Hablemos de movilidad
Opinión

Hablemos de movilidad

Con el fin de la época de vacaciones retornan las conversaciones sobre la congestión vehicular en (y entre) las distintas ciudades de Chile. En Santiago, las medidas propuestas en el nuevo Plan de Descontaminación Atmosférica se están sometiendo a consulta pública, por lo que se incluirán también las ventajas y desventajas de la restricción para automóviles catalíticos en el debate.

Es innegable que la congestión vehicular afecta negativamente la calidad de vida de las personas, pero centrar la discusión en el desplazamiento de vehículos también es parte del problema. Si lo único que se considera son los vehículos motorizados, entonces las mediciones que se hagan en cuanto a desplazamientos en la ciudad estarán ligadas a estos (como cantidad de vehículos en una vía, velocidad promedio o tiempos de viaje) y las soluciones serán pensadas para estos vehículos (programación de semáforos, restricción vehicular, ensanchamiento de vías, tarificación vial, etc.).

Bajo esa lógica, no tiene mucha cabida hablar de peatonalización de calles, mejoramientos de veredas, educación vial para que distintos vehículos compartan la calzada, contaminación acústica o incentivar diferentes usos de suelo en un mismo sector de la ciudad.

En ese sentido, hablar de movilidad es clave. La movilidad es el conjunto de desplazamientos de personas y bienes, incluye las distintas maneras de desplazarse pero también los factores que condicionan dichos desplazamientos. Las diferentes maneras de desplazarse incluyen caminar, el uso de la bicicleta u otros medios de transporte no motorizados y las distintas alternativas de transporte público y privado. Asimismo, las necesidades de desplazamiento se generan por factores económicos, urbanos, culturales, sociales, institucionales, entre otros.

Por ejemplo, la decisión de tomar un bus para ir al trabajo en vez de caminar puede deberse al temor a transitar por un sector en el que las personas se exponen a un asalto o a acoso sexual callejero. La seguridad es un factor condicionante de la movilidad. Del mismo modo, una familia puede preferir poner a sus hijos a un colegio que queda lejos de su barrio, pues quieren acceder al mejor proyecto educativo posible, aun cuando signifique recorrer grandes distancias todos los días. La calidad de la educación condiciona la movilidad.

"No solo es útil saber cuánta gente se desplaza o hacia dónde, sino también por qué. No basta con contar viajes o medir flujos, también es necesario determinar cuántos viajes podrían haberse evitado o cuántos viajes que eran necesarios no pudieron realizarse."

Muchas veces, las necesidades de desplazamiento no tienen que ver con opciones sino con la falta de ellas, una gran cantidad de personas debe recorrer grandes distancias para acceder a parques, supermercados, trabajos, educación, farmacias, cajeros automáticos, etc. La planificación y el diseño urbano condicionan la movilidad.

Entonces, no solo es útil saber cuánta gente se desplaza o hacia dónde, sino también por qué. No basta con contar viajes o medir flujos, también es necesario determinar cuántos viajes podrían haberse evitado o cuántos viajes que eran necesarios no pudieron realizarse. También es importante reconocer la diversidad de personas que se mueven en el territorio, las diferentes necesidades de distintos grupos, así como los modos de transporte por los que optan.

Asimismo, es necesario preocuparse de los efectos de los desplazamientos, en términos de calidad de vida, impacto sobre el entorno, sobre la salud de las personas, consumo de energía o efectos en la convivencia. El debate debe entonces centrarse en una movilidad sostenible.

"Es importante reconocer la diversidad de personas que se mueven en el territorio, las diferentes necesidades de distintos grupos, así como los modos de transporte por los que optan."

Todo esto no significa que debamos dejar de medir flujos vehiculares o dejar de invertir en infraestructura para vehículos motorizados, sino que hay que considerarlos como una parte de la movilidad, que incluye muchos otros elementos y que debe enfrentarse como un problema complejo, que requiere colaboración interdisciplinaria e intersectorial y que debe poner en el centro a las personas.

La calle es mucho más que una vía por donde transitan vehículos. Es un espacio público donde se desarrolla la vida de una comunidad y su diseño debiera responder a todas las actividades que en ella acontecen, incluyendo pero no reduciéndose al desplazamiento. Por eso la propuesta es que dejemos de hablar del taco, hablemos de movilidad.


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