Un cuento para María, José, Cristóbal y Aurora
Opinión

Un cuento para María, José, Cristóbal y Aurora

Los días pasan y el cuento “Nicolás tiene dos papas” sigue prendiendo pasiones en muchos espacios de conversación y opinión. Sin lugar a dudas, esta historia busca que nuestros hij@s crezcan con una comprensión y sensibilidad sobre el valor de la diversidad infinitamente más amplia de la que muchos adultos chilenos tienen hoy en día. Aplaudo esta iniciativa, y aprovecho este “momentum” para invitarlos a que nos desafiemos aún más, y escribamos otros cuentos, pero esta vez sobre María, José, Cristóbal y Aurora.

María tiene 13 años y ya es mamá. Sus hijos no viven con ella, porque está dando la pelea por dejar la pasta base y forjarse una vida diferente a la que le ha tocado “sobrellevar”. Sueña con poder rehabilitarse pronto para poder estudiar y trabajar, pero no sabe si lo va a lograr. Nunca ha encontrado una escuela en donde su historia de vida no sea vista como un problema, y quieran jugársela por a ella.

"¿Cómo aseguramos que en ell@s no haya parámetros morales ni prejuicios posibles que les permita ignorar?"

José nació y creció en una familia en la que todas las necesidades materiales estuvieron siempre cubiertas sin mayores contratiempos. Todos los fines de semana existía una razón, para que su tío Tomás fuera a su casa a compartir. José, sin embargo, nunca disfrutó sus visitas y siempre sintió que sus caricias lo agredían. Los retos de su mamá cada vez que se lo comentaba hicieron que su confusión, trauma y vergüenza, no lo dejaran llegar a ser un gran arquitecto, como siempre se soñó. Decidió partir a los 16, para dejar de sentir.

Cristóbal dejó a su familia a los 8 años convencido que la calle era un lugar donde iba a estar mejor que en su casa, donde no le paraban de pegar.  Hoy vive en diferentes rincones de la ciudad junto a otros niñ@s de su edad.  Aunque todos los días tiene que salir a trabajar, y nunca sabe dónde va a terminar su día, se siente seguro por tener amig@s, que si un dia no llega lo van extrañar, y si se mete en problemas lo van a defender y “cuidar”. Todo esto lo hace sentirse vivo, cosa que nunca antes había sentido en su hogar.

Aurora nació, pero ni siquiera se sabe bien si alcanzó a respirar, porque la fueron a dejar a un basural...

Estas cuatro historias de vida nos ponen ante un desafío similar al cuento de Nicolás: ¿Cómo logramos que nuestros hij@s crezcan con un sentido de humanida, y justicia infinitamente más desarrollado y agudo que el de mucho de nosotros? ¿Cómo lo hacemos para que en las nuevas generaciones de chilen@s, estas vidas nunca les dejen de importar, jamás las busquen invisibilizar y mucho menos silenciar? ¿Cómo aseguramos que en ell@s no haya parámetros morales ni prejuicios posibles que les permita ignorar?

A María, José, Cristóbal y Aurora les encantaría que escribieran un cuento sobre ellos, si eso les ayudase a tener una familia con una mamá; o un papá; o una mamá y un papá; o dos papás o dos mamás, que los miren a los ojos, los acojan, los abracen, y los quieran. Estarían también muy felices si se hicieran más películas y se escribieran muchas novelas sobre sus vidas si eso les asegurara que el Estado y la sociedad chilena los conozca y reconozca, los respete, los defienda y promueva sus derechos.


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