Crédito: A. Uno
Selección chilena en Copa América

Chi-chi-chi-le-le-le… ganen algo alguna vez

“Chi-chi-chi…le-le-le…ganen algo alguna vez”. El canto duele, qué duda cabe. Tal vez menos que la entonación noventera, post dictadura, con mención a Pinochet, pero duele igual.

La suelen cantar argentinos y uruguayos, que les recuerdan a los hinchas chilenos que, junto a Ecuador y Venezuela, son las únicas selecciones sudamericanas que nunca han ganado la Copa América. Se podrá decir mucho del torneo que obtuvo Bolivia en 1963, pero ahí está, tienen la Copa en sus vitrinas, y nosotros no.

A esa herida le volvió a echar sal el charrúa Egidio Arévalo Ríos hace algunos días, cuando respondió con sorna a los gritos e insultos chilenos durante el duelo ante Jamaica, en Antofagasta: “Todos los chilenos apoyan más a los otros, no nos quieren. No sé por qué. Esperemos a ver si ganan algo para ver si se calman un poco”, fue la respuesta dura, pero con pelota.

No hay que enojarse con Arévalo Ríos ni tampoco con el cántico del rival. A la larga, el problema no es la burla de argentinos y uruguayos. O brasileños, peruanos, paraguayos, colombianos y bolivianos. Lo que realmente duele es que nos gritan y enrostran una verdad dolorosa: no le hemos ganado a nadie. En 36 participaciones en Copa América, la “Roja” registra solo cuatro subcampeonatos como mejor resultado; rozamos la gloria en el Estadio Nacional en 1955 o en la cancha de Vélez en 1979, pero no pasamos de ahí.

Para esta versión de 2015 llegamos ilusionados como nunca, por el nivel de Alexis, la gran campaña de Bravo, el cierre de temporada de Vidal y porque se juega en casa. Por esas y otras mil razones también…hasta que a las 22.30 horas del martes 16 de junio los noticiarios coparon sus pantallas con un Ferrari chocado en la autopista.

En los departamentos de prensa, en la calle, en cualquier casa hubo segundos de silencio, estupor y luego una pregunta lógica: “¿En serio?”.

Y lamentablemente sí, era cierto… Arturo Vidal, uno de los pregoneros de que esta es la “mejor generación de la historia”, se había estrellado manejando bajo la influencia del alcohol y, luego de insultar y amenazar a un policía, pasaría la noche en la comisaría.

Lo que vino después ya clasificó entre los episodios más turbios en la historia del fútbol chileno: Sampaoli, los jugadores y la ANFP –en ese orden- se guardaron en el bolsillo los manuales de disciplina, conducta deportiva y profesionalismo con tal de disculpar rápidamente al infractor y tenerlo en cancha para el resto de la Copa América.

En Juan Pinto Durán de nuevo se impuso la ley del todo vale, la misma que hace muchos años estuvo en la génesis de creativas trampas que finalmente terminaron en bochornosos escándalos.

El sueño de lograr al fin la Copa América no se pinchó, pero es distinto, más terrenal, algo más amargo. El mismo hecho de saber que Vidal estaba en un casino a la hora del partido entre Argentina y Uruguay revela que el compromiso de parte de estos jugadores con la camiseta es bien relativo.

Pero los hinchas quieren creer, quieren ganar y ahí están. Han sido fieles y perdonan. Se compraron el discurso y también hacen vista gorda a Vidal y su Ferrari. El objetivo también para ellos es uno solo.

La pelota y la presión entonces es de la selección chilena. Especialmente de Sampaoli y Vidal. La apuesta es por el todo o nada. El título y la gloria. La derrota y el castigo popular. Ya no hay excusas. Es ahora o nunca…GANEN ALGO ALGUNA VEZ.


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