Crédito: AP
Punto para Piñera

Punto para Piñera

El ex Presidente Sebastián Piñera es oportunista, eso es sabido. Tanto en la política como en los negocios posee un desarrollado instinto para comprar barato y maximizar sus ganancias. Como buen inversionista nacional es cortoplacista y tiene un marcado gusto por la “pasada”. Su frustrada visita al disidente venezolano Leopoldo López el domingo pasado no fue la excepción. 

No es un misterio que el gobierno venezolano está por las cuerdas. El petróleo barato ya no da para sustentar las antiguas lealtades ni su influencia regional. Se descarrilaron la inflación y el desabastecimiento, la economía se derrumba y la violencia delictiva es rampante.

Cuba, más preocupada de reconstruir relaciones con Estados Unidos que de su alianza bolivariana, ha dejado de ser su aval simbólico aunque siga interesada en las divisas. Tras su frustrada gira en busca de capitales, queda claro que sus antiguos aliados (Rusia, Irán, Argelia) ya no se desvelan por Venezuela como hace algunos años.

"Si se trataba de pegarle a Maduro, Piñera eligió su momento más débil: compró barato."

Súmele a eso las características personales de Maduro, un presidente sin el carisma ni el instinto de Chávez, cuyo digresión paranoide despierta cada vez menos identificación en sus seguidores (se comenta que las encuestas lo tienen en su punto más bajo) y multiplica la defección de sus intelectuales más prominentes, y es la tormenta perfecta. Si se trataba de pegarle a Maduro, Piñera eligió su momento más débil: compró barato. 

Por otra parte, en una América Latina en que la derecha difícilmente ha encajado una en casi 10 años, Piñera sabe que está en una posición inmejorable para transformarse en su referente regional, su cara visible. Después de todo, si bien su gobierno no será recordado por grandes logros, tampoco lo será por desastres estruendosos. Nadie podría, de buena fe, asociar su mandato a las derivas antidemocráticas e híper-corruptas de Menem o Fujimori, o a las violaciones de DDHH de Uribe y Calderón. 

Aun sabiendo que sus opciones son bajas, Piñera quiere volver y entiende que para hacerlo no  puede repetir el truco de la eficiencia y la alternancia que lo llevaron antes a la Moneda. Tampoco puede contar con la indolencia de la centroizquierda inmovilista que fue capaz de llevar el 2010 a Frei de candidato. 

No, Piñera necesita darse un barniz de estadista, de figura global. Apuntando a Maduro y en particular a la arbitraria detención de Leopoldo López ha elegido el blanco correcto. La foto en las afueras de la cárcel de Ramo Verde, con la esposa de López, el Presidente Pastrana, el enjambre de micrófonos, las amenazantes fuerzas de seguridad, ocupará portadas.

"Piñera necesita darse un barniz de estadista, de figura global. Apuntando a Maduro y en particular a la arbitraria detención de Leopoldo López ha elegido el blanco correcto."

Sus declaraciones, como siempre un tanto elementales y carentes de gravitas, fueron sin embargo eficaces. Las diatribas paranoides e irracionales de Maduro atacándolo, acusándolo de fascista, de propugnar un golpe, de financiarse con platas del narco, son música para sus oídos. Cualquier político razonablemente ambicioso pagaría para ser insultado en público por Nicolás Maduro. 

Un malpensado podrá también suponer que mientras las esquirlas del caso Penta caen cerca, no viene mal irse a jugar a otra liga. No deja de ser una externalidad atractiva. 

En definitiva, Piñera lo hizo nuevamente: apostó a la “pasada” y ganó. Pero hay una diferencia y es importante: más allá de sus cálculos personales, en esta vuelta la razón y la decencia están con Piñera. 

"Hasta para la Academia de Ciencias Políticas de Pyongyan Leopoldo López sería un preso político."

En el caso de López todo es flagrante, impúdico y absurdo: su detención arbitraria, la coacción permanente del gobierno venezolano sobre el poder judicial, el año que lleva preso sin siquiera abrírsele un proceso, la prohibición de recibir visitas, la criminalización de la protesta callejera y la oposición social.  

Hasta para la Academia de Ciencias Políticas de Pyongyan Leopoldo López sería un preso político. Incluso el propio régimen venezolano lo reconoció tácitamente al ofrecer un canje por otro López, Óscar, activista portorriqueño detenido en Estados Unidos desde 1981.  

Maduro por su parte, tras el remedo formal de una elección altamente irregular ha dejado hace tiempo de ser un demócrata, si es que alguna vez lo fue. Sólo el maniqueísmo demencial de una parte de la izquierda latinoamericana y los cálculos obscenos de la realpolitik explican los apoyos que le van quedando en la región.

"Hay un dirigente político opositor a un gobierno crecientemente antidemocrático preso sin proceso ni derecho a visitas hace un año por organizar protestas callejeras. Ir a Venezuela y decirlo, es lo correcto"

Ni el dudoso principio de no injerencia –que de haberse reclamado durante la dictadura de Pinochet habría anulado la fundamental solidaridad internacional con las víctimas chilenas-, ni la ausencia de garantías para los mapuches presos en la Araucanía, ni la connivencia política de Piñera con los que él mismo designó “cómplices pasivos de la dictadura”, aminoran el peso de los hechos.

Los hechos son que hay un dirigente político opositor a un gobierno crecientemente antidemocrático preso sin proceso ni derecho a visitas hace un año por organizar protestas callejeras. Ir a Venezuela y decirlo, es lo correcto, y es una lástima que sea la derecha quien se atreva a hacerlo. 


Lo más visto en T13