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Opinión

La angustia de la previa: Entre flagelantes y complacientes

Estoy empelotada y hasta la tusa con la clásica bipolaridad del chileno, que tiene a unos anunciando la derrota del próximo sábado y a otros vociferando el triunfo. Entre los primeros y los segundos, el resultado es suma cero. O sea, no estamos en ninguna parte, sólo descontando las horas para el partido que será al tea time. Five o’clock, un horario que no les gusta a los argentinos, por eso de que odian a los ingleses, Falklands mediante.

Y también nos odian a nosotros por estos días en que el nacionalismo deportivo (dos cuestiones que deberían ser antónimas si nos creyéramos aquello del fair play) está al rojo. Por curiosidad masoquista me meto en sitios trasandinos a partir de la avalancha de links que llegan por redes sociales. Los chistes, las burlas, los memes provenientes de allende los Andes son sanguinarios, confirmando aquello de que la web es el reino del bullying, si no pregúntenle a ese pobre Pepe Rojas, de cuya existencia yo no tenía idea hasta que vi la divertidísima portada de LUN, que lo sacó de sus casillas y que en compensación ahora tiene el hashtag #todosomospeperojas, montado por los innumerables chilenos que se han sentido chaqueteados alguna vez. Es decir, todos.

Pero el fútbol, como la política, es sin llorar, aunque yo vaticino que el sábado llorarán muchos, ya sea de emoción, ya sea de decepción. Y pensando en los estropicios que podrían provocar las hordas de termocéfalos celebrando el triunfo, casi es mejor desear el llanto amargo de la derrota.

"El fútbol, como la política, es sin llorar, aunque yo vaticino que el sábado llorarán muchos, ya sea de emoción, ya sea de decepción."

Volviendo al tema de los memes, les cuento que en WhatsApp tengo, por ejemplo, la foto de un bife chorizo crudo con la forma de Sudamérica, en el que la orilla de grasa del costado derecho corresponde a Chile. Finito. Y representa al hincha-gourmet.

Nada que ver con una carta que dejó a medio Chile con la pluma parada, porque reproducía un belicoso texto escrito supuestamente por Marcelo Tinelli, algo así como el don Francisco, claro que harto más joven, donde nos trataba de lo peor, echándonos en cara haber apoyado a Inglaterra en la Guerra de Las Malvinas, pero que resultó ser de una cuenta fake. Hincha falso y hostil.

Nik, el que dibuja a Gaturro, una caricatura para niños súper seguida acá, se ha dedicado a promover merchandising albiceleste con la figura de su famoso gato para alentar a su selección, poniendo chistes como “Yo voy a votar al Messismo. Será un sismo de goles este sábado” y “Último momento: Temblor de 9,8 en Chile en la escala Cagazo”, cuando Argentina goleó a Paraguay. En este caso, tenemos a un hincha-comerciante-telúrico.

Por otro lado están los uruguayos, que todavía no le perdonan la rotería del dedo a Jara en el poto de Cavani. Y en boca del jugador Diego Godin proclaman: “¡Que Chile no gané nada por lo que pasó!”, pero tampoco quieren que gane Argentina porque les empataría en 15 las veces que ambas selecciones han conquistado la Copa América. Acá tenemos el caso del espectador, ya no del hincha, resentido y con una duda shakesperiana. Egoísta, además, porque finalmente lo más empelotante de todo es que Chile ha estado cuatro veces en una final de Copa América y ha perdido siempre. Qué les costaría darnos un alegrón a los argentinos, digo yo, la hincha-oportunista. Ellos, que ahora se sabe, tenían un dirigente corrupto entre los corruptos, Julio Grondona, que amañaba los partidos a su pinta, de acuerdo a la conveniencia política, comercial, televisiva del momento y a la coima correspondinte. Ahora, que al parecer la oscura y dudosa Conmebol, no tiene plata para pagar los millonarios premios, sería ideal que los fatalicios de Chile se titularan campeones…

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Aunque no sé: estoy como todo Chile, entre la miseria y la gloria, entre los flagelantes que proclaman la derrota y los autocomplacientes que vociferan el triunfo, y paso de un estado a otro varias veces al día. Que previa más desgastadora y empelotante. 


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