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Eduardo Vargas
Opinión

Vargas, ese sí que es el niño maravilla

Empelota ganar con ventaja, por superioridad numérica ya sea por expulsión justa o injusta de un contrario. Eso es lo que sucedió contra Perú -y que nos dejó instalados en la final de la Copa América que se juega en Chile-. Y es lo que pasó antes contra Uruguay con todas las coprolálicas, urológicas y psicológicas características del juego sucio de Gonzalo Jara, lateral derecho -chueco, sería mejor decir- chileno, que emporcó cualquier mérito futbolístico de la selección nacional en ese partido.

Empelota que triunfos justos, merecidos,  destiñan por culpa de la tontera pura y dura, como sucedió con Uruguay.

"Al que nadie llama “el niño maravilla”, pero que resultó como encontrarse la virgen envuelta en un trapito en un partido donde Chile se vio afligido y, a ratos, francamente superado"

Y empelota más que la ventaja evidente de estar con once hombres contra sólo diez durante más de 60 minutos de partido los peruanos no se achiquen, corran como desaforados y burlen a nuestras sobrevendidas estrellas: Alexis, que quizás tampoco era él la noche de anoche (seguro que Gary se lo debe haber hecho notar finamente en el camarín); Vidal, que como goleador brilló por su ausencia; y el Mago Valdivia al que sigo sin encontrarle la magia.

Malitos, todos; salvo uno, Eduardo Vargas.

No empelota, conmueve y gratifica el esfuerzo de Vargas, que se me figura un cabro bueno, nada de creído, poco engrupido. Al que nadie llama “el niño maravilla”, pero que resultó como encontrarse la virgen envuelta en un trapito en un partido donde Chile se vio afligido y, a ratos, francamente superado. Vargas metió un primer gol piñufla, rebotado, lento, nervioso, pero gol al fin. Luego le anularon otro y con el segundo, ahora sí válido, se mandó eso que los que saben llaman un golazo.

Eduardo Vargas
Eduardo Vargas celebra tras batir al arquero peruano Pedro Gallesse Reuters

Perú se va. Y Chile clasifica a la final de la Copa América después de 28 años de no estar en esta instancia. La gente enloquece en las calles, pero no grita ni alienta a su escuadra en el Estadio Nacional, lo que se presta para críticas con un tufillo populista y resentido social de los comentaristas que sostienen que los que pagan el alto costo de la entrada no están para desgañitarse por su selección.

Yo ni pagando barato aliento a estos giles, que bien pagados están, honrados al ser requeridos para representar al país y su trabajo nomás hacen. Con eso están más que compensados, después de la suma de roterías, desaciertos y hasta delitos que se han mandado.

Eduardo Vargas

¿Qué nos queda ahora?

Empelotarnos cuando probablemente Argentina derrote a Paraguay mañana por la noche en Conce, que es lo que señala la historia y la costumbre. Y estar el próximo sábado con el alma en un hilo a la hora del té, en manos del chicoco argentino para enfrentar o a la selección albiceleste o a la paraguaya también dirigida por un che. Qué empelotamiento anticipado: se probará en los hechos que nuestros vecinos trasandinos ganarán si no dentro de la cancha, al menos a la orilla, porque esa ha sido la tónica de esta Copa América 2015: el predominio argentino en materia de DT. Lo único que salva es que como es a la hora del té, ya no habrá parrillada. Ya no me cabe una gota más de carne en el cuerpo. 


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