Crédito: A. Uno
Precios en un desastre natural
Opinión

Precios en un desastre natural

En medio de uno de los desastres naturales más significativos que ha vivido Chile en el último tiempo, en los noticieros y redes sociales comunicaban que algunos vendedores de las regiones de Antofagasta y Atacama estaban especulando con el precio del agua y los alimentos.

Parecía que la mayor parte de la población estaba enojada con la situación. ¿Cómo pueden aprovecharse de las personas en tiempos de tanto sufrimiento? Sin embargo, hubo también otros, usualmente defensores del “libre mercado,” que llamaron a dichas opiniones una “tontera.” ¡No entender como se forman los precios!

¿Qué pasa acá?

Una situación idéntica describe y discute Michael J. Sandel en el capítulo 1 de “Justice” (2009) (un extracto de este capítulo puede ser leído acá). Él habla del caso de la ley de especulación de precios que existe en el estado de Florida en Estados Unidos y como esta permitió que muchos ciudadanos fueran más tarde compensados por comportamiento especulativo de los precios de la bencina, alojamiento y hielo, de varios negocios durante las inundaciones del huracán Katrina.

Pasa que en el funcionamiento del libre mercado los precios son simplemente el reflejo de la interacción de oferta y demanda. Y en esta, las valoraciones que oferentes y demandantes ponen en los que se está tranzando libremente en el mercado. Por lo tanto, cambios en los precios son reflejo simplemente de cambios en las valoraciones. No hay ningún argumento ético acá.

No hay ningún “precio justo”, por así decirlo: ni antes, ni ahora. Los “consumidores” están dispuestos a pagar más por esos bienes. Así que se tranzan a un precio mayor. De hecho, esos precios más altos permitirían dos cosas: disminuir la cantidad demandada de esos bienes, lo que sería bueno porque están más escasos, y aumentar la oferta, ya que incentivaría a otros oferentes a llevar esos bienes que se están ofreciendo a precios más altos en esas regiones.

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Incluso, el funcionamiento del libre mercado predeciría que esos precios bajan en el largo plazo para llegar a un equilibrio. Así entendido el problema y la solución, más que empezar a “demonizar” a los vendedores, mejor los dejamos hacer lo que les parezca para que el mercado actúe los más pronto posible. 

Sin embargo, el subsecretario Aleuy se refirió duramente acerca de esta situación y dijo “que no exista especulación en el precio de los alimentos y en particular del agua. En situaciones como esta hay que hacer un esfuerzo para no aprovecharse de la necesidad de las personas.”

La pregunta importante que nos hacemos, y se la hace Sandel en este libro es ¿Es justo que los vendedores especulen con los precios en el medio de un desastre natural? ¿Debe la ley prohibirlo?

Para responder esta pregunta de justicia Sandel gira en torno a tres ejes argumentativos: el bienestar, la libertad y la virtud.

Desde el punto de vista de los defensores del libre mercado los argumentos giran en torno a dos ejes: bienestar y libertad. Bienestar en el sentido que si todos los supuestos se cumplen (perfecta información, libertad de precios, libre movilidad, entre otros) el funcionamiento del libre mercado nos hace alcanzar en máximo bienestar agregado. Libertad, en el sentido que quienes concurren al mercado lo hacen libremente y afectar esas condiciones prohibiendo la especulación de precios, por ejemplo, altera dicha libertad.

Por otra parte, los argumentos a favor de las leyes de especulación de precios recalcan dos cosas en estos mismos ejes. En cuanto al bienestar, que los defensores del libre mercado no se están ponderando más las pérdidas de bienestar de quienes han tenido que simplemente dejar de consumir cierta cantidad de bienes que antes consumían a los precios más bajos.

En el caso del agua, puede ser una condición de necesidad básica de sobrevivencia, por lo tanto habría que ponderar esa pérdida de bienestar como la pérdida de la vida. Por otra parte, es cuestionable qué tanta libertad tengan los consumidores en circunstancias de desastre natural y necesidad básica otra vez. No es que alguien tenga la libertad de decidir no consumir agua o alimentos.

Pero es el tercer eje argumentativo que a mi me parece el más novedoso. Es el argumento ético. Como dijo el subsecretario Aleuy, no está bien aprovecharse de los ciudadanos (nuestros con-ciudadanos) que están sufriendo.

Dicho comportamiento, avaro, no nos ayuda a construir una sociedad en la cual los ciudadanos se cuiden unos a otros. Va en contra de lo que conocemos como “virtud cívica.” No construye comunidad. Es verdad que la ley que prohíbe la especulación de precios en Florida no elimina la avaricia, dice Sandel.

Pero también es cierto que al igual que los precios son señales, las leyes son señales. Y castigar la especulación de precios en un desastre natural señaliza que dicho comportamiento es algo que la sociedad no promueve. Que por otra parte, la sociedad promueve la solidaridad en tiempos de crisis. Al libre mercado no se le puede exigir promoción de valores, pero a las leyes que nos rigen, a las formas en que decidimos como organizarnos como sociedad, a esas si se les puede exigir más justicia.

Pensar en una sociedad en términos del “libre mercado” no es igual a pensar la sociedad en términos de la construcción de una comunidad. Mucho nos hemos quedado discutiendo en torno a la libertad versus la igualdad, y se nos ha escapado el objetivo de la fraternidad.


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