Como todos los inviernos
Opinión

Como todos los inviernos

Como todos los inviernos, la contaminación atmosférica vuelve a ser tema en Chile. Aunque Santiago ha sido un símbolo de este problema durante décadas, son varias las ciudades que viven episodios críticos durante el año.

Desde hace tiempo también, se ha estado trabajando para reducir la contaminación atmosférica, pero seguimos teniendo muchas alertas y preemergencias porque al mismo tiempo se ha mejorado el estándar con que se mide la calidad del aire. Lo que es una buena noticia, porque visibiliza el problema y aumenta la urgencia de encontrar soluciones.

Como todos los inviernos, vuelve el debate sobre las medidas que hay que tomar para descontaminar las ciudades. Vuelve la restricción para vehículos sin sello verde, que cada vez son menos, y para vehículos con sello verde durante episodios críticos. Luego sigue el debate sobre la pertinencia de esta última medida, en parte porque los autos con convertidor catalítico no son la principal fuente de contaminación atmosférica, en parte porque algunos afirman que es una excusa para reducir la congestión vehicular y no la contaminación.

Esto aun cuando los autos con sello verde contaminan, menos que un auto sin sello verde, pero más que otros modos de transporte. Por otra parte, hay estudios que relacionan el tráfico vehicular de muy alta o muy baja velocidad con mayores índices de contaminación, por lo que, no es ilógico pensar que descongestionar las vías para vehículos motorizados pueda ser beneficioso. Especialmente si aumenta la velocidad del transporte colectivo, lo que incentiva a muchos a dejar sus vehículos particulares en casa.

Como todos los inviernos, se reabre a discusión sobre la leña como método para calefaccionar viviendas. Pero se habla más de prohibirla que de mejorar los estándares de construcción para tener edificaciones mejor aisladas y eficientes.

A nivel de planificación, hay medidas tomadas en el pasado que nos han jugado en contra. Extender la ciudad sin el equipamiento y la infraestructura necesaria ha aumentado la necesidad de hacer viajes para acceder a trabajo, educación o servicios. Esto ha producido además, un déficit de áreas verdes. Reducir la movilidad a transporte por medio de vehículos motorizados también ha generado problemas. Incluso entender ‘contaminación’ como sinónimo de ‘contaminación atmosférica’ ha tenido consecuencias negativas.

Por otra parte, hay criterios que van cambiando en el tiempo. Hay costos asociados a la contaminación de las industrias que cada vez estamos menos dispuestos a pagar en pos del crecimiento económico. Los estándares de construcción también van mejorando, por lo que es razonable que las exigencias en el uso eficiente de la energía, incluyendo el comportamiento térmico, vayan aumentando progresivamente.

Como todos los inviernos, estas discusiones se repetirán en los años por venir. La contaminación atmosférica no es un problema que se solucione de un día para otro. Pero esto no significa caer en la inacción, así como es necesario avanzar en la calidad de los servicios de transporte público, en la caminabilidad de las calles, en normativa de construcción o exigencias a industrias, también hay que desprenderse de la idea de que la contaminación atmosférica es causada por otros y que está fuera de nuestro control.

Optar por calefaccionar una casa con leña por un asunto de estilo y no de recursos, como sucede en algunas comunas de Santiago, usar una camioneta 4x4 diésel para ir a la oficina o hacer un asado en plena alerta ambiental son decisiones individuales que nos afectan a todos.

Hay cambios que requieren de inversión de muchos recursos, diseño de políticas públicas, acción fiscalizadora y presión de la ciudadanía para llevarse a cabo. Pero la ciudad se hace entre todos y no podemos quedarnos esperando un cambio cultural creyendo que no depende de nosotros.


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