Lecciones de la primaria
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Opinión
Gonzalo Cordero Gonzalo Cordero
Abogado y analista político.

Lecciones de la primaria

Escribo estas líneas antes de la votación con la que culminará el proceso de elección del abanderado de Chile Vamos para la próxima disputa presidencial. Debo reconocer que, hasta este momento, la primaria me deja más bien un sabor amargo. Es verdad que el debate afectó el estado de ánimo de todos los que lo vimos, pero el problema es un poco más profundo.

"Las divisiones entre los tres candidatos se agudizaron más allá de lo razonable"

Una primaria busca básicamente tres objetivos principales: legitimar, mediante la participación ciudadana, al candidato ganador; incrementar el caudal programático, gracias al trabajo de los distintos equipos; y, por último, motivar al número más amplio de partidarios para que se comprometan con un abanderado de unidad. ¿Se lograron estos objetivos?

"El daño que ha generado el clima de confrontación que se ha vivido en la primaria es de largo plazo"

El primero es probable que se haya logrado, pero todavía nos falta conocer cuántos electores concurrirán a las urnas; el segundo marginalmente, si integramos las propuestas de Piñera y Kast; en el tercero todo indica que retrocedimos y las divisiones entre los tres candidatos se agudizaron más allá de lo razonable. No hay duda que el factor Ossandón es esencial en este balance, fue un candidato que simplemente se “colgó” del discurso de la izquierda, haciéndolo suyo y validándolo: su apoyo a la gratuidad es propio de la Nueva Mayoría, su descalificación del sistema político e institucional, al que acusa de corrupto, es derechamente del Frente Amplio.

"La Nueva Mayoría critica, pero fue incapaz de someterse al debate y decisión ciudadana"

A lo anterior, agreguemos lo obvio -por lo mismo no vale la pena ahondar en ello- la descalificación personal sistemática a sus dos competidores: meses acusando a Piñera de corrupción y a Kast de “penca”. 

Algo anda mal, y es expresión de un problema estructural de la centroderecha, porque no es razonable verse enfrentado -como le ocurrió al ex Presidente- a decidir en qué escenario el Senador Ossandón tenía menos capacidad de hacerle daño a la única opción presidencial viable del sector, si en una primaria o en la primera vuelta. Ese fue el debate de fondo: ¿qué preferimos, a Ossandón atacando a Piñera hasta noviembre o hasta el 2 de julio?

Hay un mínimo de reglas del juego que, si alguien no respeta, simplemente no puede pretender ser reconocido como perteneciente a un grupo y proyecto común. Pero es el tipo de normas que tampoco se pueden exigir; ningún matrimonio se salva si uno de los cónyuges le exige al otro un compromiso escrito de fidelidad, en el momento que uno necesita pedirlo es que ese matrimonio ya no existe.

Si la centroderecha no es capaz de combinar la diversidad de distintos proyectos que comparten un núcleo común, con el compromiso para sustentar una alianza que ofrezca gobernabilidad, no resistirá procesos participativos y abiertos de selección de candidatos, ni tendrá mecanismos eficaces de resolución de controversias.

En ese sentido, el daño que ha generado el clima de confrontación que se ha vivido en la primaria es de largo plazo, genera un precedente nefasto y valida la idea absurda que cualquier discurso es aceptable como propio de la centroderecha. Un mínimo de coherencia programática e ideológica es indispensable también para dar forma a una fuerza política estable.

Con todo, en la sociedad actual no parecen existir caminos alternativos a la participación amplia para legitimar opciones presidenciales. Estos meses han sido duros, llenos de riesgos y sinsabores, pero no hay otra ruta. Esa debiera ser la principal lección y en los próximos meses la centroderecha debiera recordárselo cada día a la Nueva Mayoría que critica, pero fue incapaz de someterse al debate y decisión ciudadana.

A fin de cuentas, en política el triunfo endulza todas las amarguras y eso sólo lo sabremos cuando se cuente el último voto, probablemente, en la segunda vuelta.