Crédito: Agencia Uno
Quién entiende a la DC
Opinión

Quién entiende a la DC

El proyecto de Reforma Educacional que acaba de aprobar el Senado dejó en evidencia, una vez más, que la Democracia Cristiana es madre y maestra en decir una cosa y luego hacer otra.

Son simpáticos los decés; y los hay en todas partes, estratos sociales y familias. Son gente en general bien intencionada cuyo principal poder es este hechizo que lanzan sobre su interlocutor para hacerle creer que, en el fondo, ambos están de acuerdo. Por eso la DC puede estar en cualquier parte: en la derecha, como en casi todo el mundo; o con los comunistas, como en Chile.

Pero este jueguito tan DC de quedar bien con todos tiene un límite cuando llega el momento de actuar y se ven obligados a tomar una postura. Porque claro, en el debate se puede usar mucho el “si bien es cierto no es menos cierto”, pero a la hora de votar –al final de las palabras– viene la decisión: sí o no, apruebo o rechazo.

"Los DC son gente en general bien intencionada cuyo principal poder es este hechizo que lanzan sobre su interlocutor para hacerle creer queambos están de acuerdo"

Confieso que se me cayó una lágrima de emoción cuando oí a los senadores Walker y Zaldívar defender la selección por mérito de los liceos emblemáticos. Decían que no podían destruir este vehículo de movilidad social, que el Instituto Nacional era parte del alma de Chile, que había que fomentar el mérito y premiar a las familias que con esfuerzo y disciplina ayudaban a sus niños a salir adelante. Creo que ni Ayn Rand lo podría haber dicho mejor.

Pero llegó la hora de las definiciones. En el caso de los demás partidos políticos uno siempre sabe más o menos cómo viene la mano. Pero no con la DC. No. Con ellos es como el más infartante de los tie breaks, es como el final de Sexto Sentido.

Permítame adelantarle el final: no sólo no defendieron la selección por mérito, sino que lograron empeorar el proyecto que venía de la Cámara. En un giro increíble e inesperado la historia termina así: la Cámara había aprobado una tómbola premium para los liceos emblemáticos, un sorteo en el que sólo podrían participar los alumnos que estuvieran en el 20% mejor de la generación de su colegio. Al menos algo de mérito había en esa propuesta. Sin embargo, el proyecto que salió del Senado limita esta tómbola premium para el 30% de los cupos; el 70% restante se llenará con una tómbola en la que cualquiera podrá participar. ¿Y la selección por mérito? Fueron palabras, sólo palabras.

"Para el Walker parlante el sostenedor-emprendedor debe ser defendido; para el Walker votante el sostenedor-emprendedor es un delincuente."

¿Quiere otro ejemplo? El 4 de octubre pasado un sostenedor escribió una sentida carta en El Mercurio titulada “de emprendedor a delincuente” donde se quejaba amargamente de la cárcel por lucro y otras iniciativas de la Nueva Mayoría. El país entero se sorprendió al abrir el diario al día siguiente y descubrir que Ignacio Walker le respondía al sostenedor: “los sostenedores van a seguir haciendo lo mismo, e incluso mejor. Vamos a asegurar de que así ocurra”. Otra lágrima en mi mejilla.

Pero de nuevo llegó la hora de las definiciones y de nuevo la DC hizo una cosa distinta a lo declarado. En efecto, no sólo pusieron en la ley una listita con las cosas que estos colegios pueden hacer (todo lo demás queda prohibido) sino que además el mismísimo presidente de la DC votó a favor de la cárcel para quien incumpla esta norma. Para el Walker parlante el sostenedor-emprendedor debe ser defendido; para el Walker votante el sostenedor-emprendedor es un delincuente.

Así son estos decé. Y si Walker es candidato presidencial, no leeré su programa sin antes aprovisionarme de abundantes pañuelos desechables. Por las lágrimas en mi mejilla.


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