Crédito: AP
Neruda, Elena Garro y la picaresca de la guerra civil
Opinión

Neruda, Elena Garro y la picaresca de la guerra civil

Solo una escritora con la personalidad de Elena Garro puede hablar de la cruenta Guerra Civil española con ironía y de paso darle sendos garrotazos a Neruda. 

En 1937, esta joven entonces de 20 años acompaña a Octavio Paz al famoso Congreso de Intelectuales antifacistas en Valencia. El encuentro fue muy difundido pero no así muchos de sus entretelones hasta que Garro publicó sus Memorias de España 1937.

Probablemente Elena era la asistente más joven y quizás por eso retrata a los grandes protagonistas del Congreso con total libertad. De Neruda, por ejemplo, dice: “Pablo Neruda era muy bueno, pero nunca se lavaba las orejas y las traía llenas de cerilla. Yo no entendía esa costumbre. Se contaba que se había casado con una giganta holandesa y había tenido una hija que sufría de hidrocefalia y que él no quería verla, por eso había abandonado a la madre y a la hija (...) Él nunca dijo nada, era como si no existiera esa parte de su vida. Tal vez le daba miedo o timidez. O tal vez por eso siempre andaba un poco pasado de copas...”

"Carente de toda épica, la mirada de Garro es la de una anti heroína que siente miedo, hambre, ganas de divertirse"

Carente de toda épica, su mirada es la de una anti heroína que siente miedo, hambre, ganas de divertirse:  “Después de los discursos y la cena Pablo Neruda nos llevó a un hotelito lleno de chinches. Pasamos la noche sentados en dos sillas y amanecimos muy deprimidos. “¡Eres una burguesa, debes endurecerte!”, opinó Paz. Yo había leído Veinte poemas de amor y una canción desesperada y esa noche comprobé su parecido con los tangos de Gardel... ¡Qué diferencia con Garcilaso! Juan Ramón escribió un artículo en el que decía: ´La poesía lugonesca y nerudona...´”

No sólo su marido la recrimina. Sus distracciones son un dolor de cabeza para todo el grupo. Estando en un hotel a oscuras para evitar los bombardeos, alguien descubre que hay una ventana iluminada. Es la mía grita Garro y corre a apagarla. Neruda indignado la increpa: “es usted una inconsciente. Pudieron matarnos a todos”.

"Está claro que no hubo empatía entre ambos. Elena consideraba al nobel chileno cicatero sobre todo con otros poetas"

Está claro que no hubo empatía entre ambos. Elena consideraba al nobel chileno cicatero sobre todo con otros poetas. “Vicente Huidobro estaba preocupado porque Pablo Neruda había prohibido dirigirle la palabra y, sólo de escuchar su nombre, Pablo vomitaba fuego. Huidobro era amable, de maneras fáciles y conversación brillante, pero era chileno y las rivalidades son terribles”.  

Según Garro, Cesar Vallejo no corrió mejor suerte. “Nunca entendí la manía que le tenía Pablo Neruda ni la persecución que ejercía contra él. En España Pepe Bergamín me dijo: “Envidia de ‘La Chirimoya’. (Así llamaba a Pablo. Ambos llevaban una riña encarnizada, a tal punto que después de que Pablo recibió el Premio Lenin, el Comité Ejecutivo del Partido Soviético tuvo que intervenir, llamar a los dos y obligarlos a terminar la querella). Esto lo contaba Pepe Bergamín, riéndose con gran malicia. Pero a pesar de las ‘paces’ impuestas, Bergamín continuaba llamándole ‘La Chirimoya’. 
¿No recuerdas que era muy envidioso? Y como los dos eran poetas de América, pues no se lo perdonaba, sobre todo que Vallejo era mucho mejor poeta que él. ‘La Chirimoya’ no era tonta y lo sabía...!”

El desparpajo no fue un pecado de juventud de Elena Garro que el tiempo haya curado.  Por el contrario, toda su vida caminó  por la vereda de lo políticamente incorrecto. Eso, y su extraordinaria obra narrativa y teatral hacen de ella una figura imprescindible en la literatura latinoamericana. Ya es hora que se reediten estas mordaces memorias.


Lo más visto en T13