Crédito: Agencia Uno
Santiago, si puede fallar… fallará
Opinión

Santiago, si puede fallar… fallará

No existe el sistema perfecto, y solemos darnos cuenta de la manera más dura, sufriendo las consecuencias ante la falta de preparación y de un enfoque que mezcla algo de complacencia, de negación, de búsqueda de un enemigo externo, y como diría un chef, con una pizca de desesperanza aprendida.

Nuestro sistema de transporte ha dado muestras claras de lo anterior. La mirada se queda en el corto circuito o en las razones de un paro de taxis colectivos. Luego damos paso a las recriminaciones y discusión de la élite, a los análisis profundos, a los grandes números, o a la explicación técnica de la falla. Todo mientras a la señora Juanita y a don José les sirve sólo una micro, necesitan saber dónde tomarla o si tendrán que buscar otra alternativa.

Desde hace décadas, la Gestión de Emergencias o Emergency Management denomina a este tipo de situaciones como emergencias, algo que nos cuesta reconocer, aportando enfoques y herramientas. Pero seguimos resistiéndonos a modernizar nuestro sistema y mirar más allá de la cordillera, reinventando permanentemente la rueda.

"Necesitamos modificar la dinámica poniendo en el centro a las personas, cómo están siendo afectadas."

Pero si ya sabemos qué funciones esenciales, como el transporte, se verán interrumpidas y alterarán el funcionamiento de la comunidad ¿cuáles podrían ser algunas claves para enfrentar una futura emergencia?

1.- Anticipación: Una mirada reactiva está lejos de la necesaria cultura de la anticipación. Debemos cambiar el enfoque, desear lo mejor y prepararnos para lo peor, buscar anticipar, sabiendo que algo puede fallar e incluso superar nuestras capacidades de gestión.

2.- Integración: debemos abandonar la vieja práctica que nos lleva a funcionar desde la institución, la disciplina especializada o la trinchera política, poniendo en el centro a las personas y comprendiendo que se debe trabajar de manera integrada, coordinada y colaborativa, a diferencia de la dispersión de esfuerzos y acciones individuales, muchas veces con un leve toque mesiánico.

3.- Enfoque en las personas: una falla o interrupción puede tener muchos orígenes o causas, pero si no impacta a la comunidad,  su efecto muchas veces pasará desapercibido. Necesitamos modificar la dinámica poniendo en el centro a las personas, cómo están siendo afectadas, cómo se mitiga el daño y se recupera la normalidad y, por cierto, cómo se fortalece la confianza, dejando esa mirada centrada en el árbol -por ejemplo en un corto circuito- y mirar el bosque.

4.- Planificar y prepararse: planificar es también anticipar. Un plan no es una cuña para los medios, ni un mero ejercicio académico. Debe responder a un diseño normado, conocido y especialmente entrenado con los diferentes actores.

5.- Involucrar, simplificar y masificar: es clave que la comunidad esté involucrada. Debemos pasar del asistencialismo y subvaloración de las capacidades de los afectados, a la co-responsabilidad social, entregando herramientas para que en un esfuerzo encadenado desde la base hacia arriba, sea posible abordar de mejor manera la mitigación, preparación, respuesta y recuperación de estas emergencias. Uno de los desafíos en esta materia es el manejo comunicacional, simplificación y masificación de la información. También se debe establecer liderazgo efectivo en un momento donde prima la confusión, donde se requiere claridad y dirección.

"Un plan no es una cuña para los medios, ni un mero ejercicio académico."

Por último, las cosas por su nombre. Este tipo de situaciones son una emergencia, ocurrirán, debemos prepararnos y entrenarnos, y como dijo Einstein, es insano seguir haciendo las cosas de la misma manera, una y otra vez, y esperar resultados diferentes.


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