Crédito: AFP
Arturo Vidal
Opinión

La Roja de Chile: Roja de vergüenza

¿Comprenden ahora que el exceso de tatuajes en el cráneo y filigranas en la cabeza dañan el cerebro? Tonto irresponsable, el mal llamado Rey Arturo. Hoy sí que estoy empelotada. No sólo por el balde de agua fría que en una noche gélida nos propinó el mediocampista en la Juventus y estrella sobresaliente en la llamada Roja de Chile, al chocar ebrio en las cercanías de un casino, sino por la calidad del análisis que el lamentable hecho ha suscitado.

La cobertura del asunto incluye repasos históricos; comparaciones con los desajustes siquiátricos de Maradona; radiografías al desempeño de los DT, desde el guatón Santibáñez hasta el autista Sampaoli; recuerdos risueños del lamentable Puertordazo; alusiones al grave delito de Johnny Herrera y, lo peor, entrevistas a unos cuantos descerebrados que van al cuartel policial o al juzgado por donde pasó el ídolo caído a avivarlo, dan ganas de volverse terrorista y hacerlos explotar a todos con su falsa sapiencia futbolera.

"Un futbolista de elite no es un profesional más. Es un tipo privilegiado, que aunque provenga de la precariedad social y cultural más extrema, ha llegado a una posición en que debe dar el ejemplo"

Los comentaristas deportivos debaten arduamente si hay que permitir que el “Rey” siga jugando en la Copa América o si lo que corresponde es mandarlo retobado para la casa. Los argumentos van desde los más prácticos (“Es el mejor que tenemos”) hasta los más -que son los menos- estrictos, que sostienen que lo que corresponde es la expulsión sin dilaciones ni atenuantes. Una medida ejemplarizadora, no sólo para el propio Vidal, sino para sus compañeros, para los que aspiran a jugar profesionalmente fútbol y para todo el país, en especial para los jóvenes. Que es lo que haría cualquier padre racional cuando un hijo se descarría.

Un futbolista de elite no es un profesional más. Es un tipo privilegiado, que aunque provenga de la precariedad social y cultural más extrema, ha llegado a una posición en que debe dar el ejemplo. Para eso debería tener Pepegrillos solventes, no un argentino que lo acompaña en la capacha y le susurra que dé explicaciones en video vía Twitter, ni un DT que tiene la mala idea de otorgarles permiso para ir a estar con sus familias en medio del fragor de un campeonato, donde además somos dueños de casa. No hay nada peor a que el curado mal comportado en una fiesta sea el anfitrión, y a esa situación es a la que nos exponen Vidal, Sampaoli y los demás caballeros de la mesa redonda con este numerito lamentable.

Arturo Vidal hinchas
Hinchas apoyan a Arturo Vidal en el tribunal de San Bernardo. Reuters

Tal como nadie duda en condenar a los políticos que no están a la altura, llama la atención que la misma gente y los analistas deportivos profesionales sean tan comprensivos y no condenen de manera clara las conductas adolescentes, irresponsables, soberbias, prepotentes, de jóvenes deportistas privilegiados, que por más modesto que sea su origen, no saben aprovechar las oportunidades que se les dan. Que desperdicien la posibilidad de convertirse en modelos positivos y sólo se concentren en comprarse Ferraris rojos de 150 millones para salir a chocar en estado de ebriedad.

Dicen que Fernando Felicevich, el representante del mal llamado Rey Arturo, le tiene que explicar en cantidad de Ferraris a su discípulo la exorbitante cantidad de plata que gana. Sería bueno que intentara ampliar el ámbito de sus enseñanzas. Si tomas, no manejes. Si te dan permiso, úsalo con criterio.

Arturo Vidal Ferrari
Arturo Vidal llegando en su Ferrari a Juan Pinto Durán. Reuters

Cómo, me pregunto, serán los diálogos con María Teresa Camus, su señora, a quien el tortazo en el Ferrari en términos de lesiones le costó más caro que a su famoso cónyuge, para decidir ir a echar el pelo al Casino enclavado en la Angostura de Paine. Me imagino que ella le llevará el amén. Si tuviera influencia sobre él, hace rato que lo veríamos con un peinado menos feo, por ejemplo. Pero, cuando se está casada con un ídolo, probablemente el asunto funciona así. Hay que decirle yes, man a todo. Pero cuesta imaginar cómo a ninguno de los dos se les ocurrió tomarse una piscolita en familia (o no tomarse ninguna mejor), chacotear con los cabros chicos, ver una película de acción, y no salir a exponerse y a exponer a la Roja de Chile, y con ello a todo el país, a quedar de aquí hasta el final de la copa roja de vergüenza a nivel mundial. Porque ya no será lo mismo.

Ay, qué empelotamiento feroz. God save the King, porque lo que es yo no lo salvo.


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