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La FIFA quiere chacrear el Mundial

La FIFA quiere "chacrear" el Mundial

“Chacrear”, sí, tal cual. Palabra aceptada por la RAE, un chilenismo, que significa “hacer que se pierda el carácter propio de una situación”. Y eso lo que el actual presidente de la FIFA, Gianni Infantino, quiere hacer con el Mundial de Fútbol.

Cuando llegó al poder, el suizo planteó la idea de subir a 40 el número de participantes.

Esta semana, en una reunión del Consejo de la FIFA (la instancia que reemplazó al corrupto Comité Ejecutivo), Infantino subió la apuesta: un Mundial con 48 países desde el torneo de 2026. La idea del timonel del fútbol es que 16 países clasifiquen a la fase grupal y las otras 32 selecciones definan en una eliminatoria directa a las otras 16 que completarán los grupos.

El presidente de la FIFA incluso considera factible que el Mundial lo organicen dos países, o más, para abaratar los costos.

Estas ideas de Infantino no son nuevas en su carrera. Como secretario general de la UEFA, fue uno de los dirigentes que ayudó a “chacrear” la Euro: gracias a él, un torneo entretenido con 16 equipos, dio paso a uno muy mediocre con 24 selecciones en las versión de 2016. E Infantino también estuvo detrás de un proyecto aún peor: la Eurocopa del 2020 se jugará en… ¡13 países diferentes! Desde Bakú, en Azerbaiyán, hasta Londres para la final. Un dislate que rompe con la tradición.

Lo mismo quiere hacer ahora Infantino con el Mundial.

Cuando el torneo creció de 16 a 24 para España 82 había cierta lógica, porque ya había más competencia en Africa, Asia y Centroamérica. Lo mismo ocurrió cuando el número de participantes llegó a 32 en el Mundial de Francia 1998. Pero más que eso es un exceso. Basta ver el número de selecciones comparsa en el actual formato. Camerún, Honduras e Irán, por ejemplo, en Brasil 2014.

Además, los nuevos cupos irán en su gran mayoría para Africa, Asia y la Concacaf, que entre las tres suman 156 votos para elegir el presidente de la FIFA.

La idea de Infantino no solo dañará la estructura del torneo y es mala desde el punto de vista deportivo, también arroja una gran duda logística: ¿cómo pueden planificar hinchas, turistas y canales de televisión un torneo en el que 16 selecciones se pueden despedir luego de jugar apenas un partido?

Infantino debería preocuparse como primera tarea en modernizar una organización corrupta y de limpiar su imagen, que ya tiene varias manchas. El próximo 9 de enero se definirá si el Mundial se queda en 32 o si pasa a 40 o 48 países. Ojalá que entonces el Consejo opte por preservar en su actual formato una de las pocas cosas que funciona bien en la FIFA.


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