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¿Qué es mejor?: Cuidar o maltratar a los libros
Opinión

¿Qué es mejor?: Cuidar o maltratar a los libros

Hay quienes dividen a la fauna lectora en dos sub especies. Los que tratan con un cuidado casi religioso a los libros y los que leen dejando todo tipo de huellas que pueden ir desde restos de vino o café hasta subrayados furibundos, dibujitos distraídos, hojas torcidas.

Me temo que soy del segundo grupo aunque en realidad lo digo a mucha honra. No es que me sienta orgullosa con el hecho de salpicarlos de vino pero sí con los comentarios que pueblan los volúmenes que me gustan.

La hoja impresa me parece -cada vez más- una invitación a murmurar con lapicera. Soy una especie de grafitera de libros y me irrita cuando una edición tiene márgenes mezquinos o no cuenta con dos o tres páginas en blanco al final impidiendo dejar una huella.

"No es que me sienta orgullosa con el hecho de salpicarlos de vino pero sí con los comentarios que pueblan los volúmenes que me gustan."

Supongo que en mi caso se trata además de una especie de fervor por los aforismos. Me fascina la idea que en una pequeña parte puede estar también el todo.

Acostumbro a especular que dentro de un buen volumen hay un libro secreto y personal que “yo” escribo juntando algunas frases estremecedoras, como si el texto se diera la molestia de enviarme tuiters que voy copiando al final o entre páginas.

Al revés de la máxima de John Steinbeck, que sostiene que “de todos los animales de la creación, el hombre es el único que bebe sin tener sed, come sin tener hambre y habla sin tener nada que decir”, el libro –los buenos libros se entiende- siempre tiene algo más que decir. 

 Digo todo esto porque las lecturas que me han seducido por estos días tienen una particular riqueza para la cosecha de aforismos.

El primero de ellos, desde el título empuja a tomar el lápiz. Se trata de "El subrayador" de Pedro Mairal, una antología de “columnas susurrantes y medio milagrosas”.

Algunos párrafos de mi cosecha: 

  • “Me gusta conocer países latinoamericanos. Es como estar metido dentro de un diccionario de sinónimos.”
  • “Los tímidos suelen ser buenos actores porque en algún momento de sus vidas se inventan, a modo de coraza, una personalidad, o ciertas frases, ciertas reacciones que tratan de pasar por espontáneas, pero que ya están testeadas. Se inventan un ser social, una manera de comunicarse con los demás.”
  • “Existen dos tipos de familias: la teatral y la telepática”. 

"Que me perdonen los que tratan a los libros sagradamente, no puedo evitar considerarlos tontos graves que se pierden la mejor parte de la lectura: el subrayado y la acotación al margen."

El segundo, "Apuntes al margen" de Carla Cordua, filósofa y autora de inmejorables títulos de aforismos como "Cabos sueltos", vuelve sobre el género pero con textos de una o dos páginas donde campean frases de oro. Como éstas:

  • “La naturaleza no miente porque es incapaz de verdad”.
  • “Varias formas de discontinuidad de la conciencia ayudan a vivir. El olvido y la distancia que lo favorece, el transcurrir del tiempo que cura dolores, la resignación que perdona, el dormir que corta la continuidad del esfuerzo y de la lucidez”.

En el caso de "Facsímil" de Alejandro Zambra no haré citas, todo en él es una lectura para la complicidad y obviamente para hacerla con lápiz grafito en la mano. Es un libro paródico, sí, pero también inteligente y de una rebeldía lúdica. 

Que me perdonen los que tratan a los libros sagradamente, no puedo evitar considerarlos tontos graves que se pierden la mejor parte de la lectura: el subrayado y la acotación al margen.


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