Crédito: AFP
Falcao Vidal Neymar
Opinión

Entre Vidal, Neymar y Falcao: ¿con quién te quedas?

“Yo quiero un hombre que no hable tanta paja, 
Tanta lata, bonito 
Que tenga inversiones, mucha plata 
Que odie el fútbol, también que odie el baloncesto 
Y si me excedo comprando
No se ponga molesto y se calle"

Las demandas son universales y así lo deja claro la letra de este rap que se llama “Soñar no cuesta nada”, escrito y cantado por una peruana-colombiana, de ascendencia chino-libanesa, que se llama Farina Pao Paucar Franco, y se da el lujo de empelotarse literalmente, no como una que es pura boca. O sea, Farina posa en pelotas (lo que es un decir, porque gracias a Dios las mujeres no tenemos pelotas). Y lo hace justo en la previa del partido que enfrentó a las oncenas de Perú y de Colombia en la Copa América, en el helado y húmedo Temuco el sábado pasado. Farina sale calata (como dicen en Perú) en la famosa revista SoHo (Solo Hombres), que es la versión latinoamericana de Playboy, con artículos escritos por las mejores plumas de la región y ampliamente ilustrado con las chicas más lindas y sexies del país cafetero, como diría un relator deportivo en sus ingenuosas fórmulas sinonímicas para no repetir el nombre del país de las distintas selecciones.

"Los menos entre los menos, agradecen los beneficios, granjerías, privilegios que sus destrezas con la pelota les permiten alcanzar. Y no se envanecen por el reconocimiento de millones de hinchas que los endiosan simplemente porque meten goles y juegan bonito. No se ponen por encima de las leyes y el sentido común. No se sienten reyes"

Farina, niña fina, como la llaman, es una morena que se hizo conocida en Factor X, un formato internacional de TV que se produjo en Colombia, y a la que algunos encuentran medio picante, porque clasismo y prejuicios en contra de las morenas populares hay en todas partes.

“Yo quiero un hombre que ponga todos sus bienes a mi nombre 
Que todo lo que yo diga o haga, lo asombre 
Se sepa el kamasutra y no se agite en la cama 
Que se duerma entre las 10 y las 11 
Que tenga el tamaño perfecto 
Y esto es un mensaje directo y erecto”

Así continúa el rap de Farina, que en materia de sueños es clara: quiere un hombre al que no le guste el fútbol, ni tampoco el básket. Le da lo mismo si es peruano, colombiano, chino o libanés. Le importa que esté bien dotado y se porte bien. Que sea derecho, además de erecto. Con ella, lo primero y lo segundo, y con los demás, lo primero. Y eso significa que no maneje curado. O sea, Vidal no califica. Ni que se pique cuando pierde, como el aniñado Neymar, que las emprendió a pelotazos por la espalda contra sus contrincantes, cuando su equipo fue derrotado por Colombia.  

Farina Pao Paucar Franco

¿Quiénes sí lo hacen, mirando el encuentro, donde Farina tiene el corazón dividido, ya que es peruana-colombiana?

Seguimos con atención el partido entre Perú y Colombia, dejándonos llevar sólo por el aspecto físico. Sin duda, por lejos, de las dos oncenas, más todos los sentados a la orilla, el más guapo es el colombiano Falcao, que en realidad se llama Radamel, igual que su papá, un ex futbolista que molía a patadas a sus rivales, y que admiraba al Paulo Roberto Falcão, un grande de la historia del fútbol brasileño, por eso llamó así a su niño.

Radamel Falcao
Radamel Falcao AFP

A diferencia de su papá, Radamel Falcao salió bien comportado, tanto en la cancha de fútbol como en la de la vida. Evangélico practicante, a la menor provocación comenta que todo se lo debe a Dios, su Twitter está lleno de reflexiones bíblicas y no anda pegando chuletas a diestra y siniestra, y menos desordenándose cuando representa a su país y al parecer bajo ninguna circunstancia. Desgraciadamente para Farina, Falcao está felizmente casado y es fiel, como indica su código religioso.

Es que la demanda del hombre soñado de la rapera aplica a pocos cracs futboleros, porque no es fácil pasar de cabro pop a futbolista top, menos cuando la organización madre -doña FIFA- es un ejemplo de podredumbre y ambición, como estamos confirmando a diario. Algunos, los menos entre los menos, agradecen los beneficios, granjerías, privilegios que sus destrezas con la pelota les permiten alcanzar. Y no se envanecen por el reconocimiento de millones de hinchas que los endiosan simplemente porque meten goles y juegan bonito. No se ponen por encima de las leyes y el sentido común. No se sienten reyes.

Esta Copa América, con tanto suceso extra deportivo dando vueltas, más que empelotada, me tiene convencida de que entre reyes como Neymar o Vidal, me quedo con Falcao. El Tigre, que le dicen. 


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