Oportunidad histórica
Opinión
Gonzalo Cordero Gonzalo Cordero
Abogado y analista político.

Oportunidad histórica

La renuncia del ex Presidente Lagos no es simplemente el abandono de la competencia por parte de un candidato más. El impacto político que ha provocado va más allá de su figura, esto se aprecia claramente si se considera que los números de las encuestas le daban alrededor de tres puntos.

Su caída representa la condena a todo el período de la transición, sanción expresada nada menos que por el Partido Socialista. Esta derrota no fue el fin de una opción electoral, sino el de una opción política: la que encarnó el pacto socialcristiano/socialdemócrata.

El reemplazo, en su momento, de la Concertación por la Nueva Mayoría y ahora la candidatura de Alejandro Guillier, significan que los partidos, otrora de centroizquierda, han decidido desplazarse para intentar cerrar el flanco que les ha abierto el Frente Amplio. Esta es una disputa que viene para quedarse por un rato largo, pues no se ve probable que los jóvenes de izquierda estén disponibles para integrarse en un solo bloque con las viejas colectividades.

En cierto modo, coincido con las voces del laguismo que han definido la votación del comité central del PS como un error histórico; aunque mirado desde el lado de acá del espectro político yo lo definiría como una oportunidad histórica, la de consolidar una centroderecha que se convierta en una opción válida para los votantes moderados, que valoran gobiernos capaces de entregar estabilidad social con progreso personal.

A esa demanda respondió la Concertación en un período de nuestra historia. Después del trauma que significó el colapso de la democracia en la segunda mitad del siglo XX y la posterior instauración de un modelo de desarrollo que, dentro de ciertos márgenes, es el único viable, Aylwin, Frei y Lagos propusieron una opción que ofrecía estabilidad política y desarrollo económico. Qué significa, si no es precisamente eso, el eslogan de campaña del ex Presidente Lagos en 1999: “Crecer con igualdad”.

El derrotado ex Presidente señaló el lunes que anticipaba un período largo de predominio de la centroderecha. Efectivamente, hoy ese es el escenario más probable, salvo que sea impedido por la propia centroderecha, cuyo talento para los autogoles supera todo lo imaginable.

¿Alguien puede explicar por qué, en el preciso momento que todo el país da por disuelta la Nueva Mayoría y la da por derrotada en la próxima elección presidencial, la centroderecha se enfrasca en una pelea pequeña sobre las primarias, con declaraciones que para el ciudadano normal son una suerte de cubismo político, pero sin el talento de Picasso?

Me parece que el ex Presidente Piñera tiene por delante un gran objetivo: ofrecerle una opción creíble y digerible a un porcentaje del electorado, el que confió en la oferta moderada de la concertación y que hoy puede ser menor, pero que le daría a su sector una mayoría consistente para hacer realidad el temor de Ricardo Lagos.

Lograr ese objetivo requiere superar el vértigo atávico de la derecha por buscar un acuerdo con la dirigencia DC. Creo que eso es imposible, los parlamentarios democratacristianos van a terminar detrás de Guillier de una forma o de otra. De lo que se trata es de abrirle un espacio a los electores que se han quedado sin representación y, en el caso de la derecha, eso es mucho más un desafío de estilo que de propuestas.

Abrirle espacio a los jóvenes, renovando los rostros; reivindicar el valor de gobernar dialogando, apelando más a la actitud razonable que al argumento racional; hacer de su proyecto la invitación a un esfuerzo compartido, dedicado a incrementar la seguridad y el progreso de la clase media.

Don Jaime Eyzaguirre decía que la gran diferencia entre el “gentleman” y el “hidalgo”, era que el gentleman sabía ganar, mientras que el hidalgo sabía perder. Simbolizaba así el sentido comercial y práctico del anglosajón, en contraposición al espíritu misionero del hispano. 

A la derecha chilena le pasa algo de eso, en la derrota es hidalga: cuando pierde lo reconoce de inmediato, colabora con el gobierno de sus adversarios casi al límite de la ingenuidad, desde la oposición busca el acuerdo, a veces con verdadera ansiedad.  Pero en la victoria le cuesta encontrar el tono, administrar sus desacuerdos con sentido del espectáculo, pasar del liderazgo gestor a la articulación del proyecto políticamente sustentable.

Hoy el ex Presidente Piñera tiene una oportunidad histórica, que es mucho más que ganar la próxima elección, es liderar un sector capaz de conectarse de manera estable con una parte relevante de la sociedad. Devolver el país a la senda del desarrollo, supone necesariamente configurar una opción de centroderecha de país desarrollado, pero para eso no sólo hay que ganar, hay que lograr conformar una mayoría que se proyecte desde el triunfo. Nunca la derecha ha estado más cerca de poder lograrlo.