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El rol del suelo
Opinión

El rol del suelo

La semana pasada, el Consejo Nacional de Desarrollo Urbano hizo entrega a la presidente de una Propuesta para una Política de Suelo para la Integración Social Urbana. Uno de los aspectos más destacables del documento, es que plantea que el suelo no es solo un bien privado sino que también tiene un rol social. 

En este sentido, la propuesta va más allá de la perspectiva que considera el valor de cambio (normalmente asociado al precio en dinero) del suelo, para mirarlo también desde su valor de uso. Este último incluye aspectos cualitativos y varía, ya que corresponde a la capacidad del suelo de satisfacer las necesidades de distintos usuarios (un ejemplo de valor de uso podría ser la diversidad de una comunidad).

Durante la dictadura, se llevaron a cabo en Chile una serie de reformas que incluyeron, entre otras medidas, la liberalización del suelo. Se desreguló, pues la intervención del estado era considerada un obstáculo que aumentaba artificialmente la escasez de tierras, dando paso a los mercados para determinar su uso. 

Junto a otras disposiciones, la liberalización del suelo produjo la expansión de nuestras ciudades en forma segregada, con grandes déficits en infraestructura y equipamiento en los sectores de menos recursos. Mientras que el precio del suelo continuó en aumento, aún cuando se esperaba que ocurriera lo contrario. Desde entonces, se ha reconocido que el mercado de suelos es imperfecto y se han introducido cambios intentando revertir tendencias como la expansión desenfrenada o la segregación espacial.

Ministerio de Vivienda y Urbanismo - Gobierno de Chile - (Propuesta de Políticas de Suelo para Integración Social)

El suelo como recurso tiene una serie de particularidades, es limitado, no trasladable, irreproducible. Teniendo en consideración su rol social, el acceso al suelo no debiera ser solo para quienes pueden pagar por él. Dado que por sí solo el mercado no es suficiente para asignar este acceso de manera equitativa, es razonable que el Estado intervenga para redistribuir los beneficios que el suelo entrega.

Una forma de redistribuir estos beneficios es, por ejemplo, por medio de la recuperación de plusvalías. Este es un mecanismo a través del cual organismos públicos captan parte o todo el aumento del valor de bienes raíces, cuando este aumento se debe a la acción o inversión pública (como un cambio en un plan regulador o la construcción de un parque). De esta forma, el dinero captado puede reinvertirse en otras zonas que así lo requieran.

En la propuesta, se sugiere recuperar plusvalías por medio de la eliminación de excepciones y rebajas al pago de impuestos territoriales y de gestión del suelo, para que sólo los sectores más vulnerables estén exentos de pago. Esto es relevante pues el encarecimiento del suelo no debiera significar la expulsión de habitantes con menos recursos.

Por otra parte, la filósofa Nancy Fraser plantea que la justicia tiene más de una dimensión, no basta con la redistribución económica, debe incluir además reconocimiento, que tiene que ver con un aspecto cultural. Por lo que la incorporación a la propuesta de un eje que define un nuevo rol para la sociedad civil en el desarrollo de la ciudad, fomentando la participación ciudadana (ojalá no solo consultiva) es más que bienvenida.

Aunque la segregación en la ciudad afecta en mayor medida a algunos de sus habitantes, todos perdemos cuando vivimos en ciudades poco diversas y desiguales. El establecimiento de nuevos estándares de calidad de vida urbana o de porcentajes viviendas de interés público son medidas que debieran alegrarnos a todos.

Algunas de las sugerencias incluidas en la propuesta son más específicas que otras y se vienen muchos desafíos para poder lograr la implementación de las distintas normas y cambios institucionales que propone la política, pero es un documento que nos deja bien encaminados en la consecución de ciudades más justas en integradas para Chile.


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