Crédito: A. Uno
It’s a man’s world
Opinión

It’s a man’s world

Voy a empezar esta columna usando las palabras con las que Simone de Beauvoir  empieza su libro “The Second Sex” (1949): “Por mucho tiempo me he contenido de escribir sobre la mujer. El tema es irritante, especialmente para las mujeres; y no es nuevo. Suficiente tinta se ha derramado en el feminismo, y quizás no deberíamos decir nada más. Sin embargo, la cantidad de idioteces pronunciadas en el último siglo (*en Chile, alcanzan los últimos meses) hacen poco para iluminar el problema. Después de todo ¿Hay algún problema? Si hay uno ¿Cuál es? ¿Hay mujeres, realmente?” (mi traducción).

Los economistas usualmente estudian la desigualdad entre hombres y mujeres a través de lo que llaman discriminación laboral femenina, que serían las diferencias salariales (u otro resultado en el mercado laboral) que no son atribuibles a características de productividad. Así, personas que tienen la misma ocupación, calificación académica, experiencia laboral y jornada laboral, deberían tener salarios estadísticamente iguales. Los estudios en general encuentran que aunque las diferencias salariales entre hombres y mujeres son altas, cuando se compara a los “iguales” en productividad, las diferencias se reducen significativamente e incluso en algunas profesiones (Medicina, por ejemplo), desaparecen (ver artículos de Bravo, Sanhueza y Urzúa, 2008). Una opinión de este estilo es, por ejemplo, la explicada por José Ramón Valente en esta columna. La conclusión así visto el problema es que la única política posible para la igualdad es que las mujeres mejoren en los ámbitos de su productividad: elijan ocupaciones más rentables, alcancen más años de educación, adquieran más experiencia laboral y trabajen tiempo completo. Básicamente, si no hay igualdad salarial, es culpa de ellas, que no lo hacen tan bien como los hombres.

"Los estudios en general encuentran que aunque las diferencias salariales entre hombres y mujeres son altas, cuando se compara a los “iguales” en productividad, las diferencias se reducen significativamente e incluso en algunas profesiones desaparecen"

El problema de creer que la discriminación laboral femenina se reduce a las diferencias en factores asociados a productividad entre hombres y mujeres es que oculta los principales factores que han causado estas diferencias: factores históricos, políticos, sociales y culturales, entre otros.

Es bastante increíble, pero las personas parecemos olvidar, excepto aquellas que se dedican a la historia, nuestro propio pasado. Quisiera recordar que las mujeres pertenecemos a un “pueblo” subyugado, castigado y creído seres humanos inferiores por varios cientos de años. Brutal, pero cierto. Gradualmente nos hemos ido moviendo a formas más débiles de dependencia, pero no nos confundamos! Aún no formamos parte plena en esta sociedad ni tampoco somos consideradas humanos “iguales”. John Stuart Mill lo describe tan bien en su texto “The subjection of women” (La sumisión de las mujeres, 1869.) La condición de dependencia de la mujer proviene de un estado primitivo de esclavitud, causado por “la ley del más fuerte.”

Las actuales leyes y sistemas políticos (instituciones) se basan en ese origen, por ello están “manchados” de una “esclavitud primitiva”. La historia nos enseña que hasta que no existen otras voces o movilización social que cambien la lógica del sentido común y eso se traduzca en cambios institucionales y también de prácticas sociales, simplemente seguimos anclados a lo primitivo. Y lo primitivo es que la mujer es un ser inferior.

Hay que recordar que solamente en la primera mitad del siglo pasado la mujer empezó a ampliar su campo de movimiento. Fue “aceptada” por los hombres en la sociedad. Marie Curie recibió su primer premio Nobel el año 1903, después de haber sido rechazada varias veces de la Academia de Ciencias en Francia, y solamente porque Pierre Curie, su esposo, exigió que ella fuera parte de los galardonados. El Nobel no era inicialmente para ella. Aún así a los dos les dieron el mismo dinero, no a cada uno el suyo. En la Universidad de Cambridge las mujeres no podían recibir títulos de estas. Joan Clarke, quien trabajó con Alan Turing en descifrar el código Enigma en la segunda guerra mundial, estudió matemática en Cambridge, pero no le dieron el título. En Chile, las mujeres participaron por primera vez en una elección presidencial recién en 1952.

Ahora bien, ¿qué significa esto de ser “aceptadas”?  En realidad, lo que ha pasado en el tiempo es que la mujer ha sido aceptada en un mundo construido por hombres, con instituciones diseñadas por hombres. Solamente la mitad de la sociedad. Entonces, usualmente las mujeres que tienen “éxito” en este mundo son aquellas que calzan con lo que esta sociedad, diseñada por hombres, ha instalado como valuables. Simone de Beauvoir (1949) notaba que aunque las mujeres son biológicamente diferentes de los hombres, ya que poseen los órganos y funciones de maternidad… “no es eso la causa de la opresión de las mujeres; tal degradación es exclusivamente el resultado de las instituciones y las leyes de la sociedad patriarcal.” No sólo las leyes como la ley de interrupción del embarazo, sino los valores culturales, éticos y políticos.

Que la mujer (y todos en general) valoren cada vez más el cuerpo de Jhendelyn Nuñez no es sino el resultado de lo que esta sociedad, en la que hemos sido aceptadas, valora. Como dicen los economistas, ¡todo es endógeno! En el fondo, mientras no participemos del diseño de las leyes que nos rigen, solamente somos aceptadas en el “club.” Y a uno lo aceptan en un club si cumple con las reglas del club y se compromete a seguirlas. Una sociedad en cambio se construye atendiendo a los intereses y opiniones de todos. Ciertamente, estamos lo suficientemente contaminadas como para probablemente ni comprender de que manera las reglas nos pueden afectar. Somos descendientes de un pueblo “esclavizado” y prisioneras de nuestra propia historia. Sin embargo, al menos tener conciencia de eso, nos puede hacer un poco más libres.

"Finlandia fue el primer país en el mundo en legalizar el aborto como un derecho, ya en 1907 había elegido a la primera parlamentaria. Hoy en día es el mejor país en los principales indicadores de empoderamiento femenino."

Mirando la experiencia internacional, el caso de Islandia, por ejemplo, es bastante notable. El 24 de octubre de 1975, las mujeres hicieron una huelga conocida como “brazos caídos”. Ese día ninguna mujer hizo absolutamente nada: no cuidaron a sus hijos, no trabajaron, no tuvieron sexo con nadie, no hicieron nada. Solamente para que el resto del país (hombres) notaran de alguna manera qué era lo que hacía la otra mitad. Finlandia fue el primer país en el mundo en legalizar el aborto como un derecho, ya en 1907 había elegido a la primera parlamentaria. Hoy en día es el mejor país en los principales indicadores de empoderamiento femenino. Noruega tiene cuotas de participación en los directorios de empresas privadas y públicas. Estos países tienen las más altas tasas de participación laboral femenina que alcanzan el 80%. Pero eso no es lo más relevante, estos países funcionan diferente.

En Chile, aún estamos tan lejos. Pero incluso en el mundo estamos muy lejos. Los últimos días hemos escuchado desde la famosa actriz Patricia Arquette en los premios Oscar 2015 exigiendo igualdad económica y los mismos derechos para hombres y mujeres en Estados Unidos hasta la presidenta del FMI, Christine Largarde acusando de “Insidious Conspiracy” (conspiración maliciosa) la actual discriminación de género en los países que causa costos de hasta el 30% del PIB.

Creo que no hemos entendido bien la idea de la inserción de la mujer en la sociedad. No se trata de que las mujeres sean aceptadas en la sociedad “patriarcal” en la que vivimos con las reglas del club que se han establecido por siglos. ¡Se trata de que sean aceptadas como seres humanos! Igual que los hombres son seres humanos y tantas otras categorías de sexo que existen en el mundo (según estudios recientes no hay tal cosa como solamente hombres y mujeres sino una gama más continua de tipos de sexos.) Se trata de que las mujeres construyan también la sociedad. Ese es no solamente su derecho, sino su deber. Por eso deben estar representadas en los puestos de poder político y económico en igualdad. No porque hayan alcanzado la “misma productividad que el hombre,” productividad medida según parámetros de una sociedad también “patriarcal.” Sino porque necesitamos que esa mitad del mundo, que ha estado ausente en esas “mesas de diseño de la sociedad patriarcal” no esté más ausente.

Igual es notable la abundante evidencia que indica que las cosas podrían ser muy diferentes si las mujeres estuvieran más presentes en la sociedad en los espacios típicamente masculinos. En lugares en donde las mujeres han sido forzadas a estar en directorios, sociedades o consejos municipales, el gasto social en educación y salud es mayor que comparados a mismos lugares sin ellas presentes. También se dice que las mujeres, en promedio, son menos competitivas que los hombres. Lo que muestra que hay otro grado de valoración del éxito en la vida. Eso mismo las hace no llegar a puestos u ocupaciones donde eso es altamente valorado. La academia es un buen ejemplo.

"Se trata de que las mujeres construyan también la sociedad. Ese es no solamente su derecho, sino su deber"

Para lograr que la mujer se inserte en la sociedad y la construya desde dentro hay muchas políticas posibles, entre ellas las cuotas de participación en directorios, políticas, sociales, incluso laborales. Se logra también con leyes que permitan la igualdad de derechos. Que las diferencias biológicas no se traduzcan en diferencias sociales. El tema de la interrupción del embarazo es uno de esos. Cuando las sociedades no tienen normas que permitan a la mujer interrumpir un embarazo, son sociedades en las cuales la mujer no puede decidir de quien tener un hijo, mientras que el hombre si. Si se fijan, en Chile por ejemplo, en donde es ilegal interrumpir el embarazo en toda circunstancia, el hombre podría caminar por la calle, ver a una mujer que le guste, seguirla, violarla, dejarla embarazada, quizás ir a la cárcel por ello. Pero su objetivo estará cumplido.

Él decidió tener un hijo de ella y la ley le permite tenerlo. Ella en cambio, debería, según las reglas de esa sociedad, tener ese hijo. Ella no decidió tener un hijo de él y la ley la obliga a tenerlo o sufrir las consecuencias económicas, sociales y penales correspondientes. Es más, la regla en su lado más profundo, indica que la mujer es “inferior”, ya que no puede pensar por sí misma, si puede o no tener un hijo. La ley le impide interrumpir el embarazo si ella lo decide. Todo esto basado además en creencias religiosas de una religión cuya Iglesia también está administrada puramente por hombres. Como dijo la Directora Ejecutiva de ONU Mujeres, Phumzile Mlambo, en esta entrevista, en Chile se violan los derechos humanos de las mujeres al no permitir que ellas tengan derecho a decidir cuando y con quien tener hijos.

En definitiva, el tema de la discriminación femenina y la baja participación de la mujer en la sociedad es un problema generalizado, impregnado en los mensajes que se trasmiten en la niñez, en la publicidad, en los medios, en el hogar, en el trabajo, en las escuelas, en las universidades, en las reglas que nos rigen, en como nos vemos unos a otros, en lo que valoramos. Es un problema resiliente, que se ha perpetuado por siglos, enraizado en las más antiguas normas sociales y que sobrevive hasta hoy en día enclavado en todas nuestras instituciones.

Es un problema costoso, las sociedades se pierden la mitad de sus seres humanos con todas sus visiones, sus experiencias, incluso sus herencias de pueblo oprimido. Eso tiene costos económicos y sociales que son altos y significativos. Es además injusto, es tratar diferentes a quienes son iguales como “seres humanos” y dejar que las injusticias se perpetúen en el tiempo. Finalmente, creo que solucionarlo requiere de políticas que no tengan como objetivo la buena inserción de la mujer en el club de hombres, sino que tengan como objetivo la participación de las mujeres en las reglas que se diseñan para una sociedad construida por todos. ¡Aunque a usted no le guste!


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