Fatal inconsecuencia
Opinión
Gonzalo Cordero Gonzalo Cordero
Abogado y analista político.

Fatal inconsecuencia

El reportaje televisivo acerca de las inversiones del Partido Socialista ha dado lugar a una amplia gama de reacciones y efectos políticos. Por una parte se ha destacado y criticado la inconsecuencia que significa el que un partido con un discurso tan crítico del mercado, las desigualdades y la gran empresa haya tenido paralelamente cuantiosas inversiones en el mercado financiero en varias de las más grandes compañías del país, incluída aquella que controla el ex yerno del General Pinochet.

Otros han planteado que, con estas inversiones, podrían haberse cometido infracciones tributarias, a la ley de partidos y de financiamiento electoral. Los más audaces, han levantado la sospecha de que esas inversiones pudieron haber influido en las decisiones de sus parlamentarios. Tengo que decir claramente que, con la información disponible, yo no comparto esas suspicacias.

"Los dirigentes del PS le exigen a Piñera transparencia total. ¿Se aplican a sí mismos un celo equivalente? Es evidente que no"

Con todo, hay otra dimensión estrictamente política que, me parece, no ha sido suficientemente analizada. Me refiero al diferente estándar de transparencia que los dirigentes de la Nueva Mayoría, en general, y los socialistas en particular le exigen al ex Presidente Piñera, respecto del que ellos han aplicado a la gestión de sus activos.

Hasta ahora no se ha hecho público un detalle de las inversiones, tampoco sabemos si todas se hicieron bajo un mismo Rut -el del partido- o se hicieron también a través de alguna otra “persona relacionada”, como podría ser, por ejemplo, alguna sociedad de inversiones. No hemos conocido las fechas de adquisición y enajenación de los distintos títulos, etc.  En el reportaje de Megavisión se señaló, y no ha sido desmentido, que el PS tuvo bonos de la Caja de Compensación La Araucana, pero en algún momento los enajenó. Recordemos que esa Caja de Compensación fue intervenida por la autoridad y sus bonistas, al momento de la intervención, sufrieron un daño importante en sus créditos.

En fin, nada de esto significa, ni yo presumo, la comisión de algún acto ilegítimo, pero es obvio que los mismos dirigentes del PS le exigen al ex Presidente transparencia total, que haga pública hasta la última sociedad, inversión y patrimonio suyo y de su familia hasta la tercera generación. ¿Se aplican a sí mismos un celo equivalente? Es evidente que no.

Este es el  punto político que más ha debilitado la estrategia ofiicalista de atacar al ex Presidente Piñera por su patrimonio. A estas alturas resulta evidente la inconsecuencia y, por lo tanto, el sentido burdamente instrumental que tienen esas críticas. Esa inconsecuencia es fatal a la hora que la opinión pública juzgue, en el resto de la campaña presidencial, las acusaciones de conflictos de interés o de falta de transparencia.

Pero hay además otra dimensión importante, es la que tiene que ver con la independencia que los medios de comunicación muestren para exigir, a todos por igual, los mismos criterios y una cierta consistencia en el discurso. Lo sano es que, al menos la prensa más independiente, demande aquella información que es de interés público bajo estándares que tenga una equivalencia razonable. El sesgo partidista se entiende y daña a los partidos que caen en él, pero si hubiera un sesgo de la prensa, eso afectaría un valor mucho más importante: la libertad de prensa, elemento esencial para una democracia sana.

Hasta ahora los medios han hecho su tarea, por eso conocemos lo que conocemos, ojalá no pierdan el impulso y la fatal inconsecuencia se quede donde tiene que quedarse, en los políticos que exigen a sus adversarios lo que no se aplican a si mismos.