Crédito: AFP
Piñera en Omaha

Piñera en Omaha

Omaha, ese era el nombre clave con el que los aliados se referían en la segunda guerra mundial a una de las playas principales en que se produciría el desembarco en Normandía. Los alemanes sabían que venía un intento de invasión desde el mar, ignoraban la fecha y el lugar exacto en que se produciría, pero se prepararon para que cada soldado que llegara entrara a un verdadero infierno.  

Los soldados que estuvieron ahí relataron después que los pocos cientos de metros que les llevó avanzar, desde que bajaron de las lanchas hasta que pudieron ponerse a refugio, fue en medio de balas que salían de todas partes.

Por cierto este recuerdo no es más que una metáfora, porque el ex Presidente no enfrenta ni de lejos algo tan dramático, pero, si se pudiera hacer un equivalente político, creo que las últimas semanas demuestran que lo espera algo parecido. Querellas, acusaciones de toda índole, revisiones de la agenda de visitas de la época en que estaba en La Moneda, proyectos de inversión que se rechazan para intentar infligirle una derrota.

Las “balas” silban, pero ¿andan cerca, hay riesgo de que alguna lo derribe?  Esa parece ser la pregunta, ya que cada día es más patente que la Nueva Mayoría tiene poca esperanza en la vía electoral y apuesta por la vía judicial para intentar derrotarlo.  

Pero en “Omaha” –esta Omaha- no sólo disparan desde el frente, también lo hacen desde otros lados, porque la primaria opositora va a ser dura, no hay duda alguna. Eso de que la política es “sin llorar”, en la derecha es ley; acá las competencias políticas son entre caballeros, pero medievales, con espadas, hachas y mazas.

Con todo, algunas cosas se pueden afirmar con cierta certeza provisional, como todo en la política. Tenía razón Piñera en no anticipar su proclamación, llegó a la tercera semana de marzo liderando en las encuestas, porque Guillier tuvo un momento de gloria, en que parecía irrumpir, pero ese crecimiento se detuvo, luego decayó y se estabilizó en una meseta decepcionante.  

El tiempo ha terminado jugando a su favor, porque el cuadro de pre candidatos ha tendido a ordenarse en la oposición y a desordenarse en la Nueva Mayoría. En Chilevamos sólo quedan el Senador Ossandón, que abandonó la opción del camino propio en primera vuelta, y el Diputado Kast, don José Antonio, cuya estrategia excede con mucho la capacidad de análisis de este humilde columnista.

En el pacto oficialista, en cambio, se da una paradoja: ninguno de los múltiples candidatos crece, pero ninguno se baja. Uno parece que están dando “testimonio”, otro está demostrando que ahora sí que llega al final y otra busca el verdadero lugar que le corresponde a su partido. El Senador Guillier, por su parte, vacila, dice y se contradice, no encuentra el tono, ni el lugar desde el que proyectar una propuesta de futuro.

Pero, como en Omaha, el camino que tiene que recorrer el ex Presidente para volver a “la casa donde tanto se sufre”, en el decir de don Arturo Alessandri, es largo: los ataques político judiciales van a seguir, la primaria va a ser ruda, la coalición tendrá una negociación parlamentaria difícil y, con todo, para ganar necesita movilizar muchos votos de la centro derecha que en las últimas tres elecciones se han quedado en su casa.

Su gran fortaleza es que tiene un perfil claro, es alguien capaz de hacer que el país funcione, allí donde hay incertidumbre él ofrece seguridad, su gobierno anterior fue un periodo en que la gente progresó, más empleos, mejores remuneraciones, beneficios sociales. Ninguno de los fantasmas de entonces se materializó, fue una gestión políticamente moderada, económicamente eficiente y que, en todos los aspectos fue de menos a más.

Creo, con todo, que incluso sus partidarios esperan que despeje hacia el futuro, de una manera clara y razonable su relación con los negocios. No es que las críticas lo vayan a dañar, él puede dañarse a sí mismo si no le permite a la gente apoyar lo que quiere apoyar.

Piñera es demasiado conocido, los ataques en su contra no hacen mella en las razones por las que la gente vota por él. Igual que a los soldados de normandía, la playa seguramente se le va a hacer larga, pero si hace lo razonable todo indica que llegará a destino.


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