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Tu peor enemigo

Tu peor enemigo

Aunque suene difícil de creer, el mayor obstáculo para tener buenos resultados en inversiones suele ser uno mismo. ¿Cómo puede ser esto posible? Permítanme una breve disgregación académica.  

La teoría tradicional económica y financiera asume que los seres humanos actuamos de manera racional, siempre buscando maximizar los beneficios de nuestras decisiones o acciones. A partir de ello, se han desarrollado diversas teorías como la hipótesis de mercados eficientes o el modelo de valoración de activos financieros (CAPM), cuyos autores incluso fueron reconocidos con premios Nobel en Economía.

Sin embargo, la realidad fue demostrando que las personas solemos no comportarnos de manera racional, particularmente al momento de tomar decisiones económicas. Una prueba importante de ello es la existencia (y buena salud) de la industria de juegos de azar. Si las personas consideráramos las probabilidades de ganar el premio mayor la de la lotería (1 en varios millones), fácilmente nos daríamos cuenta de que estamos botando la plata al comprar un boleto.

"La realidad fue demostrando que las personas solemos no comportarnos de manera racional, particularmente al momento de tomar decisiones económicas."

En las decisiones financieras la situación no es muy distinta. Veamos algunos ejemplos de cómo nuestro propio cerebro nos pone cortapisas al momento de invertir.

Un caso muy común es nuestra tendencia a “anclar” nuestras decisiones a una referencia arbitraria. Suele ser el caso de un inversionista que compra una acción de una empresa a un determinado precio, $100. La situación de mercado para la empresa cambia y el precio de su acción cae a $80.

Lo racional sería replantearnos nuestra inversión, que incluso podría llevar a vender la acción, con una pérdida de $20. Sin embargo, muchas veces nos aferramos a ella y no estamos dispuestos a vender hasta que su precio vuelva a los $100 iniciales, que hemos fijado como “ancla”. 

Otro ejemplo muy común es el sesgo que tenemos al momento de analizar información. Solemos darle mucha mayor validez a un estudio que sostiene nuestros puntos de vista (o decisiones ya tomadas) que a aquellos que apuntan lo contrario. Esta tendencia a ver sobre todo los elementos positivos que confirman nuestra opinión, muchas veces nos ciega ante factores de riesgo que pueden llegar a perjudicar nuestra salud financiera.

Por ultimo, está una de mis distorsiones favoritas, la sobre-confianza. Pregunten, en alguna reunión de amigos, cuántos manejan mejor que el promedio. Sorprendentemente, una mayoría levantará la mano, lo que es a todas luces contradictorio. Algo similar pasa en inversiones.

Solemos tener más confianza en nosotros mismos de lo que debiéramos. Muchas veces, me he topado con personas que, ante un mercado que ya ha subido bastante, suelen confiar en su capacidad de salirse a tiempo, justo antes que el mercado se corrige y empiezan a vender los demás.

"Las inversiones, como muchos deportes, suelen ser más efectivas (y entretenidas) cuando se hacen en equipo."

Son múltiples las distorsiones que nos transforman a nosotros mismos en nuestros peores enemigos al momento de invertir. Quienes identificaron y crearon lo que hoy se conoce como “finanzas del comportamiento” también recibieron el Nobel de Economía.

No resulta fácil domesticar la tendencia de nuestro cerebro a verse afectado por las distorsiones que les mencionaba. Tampoco hay soluciones mágicas para evitarlas y se requiere de un trabajo duro de formarse hábitos que permitan tomar mejores decisiones de inversión.

Muchos de ellos se pueden enfrentar teniendo a una persona que tome el rol de “abogado del diablo”, cuestionando las referencias que nos anclan a determinada decisión o que nos llevan a ignorar la información que contradice nuestra opinión. Las inversiones, como muchos deportes, suelen ser más efectivas (y entretenidas) cuando se hacen en equipo. No es una mala idea, por ejemplo, formar un club de inversiones con amigos para discutir acerca de las decisiones que cada uno está haciendo y ponerlas a prueba con los demás.

Con todo, no hay nada mejor que abordar la tarea de decisiones financieras con una alta cuota de humildad (virtud que les reconozco, no suele abundar en la industria), reconociendo que muchas veces seremos víctimas de nuestros propios errores.  Lo importante es que podamos aprender de ellos. Y de esa manera que nuestro peor enemigo también sea nuestro mejor profesor.


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