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Sea feminista

Sea feminista

Es raro que el género se instale en el debate y la agenda pública. Por lo general es lo contrario: la sola mención de palabra “género” suele irritar a un conservadurismo elitista y abrumadoramente masculino. Uno que esconde su incomodidad e inseguridades en la burla y la displicencia. Con dificultad reconocen el género como categoría analítica, como punto de vista legítimo; de las ideas y la substancia, ni hablar.

Vivo en Canadá y recientemente -en particular desde el cambio de 10 años de gobierno conservador a uno liberal de mayoría- he visto qué sucede cuando un discurso de género consigue cierta sofisticación y masa crítica. Adquiere una legitimidad que hace ineludible para los actores políticos tomar posición y asumir las consecuencias electorales de estas, y permite a la larga gatillar cambios políticos. Canadá está lejos de haber erradicado la violencia e inequidad de género (por lo pronto, una mujer muere cada 6 días en manos de su pareja), pero sin duda ayuda a hacer avanzar la causa que una de las pocas figuras carismáticas emergentes en la escena política internacional -el primer ministro Justin Trudeau- insistentemente se autodefina y defina a su gobierno como “feminista”. 

"Sin duda ayuda a hacer avanzar la causa que una de las pocas figuras carismáticas emergentes en la escena política internacional -el primer ministro Justin Trudeau- insistentemente se autodefina y defina a su gobierno como “feminista”"

En la escena global, algo pareciera estar moviéndose, a veces en direcciones enfrentadas. En India la impunidad de los violadores se ha instalado como un conflicto central -político y de castas- gatillando una creciente movilización social. Mientras, en una Europa que transita indefectiblemente hacia un mayor conservadurismo, las polacas salen a la calle para evitar una virtual eliminación del aborto. En África sub sahariana la lucha contra el matrimonio forzado y precoz se multiplica, con mujeres movilizadas que comienzan a obtener sus primeros resultados. Túnez protege su tradicional reconocimiento de derechos a la mujer (desde hace mucho el más avanzado del mundo árabe), mientras estos se contraen en la Turquía de Erdogan y son aniquilados en horror radical del levante jihaidista. 

Todo parece indicar que la tóxica elección en Estados Unidos será zanjada por un clivaje de género. Lo que no pudo por sí solo el racismo, la xenofobia, la mitomanía, el narcisismo y la deshonestidad ad nausea de Donald Trump, lo está pudiendo su misoginia y su comportamiento de depredador sexual. Las encuestas muestran sin embargo algo perturbador: tras la explosión de videos y denuncias de acoso, el apoyo de Trump entre las mujeres se desplomó, aunque -vergonzosamente- entre los hombres sigue siendo mayoritario.

Hace un par de semanas decenas de miles marcharon de luto a lo largo de Chile por las 28 mujeres muertas este año y por todas las anteriores. Lo mismo han hecho para la campaña/marcha/movimiento #NiUnaMenos, mujeres y hombres en Argentina, Perú y Uruguay. Las marchas -su composición y las reacciones que han generado- parecen estar dando cuenta -para un segmento de la sociedad al menos- de una conversación intergénero algo más amplia y acogedora, con la empatía requerida para entender desde qué biografías y memorias atávicas se construye la necesidad de decir ni una menos.

Como era esperable no faltaron quienes con falsa ecuanimidad, absoluta incapacidad de entender el problema y un innato talento para el mansplaining buscaron explicarle al movimiento feminista chileno que no, que se habían equivocado, que en realidad había que condenar todas las muertes, que lo correcto es decir “nadie menos”.

Leo a un profesor universitario recientemente suspendido por acosar a sus alumnas denunciar que la fiscal “era feminista” como si se tratara de un delito. Por las redes sociales circula el video de una charlista que organiza sesiones para explicar cómo #NiUnaMenos es parte de una avanzada de la ideología de género. La ideología tras “el lobby gay” y la legalización del aborto, la que el Vaticano combate desde Beijing 1995 y que cuenta con el renovado apoyo del Papa Francisco (Hay verdaderas colonizaciones ideológicas. Y una de estas -lo digo claramente con nombre y apellido – es el ‘gender’, Francisco dixit).

"Es violento buscar diluir una lucha específica y difícil, la de la seguridad física de las mujeres en riesgo por el simple hecho de serlo, en una suerte de generalización engañosa y aguachenta acerca del valor de todas las vida"

Soy un optimista: creo que a pesar de lo estridente de sus posiciones, aquellos que ven en esto una exageración, lo niegan, lo asocian a una escalada ideológica o lo miran con condescendencia son cada vez menos, tienen menos legitimidad y están más solos. No creo que sea una batalla ganada, pero sí una batalla que al menos en esta parte del mundo se ha empezado a ganar.

No hay tiempo en esta columna para explicar el feminismo en cetáceo, ni sería yo la persona adecuada para hacerlo. Pero quizá sí puedo evocar algunas consideraciones útiles de tener en cuenta cuando desde el mundo de los hombres hablamos de feminismo y de género.    

Es sumamente arrogante -y poquito ridículo- intentar explicarle a una mujer cómo debe sentirse y cómo debe luchar contra aquello que para uno no es un problema directo y para ella es una experiencia cotidiana y temprana. No lo haga, se ve feo. De nada.

Es violento buscar diluir una lucha específica y difícil, la de la seguridad física de las mujeres en riesgo por el simple hecho de serlo, en una suerte de generalización engañosa y aguachenta acerca del valor de todas las vidas. Este partido, precisamente este que ellas organizaron y convocaron, es sobre las vidas y muertes de las mujeres, no sobre la paz en el mundo.

Si a usted le parece que la discriminación, la inequidad y la violencia de género son una mala cosa, tendrá que concederme que no hay espacio para la neutralidad: o se está a favor o se está en contra. Usted decida si lo hace por su hija, su madre, su hermana, o simplemente porque cree un deber garantizar una condición de igualdad intrínseca a los miembros de la especie humana.

El feminismo es un árbol vivo y con raíces profundas: hay muchas formas de ser feminista, todas legítimas y necesarias, aún en sus contradicciones y desacuerdos. Con un poco de honestidad intelectual y conciencia de sus pequeños y grandes privilegios, puede elegir la propia.

Inténtelo: no apoye al feminismo, sea feminista.


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