Crédito: AFP
¿Es islámico el Estado Islámico?

¿Es islámico el Estado Islámico?

Con Al Shabbab disparando en un mall de Nairobi, Boko Haram secuestrando niñas en el noreste de Nigeria, el Talibán paquistaní masacrando escolares en Peshawar y una célula de Al Qaeda asesinando caricaturistas en París, no se necesita un doctorado en contraterrorismo  para saber que algo se salió de madre.

El más radical e inescrutable de todos es sin duda el del Estado Islámico de Iraq y Siria (ISIS), que en cosa de meses logró instalar una estética del espanto tan efectiva como abyecta a base de víctimas en overol naranjo enjauladas en medio del desierto esperando ser decapitadas o inmoladas en HD.

Hasta hace poco -y confirmando la proverbial incompetencia de sus agencias de inteligencia- Obama se refería a ISIS como el “equipo B de Al Qaeda”, un grupo menor surgido en el terreno fértil de la guerra civil siria. Ahora las potencias occidentales comienzan a rascarse la cabeza. Una reciente cumbre organizada en Washington buscó con un éxito limitado afinar el diagnóstico y las soluciones en dos frentes: el del reclutamiento de nuevos combatientes y el de las acciones militares.

"Una reciente cumbre organizada en Washington buscó con un éxito limitado afinar el diagnóstico y las soluciones en dos frentes: el del reclutamiento de nuevos combatientes y el de las acciones militares."

Desde la guerra civil española que no se veía una movilización tal de combatientes voluntarios como los que acuden semana a semana a Siria burlando controles fronterizos. Nada parece detener a los y las jóvenes que de los suburbios del primer mundo que se agolpan en la frontera con la esperanza de convertirse en muyahidines o  “novias del jihad”.

La coalición intenta frenar el avance y recuperar Mosul -el principal centro urbano bajo control de ISIS- mientras que la influencia de estos se extiende ahora a Libia, a pocos cientos de kilómetros de la costa italiana.  

Aun reconociendo que una década de desquiciadas intervenciones político-militares en la zona  explica mucho del por qué estamos donde estamos, el peligro real e inminente de un genocidio en forma –de minorías cristianas y kurdas, pero sobre todo de mayorías chiíes y suníes consideradas infieles- hace que no intervenir militarmente no sea ya una opción moralmente aceptable.

Pero la Cumbre de Washington abrió una pregunta y una polémica mayor, de la cual el mismo nombre del evento -Cumbre contra el Extremismo Violento- es un buen indicador: ¿Es la naturaleza islámica de ISIS consustancial al problema que representa?  Y si lo es, ¿debe ser identificado como tal?

“Estados Unidos no está en guerra contra el Islam” ha repetido Obama hasta el hastío, evitando de manera cuidadosa referirse al fenómeno como terrorismo islámico y optando por el ambiguo término “extremistas violentos”.

Obama tiene buenos motivos para tener cuidado. La islamofobia está encontrando un terreno fértil en estos días y estigmatizar a 1.200 millones de musulmanes, que son por lo demás las principales víctimas de ISIS y los que deben activar la “alerta temprana” para detectar los reclutamientos a tiempo, no parece justo ni razonable. Por otro lado la necesidad tiene cara de hereje y para detener a ISIS se requiere el concurso de Morsi (Egipto), Erdoğan (Turquía), Rouhani (Irán) y ciertamente del infame Al Assad (Siria).

El elefante en la habitación sin embargo es que ISIS sí es una organización profundamente islámica y desde Sun Tzú que comprender a tu enemigo ha sido una infalible máxima de guerra. No entender que el fenómeno ISIS tiene una compleja raíz teológica es actuar desde la negación.

En un extenso y polémico artículo recientemente publicado en The Atlantic,  Graeme Wood plantea que lo distintivo de ISIS es su apego estricto y literal al Corán. ISIS sería un movimiento milenarista y todo cuanto hace –incluidas las horrorosas  ejecuciones que hemos visto recientemente- está en sintonía estricta con una versión  estricta de sharia.

"Según un artículo en The Atlantic, todo en ISIS sería puro apego estricto a unas escrituras que tienen en sí el germen de esa violencia desquiciada."

Desde la proclamación del Califato y de su líder Abu Bakr al-Baghdadi como el nuevo califa legítimo, hasta la inclusión de la idea del juicio final no ya como horizonte lejano sino que como inminencia que determina sus estrategias, todo en ISIS sería puro apego estricto a unas escrituras que tienen en sí el germen de esa violencia desquiciada.  

La mirada de Wood, reforzada por la negativa de la administración Obama de hablar de violencia o terrorismo “islámico” ha consolidado estos días una improbable alianza entre halcones republicanos reconocidamente islamofóbicos y grupos identificados con el “nuevo ateísmo” (con el humorista político Bill Maher y el escritor Richard Dawkins a la cabeza). Para ambos ISIS viene a confirmar un cliché ya antiguo: el Islam es en su naturaleza una religión violenta que transita indefectiblemente hacia una guerra santa.

La respuesta no se hizo esperar. Numerosos y reputados estudiosos del Islam, opuestos por cierto al radicalismo jihaidista, expresaron sus puntos de vista criticando tanto el artículo de Wood como sus derivadas políticas en el contexto de la guerra contra ISIS.

Ni ISIS es un producto inevitable del Islam ni el Islam es una tradición religiosa basada en la literalidad, sostienen. Es por el contrario como cualquier religión basada en textos sagrados un ejercicio de interpretación y puesta en contexto.

Los pasajes violentos y prescriptivos en el Corán (decapitaciones, mutilaciones, toma de esclavos, etc)  son innegables, pero también lo son en el Deuteronomio o el Levítico, sin hacer por eso a los milenaristas davidianos de Waco los legítimos herederos del cristianismo. En cuanto al califato, opinan los expertos, no se constituye como tal porque ISIS lo diga sino porque la comunidad musulmana lo reconoce (y acá eso no sucede).  

Cabría precisar que esta no es una discusión sobre el cuestionable respeto del Islam a estándares que en el siglo XXI parecen mínimos –relativos sobre todo a los derechos de las mujeres- sino que una discusión sobre si el genocidio en ciernes en esa zona del mundo es un derivado del Islam o un aprovechamiento de este por ISIS para hacer avanzar una agenda política radical.

"Cabría precisar que es una discusión sobre si el genocidio en ciernes en esa zona del mundo es un derivado del Islam o un aprovechamiento de este por ISIS para hacer avanzar una agenda política radical."

Esta polémica no se resolverá –al menos no por ahora- pero está teniendo efectos interesantes. En primer lugar ha obligado a Estados Unidos -y sus aliados- a un ejercicio intelectual de comprensión y puesta en contexto que hubiese sido de utilidad cuando en el pasado decidió a matacaballo entrar a Iraq y Afganistán.

Luego, ha forzado un movimiento intelectual musulmán, hasta el momento cómodamente silencioso –o ignorado- a debatir abiertamente sobre su naturaleza secular o medieval, sin pedir excusas por algo que no es responsabilidad de ellos, pero haciéndose cargo de un problema que los afecta más de cerca que a nadie. 


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