2014, un año de categoría mundial

2014, un año de categoría mundial

Todo fin de año incluye indefectiblemente una serie de rituales periodísticos a los que debemos someternos. El más frustrante para mi gusto suele ser el  de “las noticias mundiales que marcaron el año que se va”.

Tras el listado cronológico y entusiasta de los eventos “importantes” (un terremoto, el fallecimiento de alguna figura internacional, una crisis política), rara vez asoma un juicio que permita entender la “calidad noticiosa” del año que nos deja. ¿Fue un año que vale la pena ser reseñado o uno que conviene simplemente obviar? 

Si vamos a ser rigurosos, debemos convenir en que hay años francamente insulsos. ¿Recuerda usted algo realmente importante que haya sucedido el año 1996, o el 2009? (responda de memoria, sin ir a Google).  

"¿Recuerda usted algo realmente importante que haya sucedido el año 1996, o el 2009? (responda de memoria, sin ir a Google)"

Es cierto que reconocer algo así –que fue un mal año noticioso- es algo impúdico e inmoral, porque usualmente un “buen año” es uno generoso en desastres naturales, pandemias, guerras y  atentados particularmente letales. Se entiende que hablamos acá desde el morbo periodístico y no desde la mirada compasiva de Amnistía Internacional o la Cruz Roja. 

El hecho es que hay años y años. Años simplones y otros sofisticados. Años para la galería y otros para paladares refinados. Años de dramatismo creciente y dosificado, y otros que echan toda la carne a la parrilla de un paraguazo. Hay años irrepetibles y años irremediablemente repetidos. 

El 2011, por ejemplo, fue un año pródigo: primavera árabe, mega terremoto-tsunami-desastre-nuclear en Japón, asesinato de Bin Laden, movimientos sociales de Nueva York a Santiago. Un año de lectura fácil, de gusto masivo, perfecto para combinar con Twitter o Instagram. 

Los entusiantas de lo cícliclo elaboraron tras el glorioso 2011 una teoría adhoc para explicar que cada más o menos 20 años la historia se da un sacudón que cambia las reglas del juego: el inicio de la guerra fría en 1947, el agitado 1968 (Luther King, Bob Kennedy, mayo francés, primavera de Praga), el decisivo 1989 (caída del muro, Tiananmen).El 2011 era el siguiente en la secuencia y todo hacía suponer que no habría otro “de aquellos” hasta pasado el 2030.

Y entonces vino el 2014, uno que partió sin mayores luces propias y terminó como revelación de la década. A diferencia del 2011, este no fue un buen año para los entusiastas de la explicación fácil y el tuiteo tajante. No señor, el 2014 fue un año complejo, lleno de dobleces,  giros dramáticos y desenlaces inesperados. 

Partamos por lo positivo. En materia de avances tecnológicos, tras años de noticias irrelevantes sobre compañías tecnológicas sobrevaloradas que compraban aplicaciones por sumas obscenas, o de importantísimos pero impenetrables logros del gran colisionador de hadrones, el 2014 nos trajo por fin algo irrefutablemente espectacular y comprensible:  una nave espacial aterrizó sobre un cometa, una cosa poca. 

"En materia de avances tecnológicos, tras años de noticias irrelevantes sobre compañías tecnológicas sobrevaloradas, una nave espacial aterrizó sobre un cometa, una cosa poca."

Y en la vereda opuesta, el ébola –sinónimo por excelencia de maldición absoluta e incontrarrestable-   se transformó en epidemia, se expandió por áfrica occidental y se subió a los aviones. Nuestras antiguas aprehensiones por la gripe aviar parecen hoy una hipocondría inocente.

En cosa de semanas, los entusiastas del ajuste estructural reconsideraron súbitamente la idea de que los países pobres no necesitan buenos sistemas de salud pública. 

El 2014 nos trajo a la primera línea actores jihaidistas hasta ayer desconocidos o subestimados. Ahí está ISIS con sus miles de víctimas fatales y sus decapitaciones en HD, volviendo a arrastrar una coalición aliada a los peladeros iraquíes de los que pensaban haberse desentendido.

Sus primos subsaharianos de Boko Haram secuestran cientos de niñas estudiantes en Nigeria, mientras los viejos conocidos del talibán -para no ser menos, suponemos- entran a una escuela y ejecutan a más de cien escolares en Peshawar. Mientras tanto en los países desarrollados, los sistemas de alerta antiterrorista se ven inevitablemente permeados por “lobos solitarios”, mezcla de jihaidistas y desequilibrados mentales (suena parecido pero no es exactamente lo mismo) armados con cuchillos o un auto Renault Clio. 

Para que la locura fuese completa, en el otro lado de la medalla el curioso sentido de las proporciones israelí decidió responder a los ataques terroristas de Hamas soltando varios miles de toneladas de bombas sobre Gaza. En 50 días murieron dos mil cien personas, la mayoría civiles: la mitad de las bajas acumuladas durante la segunda Intifada entre el 2000 y el 2007.

América Latina, que en lo que a geopolítica se refiere está compuesta exclusivamente de México, Venezuela, Cuba y Brasil (lo siento Argentina, sad but true), también tuvo lo suyo.

México parece haber traspasado finalmente el umbral de la desesperanza aprendida y la desmovilización crónica. Cien mil muertos demasiado tarde, las últimas 43 víctimas  están finalmente moviéndole el puente a un narco-estado demasiado lleno de horrores.

La Venezuela post-chavista anduvo a los tumbos. El efecto combinado de los movimientos sociales, el derrumbe del precio de su única y otrora infinita fuente de ingresos, y la ineptitud proverbial su presidente la tienen al borde del colapso.

"¿Y Brasil? Bueno, a Brasil le metieron siete goles en una semifinal mundialista en su casa. ¿Qué más podemos decir de Brasil?"

Cuando ya dábamos por cerrado el boliche, Cuba y Estados Unidos nos anuncian de sopetón el término de la política internacional más absurda e ineficaz de los últimos 50 años. No sabemos aún qué signifique esto para el futuro, pero la noticia tiene de por sí el peso suficiente para transformarse en el gran legado de la era Obama en su ex patio trasero.

¿Y Brasil? Bueno, a Brasil le metieron siete goles en una semifinal mundialista en su casa. ¿Qué más podemos decir de Brasil?

En el frente europeo, lo que parecía en enero –para los desinformados de siempre, entre los que me incluyo- un alzamiento de la sociedad civil en Kiev contra un gobierno pro-ruso y corrupto (una redundancia en estos días) termina en diciembre con un conflicto bélico de proximidad –al mejor estilo de la guerra fría- en los extramuros de la UE y justo debajo los recorridos de las líneas aéreas intercontinentales.

El Putin triunfador de principios de año, amenazante restaurador de Rusia como potencia mundial, termina el año con una popularidad en las nubes –quién entiende a los rusos- pero trasquilado e incapaz de ir a golpear la puerta del FMI para conseguir sacar al rublo de la UTI. Lo que empezó como Praga 68, siguió como Afganistán 78 y parece estar terminando como Suez 56. “It´s a lot about oil” opinan algunos expertos. 

"2014 fue un año que nos recordó que en este mundo tener tanques, petróleo, canales de televisión o tropas leales importa, importa mucho"

Sobre todo diría que el 2014 fue el año en que la realpolitik voilvió por sus fueros. Los eventos que lo marcaron tuvieron menos que ver con movimientos de indignados que con decisiones tomadas en las situation room de la orbe. 

Un año que nos recordó que en este mundo tener tanques, petróleo, canales de televisión o tropas leales importa, importa mucho. Un año agotador –y eso que no hablamos de la crisis económica- , que a una semana de acabarse, todavía nos puede guardar una sorpresa si al norcoreano demente y siniestro aquel le baja la pataleta y aprieta el botoncito.  El portentoso 2014 sería perfectamente capaz de eso. 


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