socioeconómico por su dificultad de enfrentar los estragos que tiene un consumo abusivo.

El desafío no es simple, ni pequeño, ni fácil de lograr, pero es indispensable de enfrentar proactivamente. El llamado es a ser responsables, sobre todo en estos tiempos en que el debate en general se ha reducido a slogans y consignas facilistas, a posturas dicotómicas excluyentes, y a la existencia de propuestas bien intencionadas pero que carecen de la profundidad e inclusividad que una reforma como ésta necesita. Para avanzar hay que empezar hoy a trabajar, siendo valientes, honestos, y estando dispuestos a sudar hoy, para no sangrar mañana.


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