Crédito: Agencia Uno
Libro sexualidad

Educación sexual ¿gratuita y de calidad?

Fuerte polémica ha generado la distribución de un libro destinado a la educación sexual, por parte de la Municipalidad de Santiago. Ello porque aborda temas que pueden resultar chocantes o estimarse inapropiados para estudiantes secundarios.

Debo reconocer que, en mi caso, no es lo que me incentiva a una mayor reflexión. Sin intención de parecer intelectualmente pedante, encuentro muy poco desafiante debatir sobre las propiedades cosméticas del semen o, menos aún, de las distintas alternativas fisiológicas que ofrece la porción terminal del tracto digestivo. Aunque son temas de los que se derivan cuestiones que pueden ser de legítimo interés para otras personas.

Sin embargo, quiero plantear otra dimensión que me resulta violenta y despierta mi sentido de rechazo al abuso que se comete en contra de quienes carecen de recursos para defender sus derechos. Con mi señora hemos tenido la oportunidad de educar a nuestros hijos en un colegio particular y laico, de muy buen nivel académico en el contexto de nuestra sociedad. En un establecimiento así es impensable que un texto de este tipo se pudiera repartir sin acuerdo de los padres.

Es más, si quisiera repartirlo tendría que justificarlo con fundamentos serios y estar abierto a recibir las opiniones de su comunidad. En el caso que no lo hiciera, el colegio tendría un problema grave, porque los padres tienen la posibilidad cierta de buscar otra alternativa para sus hijos. Alguien podría decir que, entonces, la diferencia está en la capacidad de pago y que en sí esa es la fuente de la injusticia; pero esa es una aproximación equivocada y, en cierto modo, superficial.  

"Es inaceptable que respecto de decisiones y acciones de importancia que se extienden hacia ámbitos que van más allá de lo que es propio del encargo, es decir lo primariamente académico, el colegio prescinda de las familias y resuelva por sí mismo"

El tema fundamental es que la formación de los hijos es un derecho inalienable de los padres; buena parte del ejercicio de ese derecho comprende la instrucción académica, pero es mucho más amplio, tiene que ver también y principalmente con la visión que cada uno tiene y transmite a sus hijos acerca del ser humano, de la sociedad, de sus convicciones religiosas, de su jerarquía de valores, etc.

Los padres encargamos y delegamos específicamente la instrucción académica -eso que habitualmente llamamos educación- a un colegio. Como la formación es un proceso integral, el colegio también contribuye en todos esos otros ámbitos, pero siempre actuando dentro del contexto de la misión educacional encargada por la familia.  

Es inaceptable, por tanto, que respecto de decisiones y acciones de importancia que se extienden hacia ámbitos que van más allá de lo que es propio del encargo, es decir lo primariamente académico, el colegio -cualquiera sea su naturaleza- prescinda de las familias y resuelva por sí mismo, como ocurrió aquí respecto de un texto que tiene una estructura y un mensaje discutible acerca del sentido de la sexualidad, la forma en que se enseña y la edad a la que se transmiten ciertos tópicos. 

Con mi mujer tenemos dos hijos en edad escolar, una de 17 años y uno de 11, y aunque no conozco el mentado libro creo que no me importaría mayormente que se lo entregaran a mi hija -habría que escuchar qué dice la mamá-, pues considero que su madurez está muy por encima de lo que se requiere para procesar cualquier información en esta materia; distinta es, por su edad, la situación de mi hijo menor. Otros padres pueden pensar que, en ningún caso le pasarían ese libro a sus hijos y ni yo, ni nadie, tiene derecho a pasar por sobre ellos, como hizo la Municipalidad de Santiago al decidir con una autonomía de la que carece para estos efectos.

"¿Si el Alcalde tiene determinadas convicciones religiosas, es aceptable que se enseñe que ciertas conductas son pecado; o si es militantemente ateo, que Dios es un mito? Es evidente que no."

Que un colegio sea pagado supone una capacidad económica de las familias que les permite defenderse de mejor manera de este tipo de abuso. Eso es lo que realmente me molesta del episodio en cuestión, me pongo en el lugar de los padres de esos colegios municipales y no puedo evitar pensar que si mi señora y yo tuviéramos a nuestros hijos en un colegio público estaríamos expuestos a aceptar que se nos impongan arbitrariamente, en su formación, las visiones y valores de otros.  

¿Si el Alcalde tiene determinadas convicciones religiosas, es aceptable que se enseñe que ciertas conductas son pecado; o si es militantemente ateo, que Dios es un mito; o si tiene una agenda política en materia de sexualidad, que los derechos de los padres queden subordinados a esa agenda? Es evidente que no.

Pero cuando las personas carecen de opciones quedan expuestas a distintas formas de abuso o a tener que tolerar un servicio deficiente, por ello es muy difícil que una educación estatal, virtualmente monopólica, sea de calidad. Pero, y especialmente como han comprobado ahora los padres en Santiago, definitivamente no es gratis.


Lo más visto en T13