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¿Anorexia o bulimia lectora?
Opinión

¿Anorexia o bulimia lectora?

El viernes en medio del colapso del metro, pensé que éste era otro golpe a la cacareada crisis lectora en Chile. Mal que mal varios estudios indican que después del baño, el metro es uno de los principales lugares de lectura. Pero para eso, claro, al menos hay que entrar.

Cada nueva investigación sobre consumo cultural nos golpea donde mismo: según la Unesco, somos el país donde hay menos lectura voluntaria de todo el continente mientras el 84% de la población no entiende lo que lee de acuerdo a un estudio de comportamiento lector de la Universidad de Chile y Consejo Nacional de la Cultura y las Artes.

Como al metro, al parecer tampoco podemos subirnos al hábito de la lectura. La Fundación La Fuente indica que más de la mitad de los chilenos casi nunca o nunca lee un libro.

En medio de esta anorexia lectora, curiosamente muchos de los libros mas vendidos –tendremos que suponer que son también los mas leídos- son voluminosos. Por ejemplo, entre los 10 títulos más solicitados en la Feria del Libro de Santiago que acaba de terminar, figuran El Umbral de la Eternidad de Ken Follett de 1150 páginas; Logia de Francisco Ortega que sobrepasa las 500; The Raven Boys: La Profecía Del Cuervo de Maggie Stiefvater con 420, casi igual cantidad de Y Las Montañas Hablaron del afgano Hosseini. Sin mencionar el nuevo bestseller de Stephen King que con el título más corto de la historia de la industria editorial, It, posee 1,500 páginas.

"¿Cómo se entiende que la gente no lea pero cuando lo hace, opte por libros que demandan una lectura de largo aliento? ¿Por qué pasamos de la anorexia a la bulimia sin más?"

Más sorprendente aún es el hecho que las sagas de libros juveniles también están marcadas por esta tendencia. No olvidemos que los libros de Harry Potter terminaron sobre las 600 páginas y Crespúsculo bordea las 500.

¿Cómo se entiende que la gente no lea pero cuando lo hace, opte por libros que demandan una lectura de largo aliento? ¿Por qué pasamos de la anorexia a la bulimia sin más? En el mundo audiovisual las cosas son parecidas. El auge de las series replica este interés por extendidos remansos como antiguamente lo hacía el folletín.

Todo parece indicar que hay cuestiones que no cambian. La necesidad de escuchar historias, el gusto por vivir experiencias asentadas en la fantasía pero que brindan sentido a la realidad son propias de los humanos antes y después de la imprenta. Ya sea cuando se oía a los juglares en la plaza pública tanto como en este siglo XXI tecnologizado, acelerado e instantáneo. Más que ganas, falta tiempo, oportunidad, estímulos, recursos…

Un buen antídoto son las bibliotecas, tan arraigadas en países como Estados Unidos y España. Pero aquí el 77% de los chilenos no ha pisado una en los últimos doce meses de acuerdo a la última Encuesta Nacional de Participación y Consumo cultural. La noticia, como informó La Tercera, es que ahora hay bibliotecas virtuales disponibles. En nuestro país existen dos excelentes iniciativas: la Biblioteca Pública Digital de Chile que ofrece novedades literarias y la Biblioteca Nacional Digital orientada a clásicos. Alrededor de noventa mil títulos disponibles entre ambas que incluye audiolibros en archivo mp3 y videocuentos.

Hay que apostar todas las fichas a esta suerte de banda ancha de lectoría. Con ella, quien lo diría, los plantones en el metro y en el Trasantiago podríamos incluso disfrutarlos gracias a un libraco gordo y entretenido en el formato y soporte que más nos acomode. 


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