Crédito: Agencia Uno
Peinados Arturo Vidal Paolo Guerrero
Opinión

De Guerrero, el depredador peruano, y otros looks

Hay una cuestión que me empelota: el diferente trato que se les da a hombres y mujeres cuando de emperifollarse se trata. A ellas les llueven las críticas, las mofas y los pelambres tanto cuando se sobrevisten o exageran la preocupación por la facha como cuando cuando los kilos de más, las canas y el último grito de la moda las tienen sin cuidado.

Palos porque bogas, palos porque no bogas.

A ellos, en cambio, se les permite todo en materia de estética, y esto aplica desde la política al fútbol.  

En lo primero es cuestión de comparar el trato que se le da al ex hombre fuerte de la OEA, José Miguel Insulza, y el que recibe la presidenta Bachelet. A una mujer no sólo se le critica su manejo político. A esa tremenda responsabilidad, se agrega que debe verse bien, estar ojalá flaca, no repetir tenida  pero tampoco parecer trapera. A Insulza lo llaman “El Panzer”, apodo bélico que habla de que es un político rotundo, con la fortaleza de un tanque. Una suerte de Rambo de la política mundial y nacional. A nadie se le ocurre decirle “El Gordo”, mote que daría perfecta cuenta de su anchura. Pero no, él tiene la fortuna de ser “El Panzer” y no “El Gordo”.

"Las estrellas son las más ocupadas de su apariencia física, se llevan en eso, aunque en esa preocupación esté el germen de su propia perdición estética"

Empelotante e injusto, ¿no es cierto?

Y ahora descubro que ni siquiera en el fútbol, donde la vanidad de pavos de reales de las grandes estrellas masculinas es de antología, está permitido reírse de las fachas. Lo he comprobado al tuitear durante los partidos.

La noche del jueves me centré en Paolo Guerrero, el súper delantero de la selección peruana, que este lunes se enfrentará con nuestros golden boys: el Alexis, Vidal, Valdivia, Pinilla, flor de elegancia. Comenté su desafortunado peinado, un look bastante difundido entre los jugadores que consiste en dejarse una champa en la parte superior de la cabeza y raparse todo el resto. El asunto luce como una isla frondosa, que puede ser asimétrica y lacia, como la de Guerrero, o enhiesta a punta de gel o genes del tipo mecha tiesa natural, como la que luce el mediocampista peruano de apellido Cueva, quien evidentemente admira a Guerrero, líder del equipo peruano al que llaman “Depredador”.

peinados futbolistas
Hinchas se cortan el pelo en las afueras del Estadio Nacional Agencia Uno

Guerrero es bien mino -tiene un sensual hoyuelo en la pera (ojalá nadie le meta el dedo), huesos faciales marcados, una alba y parejita dentadura, 1.85 de estatura-, pero su asesor de estilo parece haberse inspirado en los patos malos de Breaking Bad. Yo le arreglaría el corte de pelo, le quitaría tatuajes (no todos) y quedaría picho para hacer de príncipe inca en una producción hollywoodense.

El jueves comenté algunos de estos atributos y la hinchada masculina se me lanzó en picada, descalificando al objetivamente guapo Guerrero. Lo más suave que dijeron es que es un flaite. Yo lo defendí argumentando que en la competencia de flaites, Arturo es el rey.

Y hablo exclusivamente de la apariencia, y por favor no salgan con el qué frívola esta mina. Las estrellas son las más ocupadas de su apariencia física, se llevan en eso, aunque en esa preocupación esté el germen de su propia perdición estética.

Paolo Guerrero Christian Cueva
Paolo Guerrero y Christian Cueva, seleccionados de Perú Reuters

Vidal, que lleva al extremo la fealdad en materia capilar, con esa cresta de iguana y esas estrellas dibujadas por los lados de la cabeza, luciría como un gentleman (sí, con la boca cerrada y lejos del casino y otras tentaciones) si se convenciera de usar un look más clásico.  Si imitara a Alexis, que por suerte no ha caído en esos raros peinados nuevos, usando el título de una vieja canción rockera argentina.  Probablemente no lo ha hecho, porque no he visto tipo más autoconsciente de cómo sale en la tele cada vez que sus jugadas capturan la atención de las cámaras. Fíjense cómo se mira y corrige sus gestos.

Creo que una buena medida de justicia, reivindicación de género y hasta de rating, sería incluir en las grandes coberturas del fútbol algo un espacio de moda. Que una gorda (aunque tendría que ser flaca) y avezada comentarista femenina, aportara con los antecedentes fashion de los equipos en competencia. Sin duda, habría mucha tela y mucho pelo que cortar


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