Crédito: A. Uno
El Caso Larraín
Opinión

El Caso Larraín

La semana pasada se dio a conocer el veredicto que absolvió a Martin Larraín de cualquier responsabilidad en la muerte del señor Canales y condenó  a sus amigos por obstrucción a la investigación. Resultado exactamente opuesto al primer juicio. 

Es llamativo que este segundo juicio no fue buscado por el Señor Larraín ni su abogado. No obstante haber sido condenado por cuasidelito de homicidio, no por manejo en estado de ebriedad causando muerte, el acusado se conformó con su condena.

Fue el Ministerio Público quien intentó, y logró, un segundo juicio. Pero la nulidad no decía relación con Martín Larraín, esas causales fueron rechazadas por la Corte de Apelaciones de Talca. El primer juicio fue anulado por la absolución del cargo de obstrucción a la investigación que benefició a sus amigos.

"No se entiende por qué la Corte Apelaciones de Talca no ordenó la nulidad parcial del primer juicio por el delito de obstrucción a la investigación, y obligó a Larraín a ir a un segundo juicio."

No se entiende por qué la Corte Apelaciones de Talca no ordenó la nulidad parcial del primer juicio por el delito de obstrucción a la investigación, y obligó a Larraín a ir a un segundo juicio. La propia Corte no fue convencida por el Ministerio Público que Martin Larraín manejaba en estado de ebriedad. 

En el segundo juicio -como bien se sabe- Larraín fue absuelto incluso del cuasidelito de homicidio y sus amigos condenados por obstrucción a la investigación. El veredicto explicita que el Sr. Canales caminaba con 2,43 grados de alcohol en la sangre, por un lugar cuya berma no estaba bien señalizada, que tenía un ancho de dos metros y lo hacía justo en una curva. Por lo cual parece poco probable que haya caminado en línea recta y pegado a la berma y no sobre la calle.

Por lo tanto, razona el veredicto, Larraín no podía evitar el accidente y la muerte no le es imputable. También se le absuelve del delito de no prestar auxilio. No porque, como erradamente dicen algunos, fue la ley Emilia la que creo dicho delito y no estaba vigente, porque el delito existe hace años, sino porque el Ministerio Público no acusó por dicho delito y además se estimó que sí detuvo la marcha con base a la declaración de una testigo.

Será interesante leer la sentencia ya que mucha de la argumentación contenida en el veredicto resulta refutada si se lee la primer sentencia que condenó a Larraín. 

Pero lo que más llamó mi atención no fue la absolución. Cualquier abogado sabe que el resultado de un juicio la mayoría de las veces es impredecible. Por suerte, porque saber de antemano el resultado sin que se hayan producido las pruebas, implicaría simplemente que los jueces no oyen la prueba y fallan con base en prejuicios. 

"Cualquier abogado sabe que el resultado de un juicio la es impredecible. Por suerte, porque saber de antemano el resultado sin que se hayan producido las pruebas, implicaría simplemente que los jueces fallan con base en prejuicios."

Lo sorprendente fue que en pocos segundos las redes sociales enardecían en críticas al veredicto. Todo ello sin haber ido a una sola audiencia, ni leído la sentencia del primer juicio (de 160 páginas), ni la nulidad; probablemente sin haber visto el veredicto.

Insultaban a los jueces y asumían que Larraín conducía borracho, sin considerar que en ninguna instancia judicial se logró acreditar que hubiese conducido ebrio, ¡en ninguna!, pero la masa sabía mejor lo que había pasado que 6 jueces, los 3 del primero y 3 del segundo juicio, y que escucharon toda la prueba. 

Entiendo que la actitud del propio Larraín de no esperar a que llegara la policía resulta reprochable, eso sí me gustaría saber cuántos de los que rasgan vestiduras lo harían cuando confían que nadie los vio.

"Es inaceptable que así como ciertos sectores solo se acuerdan de la presunción de inocencia cuando tocan a los suyos, otros solo exijan “el máximo rigor de la ley” cuando se trata del hijo de un senador que no les gusta."

Que sus amigos tengan la frialdad o seguridad de que pertenecen a un grupo que confía en que no se les aplica la ley y por lo tanto pueden mentirle a Carabineros, enfurece. Comparto el repudio al ex Senador Larraín cada vez que cree que es gracioso insultando a determinadas personas y que manchó todo el proceso al pagar bajo cuerda y a espaldas de los abogados de su hijo 10 millones a la viuda de Canales. Todo eso es comprensible y puede explicar  las reacciones irracionales.  

Sin embargo, lo que es inaceptable es que así como ciertos sectores solo se acuerdan de la presunción de inocencia cuando tocan a los suyos, que otros solo exijan “ley y orden” o “el máximo rigor de la ley” cuando se trata del hijo de un senador que no les gusta.

Es cierto que pueden existir errores judiciales, pero para decir que estamos frente a uno se requiere un mínimo de seriedad y aportar antecedentes, pruebas o evidencias de ello. La mayor o menor simpatía hacia el inculpado o su padre no puede ser el baremo para decidir si estamos frente a un error de la justicia. 


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