Crédito: Agencia Uno
Providencia (no) es Chile

Providencia (no) es Chile

Hasta hace no mucho, Providencia era el municipio modelo que volaba bajo el radar de la dignidad cívica. Encarnaba a ese Chile acomodado que prefería la gestión eficiente a las preguntas embarazosas.

Ayudó en eso una Concertación pusilánime que privilegió invariablemente una estrategia de capitulación preventiva, facilitándole así el camino a Labbé en sus múltiples y holgadas reelecciones.

Luego vino el 2011 y todo lo que sabemos. El ex-coronel no entendió que el ambiente no estaba para homenajes públicos a sus compañeros de picana y se le vino la noche. Las serpientes del paraíso –así llamó a Josefa Errázuriz  en su memorable y poco elegante reconocimiento de la derrota-  se tomaron el Palacio Falabella instalando temas que parecían conectar con los nuevos tiempos: transparencia, participación, restitución de lo público. O tal vez simplemente decencia.

Se partió por algo evidente: devolver a su principal avenida un nombre que no insultara a la mayoría de la población. Se abordaron luego cuestiones importantes: los límites del imperio inmobiliario, la participación de los vecinos, la transparencia de los fondos públicos.

"Providencia encarnaba a ese Chile acomodado que prefería la gestión eficiente a las preguntas embarazosas."

Hasta que sobrevino la disputa por una ordenanza municipal de origen confuso que adelantaba la hora de cierre de bares y botillerías en cinco barrios clave. Ardió Troya entre los que duermen y los que trasnochan, entre los que viven y los que pasan, entre jóvenes insomnes y las señoras de sueño ligero, entre los locatarios y las autoridades.

Lo menos interesante de la ordenanza es la hora de cierre. Eso se terminará negociando. De hecho mientras termino de escribir esto me entero de que el municipio ha flexibilizado la norma y los parroquianos de Bellavista ya no deberán someterse al flagelo de atravesar a la vereda poniente de Pio Nono a la 1:59 AM para continuar sus libaciones.

Hay sí tres cosas en el debate que me llaman la atención: la pobreza de los argumentos ofrecidos por los opositores a la medida; las vacilaciones de una comuna que es al mismo tiempo barrio y centro;  y la capacidad insólita de Providencia de levantar “temas país". Vamos por parte.

Los argumentos. Como acto de buena fe, descartemos de entrada aquellos gestos aberrantes en su estupidez: un cartel de Errázuriz disfrazada de Pinochet, las referencias homofóbicas inaceptables contra un concejal que apoya la medida.

Tampoco nos detengamos demasiado en las pataletas zorronas y la desazón de los rostros locales por el inminente apagón cultural, viralizados en videos pueriles con ultimátum ridículos.

Observemos sí que se populariza el término toque de queda, y que afortunadamente en 2014 eso significa el cierre de un bar a las 2 AM y no una ciudad desierta patrullada por camiones militares. Un avance de la democracia sin duda.

"¿Son los residentes los únicos llamados a decidir el futuro de un territorio que en los hechos abandonó hace décadas su condición puramente residencial?"

Se apela a una batalla sin cuartel contra el prohibicionismo, por la libertad, la diversidad y la tolerancia. “Prohibidencia” se llama de hecho el artefacto publicitario que asediará a Josefa en su próxima campaña.  Las palabras suenan un poco absurdas, un poco excesivas, un poco impúdicas.

Las vacilaciones. Providencia se debate entre las identidades tironeadas de barrio apacible y centro cívico, entre las calles semi-vacías sombreadas por las acacias y el hormiguero incesante que rodea el rascacielos más alto de Iberoamérica. ¿Son los residentes los únicos llamados a decidir el futuro de un territorio que en los hechos abandonó hace décadas su condición puramente residencial?

Resulta evidente que no. Después de todo “flotan” por ahí un millón de Santiaguinos todos los días, convocados –y excluidos- por las dos caras de un imán. La comuna más gentrificada de Chile no siempre ha sabido –o querido- resolver las contradicciones de esa atracción.

Ni ahora, ni cuando frente al Coppelia upelientos y Patria y Libertad se enfrentaban a coliguazos, ni cuando un violador de DD.HH. siempre atento a la moral y las buenas costumbres amenazaba con expulsar a los Pokemones del parque Balmaceda.

Los temas-país. No puedo evitar pensar en cuan excluídos quedan de este debate en versión hashtag & trending topic los habitantes de esas 20 comunas de Santiago poniente que, combinadas, tienen menos infraestructura cultural y urbana que la tercera comuna más rica de Chile

Esas comunas –la mayoría dentro de esa majamama balcanizada y anárquica que se conoce como Gran Santiago- que no tienen hora de cierre en los bares pero estarían dispuestas a sacrificar varios por una sola farmacia de turno.

"En esta ciudad segregada y asimétrica, la voluntad de unos pocos tiene la capacidad de copar el espacio público"

Pienso en esos otros barrios, que también tienen “lugares llenos de recuerdos” y en los que el toque de queda tácito -pero dolorosamente real- es a las 10, o a las 8, porque después de esa hora no es recomendable asomarse a la calle. Y pienso que nada se parece menos a Chile que Providencia.

Que en esta ciudad segregada y asimétrica, la voluntad de unos pocos tiene la capacidad de copar el espacio público, acaparar portadas, definir los “temas país” y distraer la mirada sobre lo que efectivamente involucraría una ciudad –no una comuna- más libre, más diversa y más tolerante. Una ciudad menos prohibida. 


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